La negativa de Rajoy a que se convoque un pleno en el
Parlamento, únicamente sobre el tema de la corrupción y su inaudita aparición
ayer ante el Senado, para pedir excusas por los últimos casos conocidos, que
vuelven a implicar a gente de su Partido en turbios asuntos de dinero, coloca
al PP en una situación difícil de mantener, sobre todo de cara a los ciudadanos
y evidencia tácitamente la fractura total de un gobierno, incapaz de tomar una
sola decisión que concuerde con la voluntad general, que reclama con urgencia,
explicaciones contundentes sobre la marcha de estos hechos.
Siempre hemos dicho que los asesores de Rajoy no son precisamente
lumbreras y que cada consejo que le dan, termina por conducirle a callejones
sin salida, deteriorando más y más, su imagen como Presidente, pero hasta
ahora, la inquebrantable unidad de la derecha hacía que sus militantes se
comportaran como un sólido bloque en torno a quién les lidera, con la expresa
excepción de la corriente de Esperanza Aguirre, que siempre nadó contra
corriente.
Las últimas detenciones han debido ser la gota que ha colmado
el vaso de la paciencia de las bases populares y la cohesión del Partido parece
estar empezando a sufrir graves desgarros por los que se puede escapar el
liderazgo del Presidente y de todos aquellos que se posicionan
incondicionalmente a su lado, sobre todo si el cerco policial y judicial se va cerrando en torno a la cúpula
de Génova y finalmente, con el paso del tiempo, terminara por resultar imputado
alguno de los actuales Ministros, o el
propio Rajoy, cuyo nombre aparece reflejado en los famosos papeles de Bárcenas.
La decencia, aconsejaría a cualquier dirigente político de
primer orden, colocarse en primer lugar delante de sus compañeros en el
Parlamento y ofrecerse voluntariamente a un turno abierto de preguntas, si no
tiene nada que ocultar y su expediente está limpio de toda culpa. Después,
habría de asumir necesariamente la responsabilidades de cuánto ha estado
ocurriendo a su alrededor y si la gravedad de los hechos lo exigiera, poner su
cargo a disposición del Hemiciclo y convocar nuevas elecciones.
Pedir disculpas y acudir a la manida excusa del
desconocimiento, es claramente insuficiente, pues ya hemos dicho muchas veces
que todo aquel que se ha atrevido a cometer un delito tiende a declararse, por
una mera cuestión de supervivencia, inocente.
Pero es que además, la presión que en estos momentos circunda
a Rajoy, convierte en imprescindible que ofrezca algún tipo de explicación creíble
a los ciudadanos, facilitando a los medios de comunicación ruedas de prensa en
las que no haya límite de preguntas, ni censura de contenidos, por supuesto presencialmente
y no a través de un plasma, en la sede de su propio Partido y sin que nadie
pueda interrogarle.
Puede que a los asesores y al propio Rajoy les haya
funcionado hasta ahora la estrategia de dilatar las cosas en el tiempo, pero el
panorama que aguarda al PP, si continúan apareciendo escándalos de las características
de los últimos que hemos conocido, es ciertamente, negro y podía llevar a su
desaparición y por supuesto, al abandono de un poder que ha manejado con
excesiva laxitud contra los delitos fiscales y con franca dureza en los temas
relacionados con el ámbito laboral y los derechos sociales.
Ciertamente, nada hay que pueda obligar a Rajoy a dar la cara
frente a los españoles o el Parlamento, quizá porque nadie podía pensar, ni de
lejos, que se pudieran producir entre la clase política, estos gravísimos delitos,
pero el pundonor, la decencia, la dignidad y la propia responsabilidad de
ocupar la Presidencia de una Nación, exigen tácitamente ciertos comportamientos
y sobre todo, facilitar a la justicia el cumplimiento de su deber y a los
ciudadanos la comprensión de lo que ocurre, puesto que al proceder el dinero
estafado de la Hacienda pública, les afecta.
El silencio y la desaparición de la escena, no van a valer a
Rajoy, llegado este momento.
O tendrá que aceptar someterse al interrogatorio que se le
propone en sede Parlamentaria, o tendrá que reconocer que la situación que se
ha creado a su alrededor, no aconseja otra cosa más que su marcha.
Alguno de los suyos, ya parecen estar celebrando esto último
y para los españoles, la esperanza de que pudieran convocarse elecciones
anticipadas, constituye el alivio más grande que han tenido, desde que el PP
llegara al gobierno.

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