Las imputaciones por corrupción de miembros destacados del PP
no cesan y ahora el Juez Velasco ordena una redada en el entorno de Francisco
Granados, que se salda con su detención y la de un guardia civil a quién se
acusa de haber puesto en alerta al principal investigado, traicionando así el
secreto profesional preceptivo en el cumplimiento de sus funciones.
Esta redada ocurre sólo un par de días después de que
aparecieran en el diario El Mundo los gastos realizados a través de supuestas
tarjetas de representación por miembros de la Generalitat Valenciana y que se
parecen, y mucho, a los que practicaron los poseedores de las tarjetas Black de
Bankia.
Qué hace falta para que Mariano Rajoy decida dirigirse a los
españoles para ofrecernos algún tipo de explicación de lo que está ocurriendo
en el seño de su familia política y cuál es la razón de que siga sin suceder
nada con ninguno de la multitud de imputados en delitos fiscales, ni siquiera
un reproche ante la flagrante comisión de delito, resulta ser una incógnita que
la inteligencia de cualquier persona normal no alcanza a descifrar, ni ningún
entendido en el tema político entiende, por lo que de inusual tiene, a no ser
que detrás de cada caso se esconda un
fiasco infinitamente mayor, que a toda costa se trata de esconder a los ojos de
la ciudadanía.
Pero el Presidente prefiere continuar con la estrategia de ir
dejando pasar el tiempo, como si la cronología pudiera terminar enterrando
cuántos desmanes se cometen en su entrono cercano, pensando quizá que la memoria
del pueblo es frágil y que en cuanto pase el chaparrón de malas noticias que
está cayendo sobre su Partido, todo se olvidará y la gente volverá a votarle de
nuevo.
Sin embargo, la obviedad de que el diario El Mundo está
llevando a cabo una feroz campaña de desprestigio en torno a su persona y debido a la información que debe tener
acumulada de los tiempos en que Pedro J. frecuentaba a los dirigentes del PP,
bien puede convertirse en el artífice de la caída del gobierno al completo,
para intentar aupar después, hasta la cúpula de Génova, a su admirada Esperanza
Aguirre y a todos aquellos que durante un largo periodo de tiempo le han
demostrado su fidelidad, aguardando esperanzados, su ascenso hasta la
candidatura por la Presidencia.
El cambio de actitud que se viene observando en los últimos
días en los comentaristas de otros diarios de tirada nacional que hasta ahora
habían permanecido leales a la política de Rajoy, como ABC o La Razón,
corrobora así mismo, que la posibilidad del final de la etapa Rajoy esté cerca,
porque aunque dimitir sería lo lógico, dado el oscuro panorama que rodea a la
figura del Presidente, todos sabemos que de motu propio nunca lo hará y que su
marcha no será posible, si no es, finalmente, empujado por un escándalo cuyas
dimensiones sobrepasen todos los límites conocidos o que pudiera implicarle a
título personal, forzando su imputación por cualquier tipo de delito. Sea como
fuere, tras lo que está ocurriendo y le guste a Rajoy o no, el PP ya no podrá
nunca volver a ser el mismo.
Descabezado por el cerco de la justicia a muchos de sus
principales dirigentes y pendiendo sobre los que quedan la seria sospecha de su
implicación en una financiación ilegal y en el turbio asunto de los
sobresueldos, los líderes actuales han perdido todo atisbo de credibilidad y la
propia derecha reclama un relevo urgente en la cúpula del Partido conservador,
si no se quiere ir derecho a una debacle de incalculables dimensiones, que
acabarían por sepultar para siempre cualquier posibilidad de volver al gobierno.
Expectantes ante lo que pueda ocurrir y escandalizados hasta
la saciedad por los descubrimientos diarios de casos de corrupción y por la
importancia de los nombres que se ven implicados en ellos, los ciudadanos
esperamos que al final, por alguna razón, esta fatídica legislatura, se acabe
antes de tiempo.
Entonces será el momento de ejercer el derecho al voto en las
urnas y dudo mucho que cualquiera de nosotros vuelva siquiera a plantearse
otorgar su confianza a ninguno de estos dos grandes Partidos, que tanto daño
han hecho a la institución Democrática y que por tanto, no merecen volver a
representarnos jamás, en el seno del Parlamento.
S

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