Oyendo los discursos del PP, en los que se presume
continuamente de estar haciendo una magnífica labor de gobierno, los españoles
no terminamos de creer que sus líderes estén viviendo en el mismo país que
nosotros, pues mientras nuestro nivel de vida desciende vertiginosamente, empujado
por la torrencialidad de las medidas que se han adoptado en los dos últimos
años y la pérdida de nuestros derechos nos acerca a situaciones que nuestros
mayores ya vivieron, en los años de la post guerra, nuestros gobernantes
pretenden hacernos creer que nada de esto ha sucedido y que continuamos disfrutando
de un estado de bienestar similar al que teníamos, antes de la llegada de la
crisis, todo gracias a sus esfuerzos y la obstinación de seguir por los caminos
de los recortes, emprendido y defendido por Rajoy y por sus incondicionales más
prominentes.
Se nos dice que los sueldos no están bajando, al mismo tiempo
que o se congelan los salarios, o se nos coloca en la disyuntiva de decidir
entre una rebaja salarial o el despido y sin hacer siquiera referencia a la
enorme subida que el IVA experimentó, al principio de esta legislatura y que ha
encarecido la vida, escandalosamente.
Se niegan los recortes en sanidad, a la vez que el aumento de
las listas de espera, a causa de los despidos masivos de interinos, trae como
consecuencia la dilatación en el tiempo de las operaciones que necesitamos para
sanar, o como en el caso de Madrid, consiguiendo que a más de 30.000 mujeres se
les niegue la mamografía de la que podría resultar un diagnóstico precoz del cáncer
de mama y habiéndose además, establecido una subida de los medicamentos y la
obligación de un copago de las recetas que nos son necesarias para recuperar la
salud.
Tampoco se reconocen los pasos atrás dados en
Educación, que condenan, al reducirse la partida destinada a las becas y por la
subida general de las tasas, a miles de universitarios a la necesidad de
abandonar la carrera emprendida, al no proceder de familias con los recursos
necesarios para costearlas y que tienen a todos los colectivos directamente
relacionados con esta área, en contra de la ley Wert y en lucha permanente, a
lo largo y ancho de nuestra geografía.
Ignorando las noticias diarias que aparecen en todos los
periódicos del país, sobre el cierre de negocios y empresas y la imagen de
persianas cerradas que todos vemos en nuestros lugares de origen, se nos cuenta
que la recesión ha terminado y que en dos mil catorce, saldremos de la crisis airosamente, siempre gracias, a la preclara
inteligencia de Rajoy y por supuesto, sin hacer mención en ningún momento, a
los seis millones de desempleados, que contradicen sus palabras.
Uno empieza a pensar que los miembros de este gobierno han,
necesariamente, de vivir en una burbuja a la que no llega ningún tipo de
información y que las esperanzas que pretenden transmitirnos, han de ser fruto
precisamente de esa ausencia de noticias, a las que todos tenemos acceso
mientras ellos se autoconvencen de la veracidad de su espejismo.
O eso, o han hecho de la mentira más deleznable su doctrina,
atribuyendo alegremente al pueblo español un nivel de inteligencia, muy por
debajo de la media normal y un nulo
conocimiento de su entorno, que permite a la privilegiada clase política
dominar la psicología popular, convirtiendo a los ciudadanos en mansos corderos
a los que llevar al matadero, sin que haga falta siquiera, administrar
anestesia.
Pero verán, las mayorías raramente se equivocan en sus
apreciaciones y son las minorías, en este caso particular, los que defienden
que han conseguido terminar con la crisis, las que obviando sus propios
errores, terminan por ser deglutidas por
la verdad que reiterativamente niegan y casi siempre, de forma violenta.
Esto podrá comprobarlo Rajoy, en cuanto se nos dé la
oportunidad de expresar nuestra voluntad, a través de las urnas y lo más
probable es que después, ya no pueda volver jamás, a presentarse a otros
comicios.

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