martes, 21 de octubre de 2014

Baja voluntaria


Adelantándose a la posibilidad de ser suspendido de militancia por el PP, a causa del uso delictivo de una de las tarjetas negras de Bankia, Rodrigo Rato pide la baja voluntaria en la formación que le aupó al Ministerio en los tiempos de Áznar , sin que sepamos si ha sido ésta una acción pactada con los actuales dirigentes o si viendo venir el deshonor que supondría ser duramente recriminado por sus compañeros, ha decidido tomar el camino de una salida digna de un sitio en el que ya no parecía ser querido por nadie.
El que se barajara como primera opción para la sucesión de Áznar y cuya trayectoria de sobra todos conocemos, era no obstante considerado como uno de los históricos dirigentes del Partido conservador y un ejemplo de peso para los militantes de base, que han sufrido la decepción de su vida, al conocer el calado de sus andanzas ocultas.
Sin embargo, cuenta en contra de Rajoy no haber exigido su baja inmediata, tras conocerse el asunto de las tarjetas, ofreciendo así a la opinión pública una imagen de indecisión para actuar en contra de la corrupción, cuando afecta a sus propios compañeros, que desde luego va en consonancia con la actitud tomada cada vez que se produce uno de estos gravísimos casos, en el seno de su Partido.
Ya en su intervención de ayer, el Presidente volvió a emplear la estrategia de no mencionar el nombre de Rato, aún refiriéndose a él implícitamente, exactamente igual que ocurriera con el asunto de Bárcenas, cuando los medios le instaban a pronunciarse sobre las acusaciones que sobre el ex tesorero se presumían y antes de que la ley le llevara a la cárcel, como todos sabemos.
Adelantándose a la maniobra de un gobierno demasiado lento en la toma de las más importantes decisiones, Rato ha conseguido zafarse de los reproches que seguramente le hubieran hecho ante todos los medios de comunicación los dirigentes con los que hasta anteayer se ha codeado en condición de amigo íntimo, evitando por tanto una publicidad absolutamente negativa, que probablemente hubiera jugado en su contra, precisamente en el momento en que su caso se halla en un momento álgido.
No obstante, parece increíble que aún habiéndole impuesto el Juez una fianza de tres millones de euros, nadie del Partido Popular haya exigido públicamente su baja en la formación, obviando incluso la mala influencia que su presunta culpabilidad pudiera tener estando cercana una campaña electoral y ahora que tanto se presume de que todo va bien y de que estamos saliendo de la crisis.
Para los votantes del PP, la participación de Rato en el asunto de las tarjetas, ya significa en sí, un motivo para replantearse un cambio de cara a las próximas Municipales, pero que el Partido no se deshaga de él inmediatamente y que incluso alguno de sus dirigentes siga defendiendo a capa y espada su inocencia, constituye casi un atentado contra la inteligencia de estos ciudadanos, que confiaron plenamente en lo que los conservadores les prometíeron.
Para los que nunca les votamos, el caso de Rato y de todos y cada uno de los tenedores de las tarjetas opacas de Bankia, no es más que otro episodio de corrupción que viene a confirmar que la clase política es bastante proclive a ensuciarse las manos con los asuntos de dinero, aunque lo peor es que mientras ellos se enriquecen de manera delictiva, utilizando como si fuera propia la Hacienda de todos los españoles, aún se atreven a exigir sacrificios y apreturas de cinturón a una población abiertamente despojada de su mucha o poca riqueza, por los mismos que debieran ser los garantes del buen funcionamiento de este país.
No cabe mayor desvergüenza.


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