A sólo tres días de la Huelga convocada por la Comunidad
Educativa, en contra de la Ley Wert, Estrasburgo deroga la Doctrina Parot, que
aplicaba las reducciones de condena obtenidas a cada una de las penas
impuestas, por separado, en lugar de hacerlo a la condena total, lo que a
veces, con anterioridad, había supuesto la puesta en libertad de presos de ETA,
condenados por varios delitos de sangre, con resultado de muerte.
La resolución contradice contundentemente la opinión que
siempre manifestó el PP, en materia de terrorismo y da la razón a los recursos
presentados por los abogados de ciertos etarras, que ahora saldrán de prisión
sin haber cumplido siquiera, una parte importante de su condena.
Sin embargo el Ministro de justicia, Alberto Ruíz Gallardón,
ha reconocido que al gobierno al que pertenece, no le quedará otro remedio que
acatar la sentencia, abandonando a su suerte a las asociaciones de víctimas del
terrorismo, a las que siempre prometieron que los autores de los atentados
cumplirían sus penas en su totalidad y que quizá esperaban del Partido
conservador, mayor contundencia en defender la existencia de la Doctrina Parot,
de la que han demostrado, si como ha sucedido finalmente, se ha decidido
derogarla.
Quizá Gallardón se encontraba demasiado ocupado intentando
reformar la Ley del Aborto y subiendo las tasas judiciales que han alejado la
justicia de muchos españoles, como para dedicar el tiempo necesario para
presentar una buena defensa en el tribunal europeo, como queda patente ahora
que tenemos en la mano esta decisión inapelable, que no solo afectará a
delincuentes relacionados con el terrorismo, sino también a otros que
protagonizaron casos tristemente famosos, como el de las niñas de Alcacer.
Pero es que cuando un código penal no acepta en la vida real,
que se cumplan penas superiores a treinta años, a pesar de que los autores de
los delitos puedan ser condenados a milenios de privación de libertad, uno se
arriesga a que los beneficios penitenciarios obtenidos por buena conducta,
estudios, etc, terminen por suponer una reducción sustanciosa que potencia la
libertad de los individuos, a veces, tras un corto periodo de estancia en
prisión, que no se corresponde en nada, con la dureza de su crimen.
Convendría recordar que tras casos como los de Marta del
Castillo o la niña Mari luz, asesinada en Huelva, un gran número de ciudadanos
firmaron una petición para que se pudiera aplicar la cadena perpetua en
determinados delitos, aunque la propuesta nunca prosperó, al no contar con el
apoyo explícito de ninguno de los grupos parlamentarios.
Y sin embargo, habría que entender la decepción que supondrá
la derogación de la ley Parot para los familiares de todas aquellas víctimas
que a partir de ahora, podrán cruzarse por la calle con los asesinos de los
suyos, sobre todo en el País vasco, donde el problema de ETA está aún cogido
con alfileres y las heridas son, desgraciadamente, demasiado recientes.
Habrá no obstante que esperar para ver si realmente la
sentencia se aplica y sobre todo estar atentos a las declaraciones que pueda
hacer el PP, como el mayor defensor de la dureza en los asuntos de terrorismo,
sobre esta decisión que le coloca en una posición de dificultad para seguir
manteniendo su postura, incluso en la cuestión de dialogar con los miembros de ETA
que todavía no han entregado las armas y que pueden encontrar en este argumento,
un arma poderosa para defender en Europa sus reivindicaciones nunca
satisfechas.

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