lunes, 27 de octubre de 2014

Camino de perdición


Las imputaciones por corrupción de miembros destacados del PP no cesan y ahora el Juez Velasco ordena una redada en el entorno de Francisco Granados, que se salda con su detención y la de un guardia civil a quién se acusa de haber puesto en alerta al principal investigado, traicionando así el secreto profesional preceptivo en el cumplimiento de sus funciones.
Esta redada ocurre sólo un par de días después de que aparecieran en el diario El Mundo los gastos realizados a través de supuestas tarjetas de representación por miembros de la Generalitat Valenciana y que se parecen, y mucho, a los que practicaron los poseedores de las tarjetas Black de Bankia.
Qué hace falta para que Mariano Rajoy decida dirigirse a los españoles para ofrecernos algún tipo de explicación de lo que está ocurriendo en el seño de su familia política y cuál es la razón de que siga sin suceder nada con ninguno de la multitud de imputados en delitos fiscales, ni siquiera un reproche ante la flagrante comisión de delito, resulta ser una incógnita que la inteligencia de cualquier persona normal no alcanza a descifrar, ni ningún entendido en el tema político entiende, por lo que de inusual tiene, a no ser que detrás de cada caso se esconda  un fiasco infinitamente mayor, que a toda costa se trata de esconder a los ojos de la ciudadanía.
Pero el Presidente prefiere continuar con la estrategia de ir dejando pasar el tiempo, como si la cronología pudiera terminar enterrando cuántos desmanes se cometen en su entrono cercano, pensando quizá que la memoria del pueblo es frágil y que en cuanto pase el chaparrón de malas noticias que está cayendo sobre su Partido, todo se olvidará y la gente volverá a votarle de nuevo.
Sin embargo, la obviedad de que el diario El Mundo está llevando a cabo una feroz campaña de desprestigio en torno a su persona y  debido a la información que debe tener acumulada de los tiempos en que Pedro J. frecuentaba a los dirigentes del PP, bien puede convertirse en el artífice de la caída del gobierno al completo, para intentar aupar después, hasta la cúpula de Génova, a su admirada Esperanza Aguirre y a todos aquellos que durante un largo periodo de tiempo le han demostrado su fidelidad, aguardando esperanzados, su ascenso hasta la candidatura por la Presidencia.
El cambio de actitud que se viene observando en los últimos días en los comentaristas de otros diarios de tirada nacional que hasta ahora habían permanecido leales a la política de Rajoy, como ABC o La Razón, corrobora así mismo, que la posibilidad del final de la etapa Rajoy esté cerca, porque aunque dimitir sería lo lógico, dado el oscuro panorama que rodea a la figura del Presidente, todos sabemos que de motu propio nunca lo hará y que su marcha no será posible, si no es, finalmente, empujado por un escándalo cuyas dimensiones sobrepasen todos los límites conocidos o que pudiera implicarle a título personal, forzando su imputación por cualquier tipo de delito. Sea como fuere, tras lo que está ocurriendo y le guste a Rajoy o no, el PP ya no podrá nunca volver a ser el mismo.
Descabezado por el cerco de la justicia a muchos de sus principales dirigentes y pendiendo sobre los que quedan la seria sospecha de su implicación en una financiación ilegal y en el turbio asunto de los sobresueldos, los líderes actuales han perdido todo atisbo de credibilidad y la propia derecha reclama un relevo urgente en la cúpula del Partido conservador, si no se quiere ir derecho a una debacle de incalculables dimensiones, que acabarían por sepultar para siempre cualquier posibilidad de volver al gobierno.
Expectantes ante lo que pueda ocurrir y escandalizados hasta la saciedad por los descubrimientos diarios de casos de corrupción y por la importancia de los nombres que se ven implicados en ellos, los ciudadanos esperamos que al final, por alguna razón, esta fatídica legislatura, se acabe antes de tiempo.
Entonces será el momento de ejercer el derecho al voto en las urnas y dudo mucho que cualquiera de nosotros vuelva siquiera a plantearse otorgar su confianza a ninguno de estos dos grandes Partidos, que tanto daño han hecho a la institución Democrática y que por tanto, no merecen volver a representarnos jamás, en el seno del Parlamento. 

S





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