No me cabe la menor duda de que todos los españoles deben, en
conciencia, apoyar la huelga convocada para hoy por la Comunidad Educativa,
para mostrar la oposición absoluta que despierta en la calle la recién aprobada
Ley Wert, con la que el PP va a convertir la Enseñanza a todos los niveles, en
un privilegio de unos cuantos, enterrando el derecho de todos,
independientemente de sus recursos económicos, a encontrar el camino del
conocimiento.
Sea uno padre, profesor o alumno o forme parte de la Sociedad
en general, a todos afecta este cambio radical que el gobierno Rajoy pretende
en materia educativa, si se tiene en cuenta que un país en el que la enseñanza
queda reservada para las clases económicamente fuertes, ha de estar abocado, necesariamente, al fracaso.
Negando la oportunidad de adquirir una preparación de calidad
que nada tenga que ver con los recursos familiares y mucho con el
aprovechamiento del talento, no cabe para España un futuro distinto que el de
un pueblo ideológicamente dominado por aquellos que se pudieron permitir una
formación y que desde su posición de poder podrá manipular mucho mejor la ignorancia de los
más débiles, que habrán de conformarse con los puestos más bajos de la escala
laboral, sin poder competir con los más preparados que, indefectiblemente,
siempre procederán de familias acomodadas en la riqueza.
No hay lugar a la conformidad cuando lo que se pretende
discrimina el derecho de igualdad de todos nosotros y menos aún, cuando
desoyendo el clamor popular que se expresa absolutamente en contra de esta
nueva reforma educativa, se implanta la Ley abusando claramente del principio
de autoridad que reporta poseer una mayoría absoluta en nuestro debilitado
Parlamento.
Hay que llegar hasta el final en esta lucha que se inició
apenas se conocieron las intenciones del Ministro más impopular de todos los
tiempos, porque en ella nos va, nada menos que poder ofrecer a nuestros hijos
la ocasión de decidir con total libertad cuál será su camino, pudiendo acceder
a las Universidades exactamente con las mismas concesiones que El Estado hizo
antes a la Enseñanza Pública, sin que la economía familiar, ahora sumida en una
profunda crisis, se encuentre directamente relacionada con la consecución de
sus metas, ni ningún Partido Político pueda incidir desde las aulas, en su
libertad de pensamiento.
Procediendo como procedemos, en general, de las clases
trabajadoras, el clasismo de la ley WERT no puede sino afectarnos de manera
personal, a todos y cada uno de nosotros, ya que habiendo superado en años
anteriores las diferencias que nos separaban por una discriminación meramente
crematística en las aulas universitarias, hemos de negarnos rotundamente a
volver a la oscuridad que reinó en la vida de nuestros padres, simplemente por
no contar con el dinero que les garantizara una mejora sustancial de futuro.
Hay que dejarse la piel en la calle para que esta ley no se
asiente entre nosotros, a pesar de nuestra rotunda oposición, como si fuéramos
súbditos de una tiranía.
Y nuestra voz ha de alzarse hasta llegar a los más altos
estamentos de la nación, obligando a nuestros dirigentes a recapacitar sobre si
resulta conveniente o no, despreciar la opinión de todo un pueblo y seguir
manteniendo un tipo de política que detona directamente los cimientos que
sustentaban el bienestar de la mayoría, procurando únicamente que los efectos
de la crisis no rocen siquiera, a los que menos han sufrido en sus carnes el
paso devastador de un huracán que les arranca todos sus derechos.
No hace falta ser un lince para entender que siempre será
mejor invertir en potenciar el talento, venga de dónde venga, que depositar los
fondos estatales en Organismos como la banca que, con métodos usureros, ha sido
y es la mayor causante de la situación actual, aunque Rajoy y sus Ministros se
nieguen una y otra vez a sí mismos, poder reconocerlo.

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