miércoles, 29 de octubre de 2014

El final de la cuenta atrás


La negativa de Rajoy a que se convoque un pleno en el Parlamento, únicamente sobre el tema de la corrupción y su inaudita aparición ayer ante el Senado, para pedir excusas por los últimos casos conocidos, que vuelven a implicar a gente de su Partido en turbios asuntos de dinero, coloca al PP en una situación difícil de mantener, sobre todo de cara a los ciudadanos y evidencia tácitamente la fractura total de un gobierno, incapaz de tomar una sola decisión que concuerde con la voluntad general, que reclama con urgencia, explicaciones contundentes sobre la marcha de estos hechos.
Siempre hemos dicho que los asesores de Rajoy no son precisamente lumbreras y que cada consejo que le dan, termina por conducirle a callejones sin salida, deteriorando más y más, su imagen como Presidente, pero hasta ahora, la inquebrantable unidad de la derecha hacía que sus militantes se comportaran como un sólido bloque en torno a quién les lidera, con la expresa excepción de la corriente de Esperanza Aguirre, que siempre nadó contra corriente.
Las últimas detenciones han debido ser la gota que ha colmado el vaso de la paciencia de las bases populares y la cohesión del Partido parece estar empezando a sufrir graves desgarros por los que se puede escapar el liderazgo del Presidente y de todos aquellos que se posicionan incondicionalmente a su lado, sobre todo si el cerco policial y  judicial se va cerrando en torno a la cúpula de Génova y finalmente, con el paso del tiempo, terminara por resultar imputado alguno de los actuales Ministros,  o el propio Rajoy, cuyo nombre aparece reflejado en los famosos papeles de Bárcenas.
La decencia, aconsejaría a cualquier dirigente político de primer orden, colocarse en primer lugar delante de sus compañeros en el Parlamento y ofrecerse voluntariamente a un turno abierto de preguntas, si no tiene nada que ocultar y su expediente está limpio de toda culpa. Después, habría de asumir necesariamente la responsabilidades de cuánto ha estado ocurriendo a su alrededor y si la gravedad de los hechos lo exigiera, poner su cargo a disposición del Hemiciclo y convocar nuevas elecciones.
Pedir disculpas y acudir a la manida excusa del desconocimiento, es claramente insuficiente, pues ya hemos dicho muchas veces que todo aquel que se ha atrevido a cometer un delito tiende a declararse, por una mera cuestión de supervivencia, inocente.
Pero es que además, la presión que en estos momentos circunda a Rajoy, convierte en imprescindible que ofrezca algún tipo de explicación creíble a los ciudadanos, facilitando a los medios de comunicación ruedas de prensa en las que no haya límite de preguntas, ni censura de contenidos, por supuesto presencialmente y no a través de un plasma, en la sede de su propio Partido y sin que nadie pueda interrogarle.
Puede que a los asesores y al propio Rajoy les haya funcionado hasta ahora la estrategia de dilatar las cosas en el tiempo, pero el panorama que aguarda al PP, si continúan apareciendo escándalos de las características de los últimos que hemos conocido, es ciertamente, negro y podía llevar a su desaparición y por supuesto, al abandono de un poder que ha manejado con excesiva laxitud contra los delitos fiscales y con franca dureza en los temas relacionados con el ámbito laboral y los derechos sociales.
Ciertamente, nada hay que pueda obligar a Rajoy a dar la cara frente a los españoles o el Parlamento, quizá porque nadie podía pensar, ni de lejos, que se pudieran producir entre la clase política, estos gravísimos delitos, pero el pundonor, la decencia, la dignidad y la propia responsabilidad de ocupar la Presidencia de una Nación, exigen tácitamente ciertos comportamientos y sobre todo, facilitar a la justicia el cumplimiento de su deber y a los ciudadanos la comprensión de lo que ocurre, puesto que al proceder el dinero estafado de la Hacienda pública, les afecta.
El silencio y la desaparición de la escena, no van a valer a Rajoy, llegado este momento.
O tendrá que aceptar someterse al interrogatorio que se le propone en sede Parlamentaria, o tendrá que reconocer que la situación que se ha creado a su alrededor, no aconseja otra cosa más que su marcha.
Alguno de los suyos, ya parecen estar celebrando esto último y para los españoles, la esperanza de que pudieran convocarse elecciones anticipadas, constituye el alivio más grande que han tenido, desde que el PP llegara al gobierno.




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