Adelantándose a la posibilidad de ser suspendido de
militancia por el PP, a causa del uso delictivo de una de las tarjetas negras
de Bankia, Rodrigo Rato pide la baja voluntaria en la formación que le aupó al
Ministerio en los tiempos de Áznar , sin que sepamos si ha sido ésta una acción
pactada con los actuales dirigentes o si viendo venir el deshonor que supondría
ser duramente recriminado por sus compañeros, ha decidido tomar el camino de
una salida digna de un sitio en el que ya no parecía ser querido por nadie.
El que se barajara como primera opción para la sucesión de
Áznar y cuya trayectoria de sobra todos conocemos, era no obstante considerado
como uno de los históricos dirigentes del Partido conservador y un ejemplo de
peso para los militantes de base, que han sufrido la decepción de su vida, al
conocer el calado de sus andanzas ocultas.
Sin embargo, cuenta en contra de Rajoy no haber exigido su
baja inmediata, tras conocerse el asunto de las tarjetas, ofreciendo así a la
opinión pública una imagen de indecisión para actuar en contra de la
corrupción, cuando afecta a sus propios compañeros, que desde luego va en
consonancia con la actitud tomada cada vez que se produce uno de estos
gravísimos casos, en el seno de su Partido.
Ya en su intervención de ayer, el Presidente volvió a emplear
la estrategia de no mencionar el nombre de Rato, aún refiriéndose a él implícitamente,
exactamente igual que ocurriera con el asunto de Bárcenas, cuando los medios le
instaban a pronunciarse sobre las acusaciones que sobre el ex tesorero se
presumían y antes de que la ley le llevara a la cárcel, como todos sabemos.
Adelantándose a la maniobra de un gobierno demasiado lento en
la toma de las más importantes decisiones, Rato ha conseguido zafarse de los
reproches que seguramente le hubieran hecho ante todos los medios de
comunicación los dirigentes con los que hasta anteayer se ha codeado en
condición de amigo íntimo, evitando por tanto una publicidad absolutamente
negativa, que probablemente hubiera jugado en su contra, precisamente en el
momento en que su caso se halla en un momento álgido.
No obstante, parece increíble que aún habiéndole impuesto el
Juez una fianza de tres millones de euros, nadie del Partido Popular haya
exigido públicamente su baja en la formación, obviando incluso la mala
influencia que su presunta culpabilidad pudiera tener estando cercana una
campaña electoral y ahora que tanto se presume de que todo va bien y de que
estamos saliendo de la crisis.
Para los votantes del PP, la participación de Rato en el
asunto de las tarjetas, ya significa en sí, un motivo para replantearse un
cambio de cara a las próximas Municipales, pero que el Partido no se deshaga de
él inmediatamente y que incluso alguno de sus dirigentes siga defendiendo a
capa y espada su inocencia, constituye casi un atentado contra la inteligencia
de estos ciudadanos, que confiaron plenamente en lo que los conservadores les
prometíeron.
Para los que nunca les votamos, el caso de Rato y de todos y
cada uno de los tenedores de las tarjetas opacas de Bankia, no es más que otro
episodio de corrupción que viene a confirmar que la clase política es bastante
proclive a ensuciarse las manos con los asuntos de dinero, aunque lo peor es
que mientras ellos se enriquecen de manera delictiva, utilizando como si fuera
propia la Hacienda de todos los españoles, aún se atreven a exigir sacrificios
y apreturas de cinturón a una población abiertamente despojada de su mucha o
poca riqueza, por los mismos que debieran ser los garantes del buen
funcionamiento de este país.
No cabe mayor desvergüenza.

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