Un inesperado descubrimiento, viene a prestar apoyo al Juez
Castro en su empeño de esclarecer el caso Noos, al demostrar que la Infanta de
España e Iñaki Urdangarín, firmaron un documento por el cual se autoalquilaban
su casa De Pedralbes como oficina de sus empresas, aunque consta
fehacientemente que el Palacete nunca sirvió para otro fin que el de servir
como vivienda a Los Duques, ahora inmersos en este enrevesado caso de
Corrupción, que tanto disgustos está dando al encargado de la causa.
Este contrato que sin ser del todo ilegal, sí parece que
tuviera como intención distraer la mirada de Hacienda, tiene sin embargo la
importancia de expresar con toda claridad que Cristina de Borbón no solo no era
ajena a los negocios que llevaba entre manos su marido, sino que formaba parte
de ellos, prestando su firma a documentos relevantes en la marcha de las
empresas, estando al tanto de lo que en ellas pasaba y siendo consciente del
desarrollo seguido por las mismas.
Puede por tanto ahora el juez Castro, volver a intentar la
imputación de la hija del Rey, contradiciendo con hechos probados el ridículo
argumento esgrimido por la fiscalía, que probablemente acuciada por presiones
externas, ha tratado desesperadamente de hacer aparecer a la Infanta como un
ser ignorante, que vivía en un mundo irreal bajo el mismo techo que quien,
mientras tanto, estafaba a todos los españoles.
En el documento en cuestión, la firma de Cristina de Borbón
no solo aparece una vez, sino dos, como arrendataria y arrendadora de la finca
y también recibiendo los beneficios mensuales que tal operación reportaba,
siendo consciente por ser el inmueble señalado su lugar de residencia, que allí
nunca se instaló oficina alguna, ni de la empresa Noos, ni de ninguna otra.
De manera que si el fiscal tampoco viera a partir de ahora
signos de su posible imputación en los hechos, podría resultar demasiado
evidente que de algún modo, este caso está siendo manipulado descaradamente
desde el exterior y que existe un trasfondo que prueba que hay alguien en la
sombra, empeñado en salvar por todos los medios la figura de la hija del Rey,
simplemente por ser quién es y por pertenecer a la familia a la que pertenece.
Puede que haya llegado el momento que esperaba el Juez
Castro, en su demostrado afán por conseguir que la justicia sea absolutamente
igualitaria para todos los españoles y puede que por mucho que se empeñen desde
fuera, no haya modo de librar ahora de la imputación a la mujer de Urdangarín,
que probablemente, tendría muchas cosas que añadir para el esclarecimiento de
este caso.
Puede que por fin los ciudadanos vean satisfechas sus ansias
de que se haga justicia y se pueda llegar a ver a la infanta en el banquillo de
los acusados, si es que llegara a demostrarse su implicación en los hechos y
sin que se tenga en cuenta para nada, el rancio abolengo de su procedencia.
Todos estamos en estos momentos deseando al Juez Castro, la
suerte de encontrar los mecanismos legales necesarios para que la imputación se
produzca, porque estamos hartos de que los delitos fiscales protagonizados por
gente de renombre, se hayan convertido en un reducto de total impunidad para
sus autores, que se han carcajeado sin ningún pudor de los españoles,
habiéndose hecho ricos, saqueando las arcas del Estado, que todos nutrimos
satisfaciendo el montante de nuestros impuestos.
Sería perfecto que atañendo este caso, precisamente, a un
miembro de la familia más poderosa del país, sentara un precedente que ayudara a entender a los defraudadores que el
robo de los bienes públicos tiene un precio y si tal precio fuera alto, mejor
que mejor.

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