miércoles, 9 de octubre de 2013

La imagen de la pobreza


Varios municipios españoles, incluido Madrid y el turístico Banidorm, se afanan en promulgar medidas para acabar con la creciente mendicidad en las calles, en un descarado intento de esconder a la mayor rapidez, la imagen de la pobreza extrema que hasta nosotros han traído la crisis y la mala gestión de nuestros nefastos gobernantes.
Se excusan alegando que existen en el territorio nacional, mafias organizadas que cuentan entre sus filas con legiones de mendigos y que estos actos constituyen una explotación del ser humano, inaceptable en nuestra democracia y ciertamente, es verdad lo que dicen, aunque en este momento y cada vez con mayor asiduidad, es fácil ver por las esquinas de las ciudades, a padres de familia de alrededor de cincuenta años, a los que su desesperada situación laboral no les deja otro remedio que suplicar una limosna, apelando a la solidaridad de los otros ciudadanos.
El verdadero sentido de estas medidas, que pasan incluso, por devolver a su lugar de origen a los que no puedan demostrar que residen en el lugar en el que piden, subiéndoles a un autobús pagado por los Ayuntamientos, no es otro que limpiar de elementos políticamente incorrectos la imagen de los pueblos y ciudades de España, en un intento de ocultar la auténtica realidad que viven un nutrido grupo de familias, a las que no queda otro remedio que mendigar para subsistir, debido al desamparo en que las han dejado las Instituciones.
Pero trasladar el problema, no significa que no exista, ni que todos los indigentes que pululan por la geografía nacional se encuentren bajo la amenaza de los mafiosos.  Muy al contrario, la extrema pobreza que les ha llevado en muchos casos, a tomar la decisión más difícil de sus vidas, teniendo que superar la vergüenza que produce mendigar, para quién siempre se ganó el pan honradamente, es el fruto que entre nosotros ha dejado la desastrosa política laboral que ha permitido la libertad de despido y el robo descarado de derechos fundamentales que estamos sufriendo los españoles, gracias a los errores de este gobierno.
La prueba es que en lugar de activar la actuación inmediata de los servicios sociales con que cuentan los ayuntamientos, para tratar de solucionar con ayudas, la desesperación de la gente, se opta por esconder la realidad evitando que adquiera una  importancia que podría provocar un estallido social, en exigencia de que se atendiera a estos ciudadanos, a los que se ha colocado en situación de exclusión inexcusable, relacionada directamente con la mala actuación de los políticos.
Y sin embargo, el aumento de la mendicidad, debe preocuparnos, en tanto en cuanto, las personas que en este momento se ven obligadas a ejercerla, son, en efecto, ciudadanos de a pie, como nosotros. Ciudadanos que no proceden ni de la marginalidad, ni de la picaresca, que no piden para inyectarse una dosis de droga, sino para comer y que han llegado hasta aquí, habiendo agotado todos los recursos.
Son pues, responsabilidad de quien ahora mismo se sienta en la Moncloa y es por tanto, Rajoy, quien debe hallar la solución a su problema, a ser posible, propiciando la creación de puestos de trabajo que les devuelvan a la normalidad de la que antes disfrutaban y que han ido perdiendo gracias a la aprobación de la Reforma Laboral y la dureza de los recortes.
 Ambas medidas han sido tomadas por su gobierno, el mismo que ahora trata de convencernos de que lo peor ha pasado.
La existencia de esta nueva legión de indigentes, demuestra fehacientemente que no y, naturalmente, no conviene a su plan, que los demás nos enteremos.



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