A fuerza de tanto repetirlo, Cristobal Montoro acabará por
creerse la mentira de que España va bien, lema que le funcionó espléndidamente
al ex Presidente José María Aznar, cuando la burbuja del ladrillo llenaba las
arcas del estado y los españoles soñaban con ser ricos, gracias al generoso
ofrecimiento de crédito que les proporcionaba la Banca.
El iluso Ministro de Hacienda debe pensar que la conciencia
de los españoles sigue adormecida, como en los tiempos del ficticio estado del
bienestar y que sus palabras serán creídas ahora, a pies juntillas, como si de
nada hubiera servido el duro despertar que ha tenido la Sociedad, al descubrir
con pavor, los efectos nefastos que le ha regalado la crisis y la falta de
criterio que han demostrado sus gobernantes, desde que empezaron a incumplir
todas sus promesas electorales y se despreocuparon de la descomunal subida del
desempleo, como si el problema les fuera ajeno.
Pero la cruda realidad que nos vemos obligados a soportar,
desdice por sí sola toda la palabrería vana de Montoro y las interminables
filas que se guardan ante las puertas de las oficinas del INEM, demuestran
fehacientemente que muy al contrario de mejorar, la situación del pueblo
español, cae en picado y sin esperanza, haciendo que la gestión del gobierno
sea considerada, sin lugar a dudas, como la peor que hemos sufrido, jóvenes y
viejos, desde que nos alcanza el recuerdo.
De nada vale el apoyo tácito que le ha demostrado la
debilitada Monarquía en la Cumbre Iberoamericana, por voz del Príncipe Felipe,
que por cierto incumple con sus palabras, la neutralidad partidista que debe
seguir la Institución, claramente definida en la Carta Magna de los españoles.
Tampoco las declaraciones de De Guindos, en las que
manifiesta que el dinero está entrando en España a raudales, consiguen convencer
a los cientos de miles de familias que esperan con ansia el principio de cada
mes, para cobrar el subsidio de cuatrocientos euros y que tienen a todos sus
miembros parados, sin que esos caudales a que se refiere el Ministro de Economía,
hayan hecho posible su reinserción al mundo laboral, ni una mínima mejora en la
dificilísima situación que atraviesan, solo salvada en muchos casos, por la
intervención de nuestros generosos pensionistas.
Por mucho que miramos el suelo patrio, la inexistencia de los
brotes verdes que anuncia el Gobierno Rajoy, es una evidencia innegable que
rompe estrepitosamente los esquemas de un Partido Popular, que haría bien en
preocuparse de aclarar su presunta implicación en multitud de casos de
corrupción, en vez de emplear su tiempo en tratar de engañar descaradamente al
pueblo, con estúpidos delirios de grandeza.
Pero a dos años de las elecciones generales, reconocer el
fracaso de las políticas aplicadas por el PP, durante su estancia en el poder,
podría dar al traste con el afán de repetir mandato que en estos momentos es
visiblemente, la única meta que preocupa a los conservadores, aunque el país se
encuentre sumido en la mayor depresión económica de su historia y la esperanza
de resurgir sea nula, como todos, desgraciadamente, sabemos.
Sólo la Banca tiene algo que agradecer a Rajoy y a todos los
españoles que estamos pagando sus desmanes con el sudor de nuestras frentes,
pero ese agradecimiento, ya lo estamos comprobando, no se plasma ni en
facilitar el crédito a las pequeñas ni medianas empresas, ni en comprender los
problemas hipotecarios de las familias, a la vista de los desahucios
practicados y los que quedan por venir, si alguna Ley o los esfuerzos de la
PDA, no lo remedian.
La incomprensible alegría de Montoro queda pues, irremediablemente
enterrada por un clamor popular que denuncia su oposición a este gobierno y
cualquier colectivo que sea preguntado sobre la actuación y credibilidad de los
populares, dirá que su verdad, contradice sin posible discusión, la estrategia
de presunción adoptada por el Ministro y sus correligionarios más fieles.
España va mal. La vida de los españoles lo demuestra.

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