La utilización de las víctimas del terrorismo como moneda de
cambio, ha sido una constante para todos los gobiernos que han pasado por el
país, desde la llegada de la Democracia.
Todos han sido tocados por las acciones de los terroristas,
en carne de sus militantes y todos sin embargo, han intentado negociar con ETA,
para lograr el abandono de las armas.
Todos han presumido de estar al lado de los familiares de los
muertos y todos han negado tajantemente la evidencia de estar reuniéndose, a la
par, con los responsables de los abertzales y todos han defendido delante de
los ciudadanos, sin embargo, la vía policial como única salida del conflicto.
La manifestación
contra la derogación de la Doctrina Parot, organizada ayer en Madrid por algunas
asociaciones de víctimas y a la que otra parte de las mismas decidieron de motu
proprio no acudir, no rompe esquemas en la trayectoria política que se seguirá
a partir de ahora en materia de terrorismo, ni debe señalar con el dedo
acusador, únicamente al PSOE de la sentencia dictada en el tribunal europeo,
hace escasamente unos días, ni hacer una defensa a ultranza del PP, como adalid
en la defensa de los que tuvieron la mala suerte de perder algún ser querido en
alguno de los múltiples atentados.
Puede que Zapatero parezca culpable de la designación de
nuestro representante en Estrasburgo, pero la sentencia se ha producido cuando
hace más de dos años que el ex Presidente abandonó el poder y en este momento
es Rajoy, al frente de los populares, quién está gobernando aquí y quien podía
haberse encargado de argumentar mejor la defensa de los intereses de las
víctimas, allá donde hubiera sido necesario.
Me viene a la cabeza, como un flash repentino, la posibilidad
de que ETA pudiera entregar las armas en las próximas semanas, como gesto de
voluntad para la resolución total del conflicto.
Si esto sucediera, ojalá, la opinión de las asociaciones que
se manifestaron ayer, habría de cambiar necesariamente de rumbo y empezar a
plantearse que tal vez, la derogación de la Doctrina Parot hubiera podido ser
una concesión del Estado, a cambio de la rendición de la banda.
¿Qué diría entonces la Presidenta de la asociación más representativa
de cuántas estuvieron ayer en la marcha?
¿Paliaría su dolor y el de todos los afectados que fuera el
Partido que defienden quien hubiera cedido en este farragoso asunto, o
atacarían a los conservadores con el mismo ímpetu que lo hacen contra los
socialistas que en este momento, nada tienen que ver en las decisiones de
gobierno, aunque fue con ellos con quienes ETA decidió dejar de matar, hace
poco más de dos años?
¿Soportaría la integridad emocional de estas familias el
engaño encubierto de sus más férreos defensores, que mientras se manifestaban con ellos en la calle,
negociaban para conseguir el triunfo de una rendición esperada durante tanto
tiempo?
Porque gobierne quien gobierne, el poder siempre procurará
estar a favor de aquellas acciones que reporten mayor beneficio a su propia
gestión, independientemente de si con ellas puede herir en mayor o menor grado
la sensibilidad de cualquier colectivo y el dolor de unos cuantos, nunca podrá
ser suficiente para abortar según qué planes, si con ellos se puede conseguir
una afluencia de votos para su formación y una permanencia en las instituciones
que garantice una estabilidad para seguir gobernando.
Pero como afortunadamente, todo acaba sabiéndose con el paso
del tiempo, habrá que esperar para poder comprender en toda su plenitud porqué
se derogó la Doctrina Parot y qué se
escondía tras la precipitada puesta en libertad
de determinados terroristas, en un acatamiento a rajatabla de la
polémica sentencia.
Puede que muchos de los que acudieron ayer a la manifestación
terminen por arrepentirse da haber participado en ella y no les quede otro remedio
que asumir que, desgraciadamente, las víctimas continúan y continuarán siendo
convenientemente manejadas, para ser abandonadas después a su suerte, si así
conviene a los intereses políticos y a la consecución de sus metas, sin que el
calvario de su dolor importe lo más mínimo, fuera de las paredes de su familia.

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