martes, 22 de octubre de 2013

Una intolerancia creciente


Haber opinado en Twiter sobre la derogación de la doctrina Parot, por parte del tribunal de Estrasburgo, ha costado al diputado de Izquierda Unida Alberto Garzón, tener que enfrentarse a la amenaza de muerte que le ha enviado a través de la misma red, Jaime de Mora, integrante de las Nuevas Generaciones del PP y que dice textualmente que  “nos saldría igual de caro matarte a ti o a alguno de tu calaña”.
No es la primera vez que los cachorros del Partido conservador hacen ostentación de una corriente bastante extendida de intolerancia, demostrando que en el subsuelo de su ideología subyace un fondo del pensamiento de las antiguas estructuras franquistas, teniendo que ser inmediatamente corregidos por los líderes de su propio partido, que no pierden tiempo en desmarcarse de las afirmaciones de los más jóvenes de su formación, temiendo una bajada en la intención de voto, si de algún modo se les identificara con estas trasnochadas tendencias.
Pero el caso que nos ocupa, además de constituir un grave atentado personal contra el diputado de IU, supone una intransigencia peligrosa contra la libertad de expresión de los individuos, que según nuestros principios constitucionales, tienen la potestad de manifestarse en el sentido que les dicte su conciencia, esté su opinión o no, de acuerdo con la de las mayoría.
Por tanto, es lícito que Alberto Garzón coincida con el espíritu de la sentencia de Estrasburgo y que pueda emplear para decirlo el medio que considere más oportuno, sin que esto haya de provocar necesariamente una reacción de violencia, por parte de los disienten de su opinión hasta el punto de llegar a cruzar la línea de la legalidad, profiriendo durísimas amenazas contra él y los suyos.
Y aunque la Nuevas Generaciones del PP se han apresurado a borrar de sus filas al autor de tan deleznable hecho, por lo que estamos viendo últimamente, su postura de intolerancia con los demás y particularmente con los militantes de la Izquierda, parece ser compartida por una amplia mayoría de sus compañeros de formación y muchos textos aparecidos también en esta red social, así lo demuestran.
Convendría pues al PP tomar cartas en el asunto, si no quiere que más pronto que tarde se acabe identificando a sus militantes como seguidores de una corriente fascista, dando al traste con el empeño que han demostrado sus líderes en los últimos años por convencer al pueblo de que su Partido es una opción de Centro y no de la derecha recalcitrante que propugna la desaparición del derecho a la libre expresión y otros muchos logros, sólo posibles, cuando se vive en un Estado democrático.
Si además de los muchos fracasos obtenidos con su política, al PP se le escapan por la ventana ciertas señas de identidad que han defendido desde que su formación se desligó de la Extrema Derecha, la opinión de los españoles, en general, podría cambiar de manera irreversible, provocando una huida generalizada de todos los votantes que se consideran fundamentalmente demócratas  y que otorgaron su confianza al Partido conservador, al considerar que su juego nada tenía que ver con lo que se practicaba en los años oscuros de la Dictadura.
Y no basta con reprender discretamente a los cachorros de las Nuevas generaciones, si no se atajan de raíz, manifestaciones que además se apoyan en símbolos desenterrados del viejo franquismo.

Si a esto sumamos la firme oposición, por ejemplo, a que continúen abriéndose las fosas de la Guerra Civil y la desconsideración que demuestran los líderes del PP con las opiniones de los simpatizantes de la izquierda, abusando de la amplia mayoría obtenida en el Parlamento, no queda otro remedio que pensar que en el fondo, el desacuerdo con los intolerantes no era tal y que hasta puede que se alegren de que sus jóvenes se atrevan a decir, lo que ellos callan por miedo a una debacle electoral  que traería consigo una pérdida de poder irremediable. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario