Haber opinado en Twiter sobre la derogación de la doctrina
Parot, por parte del tribunal de Estrasburgo, ha costado al diputado de
Izquierda Unida Alberto Garzón, tener que enfrentarse a la amenaza de muerte
que le ha enviado a través de la misma red, Jaime de Mora, integrante de las
Nuevas Generaciones del PP y que dice textualmente que “nos saldría igual de caro matarte a ti o a
alguno de tu calaña”.
No es la primera vez que los cachorros del Partido
conservador hacen ostentación de una corriente bastante extendida de
intolerancia, demostrando que en el subsuelo de su ideología subyace un fondo
del pensamiento de las antiguas estructuras franquistas, teniendo que ser
inmediatamente corregidos por los líderes de su propio partido, que no pierden
tiempo en desmarcarse de las afirmaciones de los más jóvenes de su formación,
temiendo una bajada en la intención de voto, si de algún modo se les
identificara con estas trasnochadas tendencias.
Pero el caso que nos ocupa, además de constituir un grave
atentado personal contra el diputado de IU, supone una intransigencia peligrosa
contra la libertad de expresión de los individuos, que según nuestros
principios constitucionales, tienen la potestad de manifestarse en el sentido
que les dicte su conciencia, esté su opinión o no, de acuerdo con la de las
mayoría.
Por tanto, es lícito que Alberto Garzón coincida con el
espíritu de la sentencia de Estrasburgo y que pueda emplear para decirlo el
medio que considere más oportuno, sin que esto haya de provocar necesariamente
una reacción de violencia, por parte de los disienten de su opinión hasta el
punto de llegar a cruzar la línea de la legalidad, profiriendo durísimas
amenazas contra él y los suyos.
Y aunque la Nuevas Generaciones del PP se han apresurado a
borrar de sus filas al autor de tan deleznable hecho, por lo que estamos viendo
últimamente, su postura de intolerancia con los demás y particularmente con los
militantes de la Izquierda, parece ser compartida por una amplia mayoría de sus
compañeros de formación y muchos textos aparecidos también en esta red social,
así lo demuestran.
Convendría pues al PP tomar cartas en el asunto, si no quiere
que más pronto que tarde se acabe identificando a sus militantes como
seguidores de una corriente fascista, dando al traste con el empeño que han
demostrado sus líderes en los últimos años por convencer al pueblo de que su
Partido es una opción de Centro y no de la derecha recalcitrante que propugna
la desaparición del derecho a la libre expresión y otros muchos logros, sólo
posibles, cuando se vive en un Estado democrático.
Si además de los muchos fracasos obtenidos con su política,
al PP se le escapan por la ventana ciertas señas de identidad que han defendido
desde que su formación se desligó de la Extrema Derecha, la opinión de los
españoles, en general, podría cambiar de manera irreversible, provocando una
huida generalizada de todos los votantes que se consideran fundamentalmente
demócratas y que otorgaron su confianza
al Partido conservador, al considerar que su juego nada tenía que ver con lo
que se practicaba en los años oscuros de la Dictadura.
Y no basta con reprender discretamente a los cachorros de las
Nuevas generaciones, si no se atajan de raíz, manifestaciones que además se
apoyan en símbolos desenterrados del viejo franquismo.
Si a esto sumamos la firme oposición, por ejemplo, a que
continúen abriéndose las fosas de la Guerra Civil y la desconsideración que
demuestran los líderes del PP con las opiniones de los simpatizantes de la
izquierda, abusando de la amplia mayoría obtenida en el Parlamento, no queda
otro remedio que pensar que en el fondo, el desacuerdo con los intolerantes no
era tal y que hasta puede que se alegren de que sus jóvenes se atrevan a decir,
lo que ellos callan por miedo a una debacle electoral que traería consigo una pérdida de poder
irremediable.

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