domingo, 21 de abril de 2013

Tertulianos



No hay cadena de televisión que se precie, que no cuente con un debate político en el que participen una serie de periodistas, situados estratégicamente, según su ideología, a izquierda y derecha del moderador.
Estos “expertos” de nuevo cuño, que han pasado del reporterismo callejero, ahora encomendado a becarios en casi todas las Redacciones, a un tour desenfrenado  de canal en canal, pues participan en todos ellos, han dejado de ser personajes anónimos ocultos detrás de una firma en las páginas de los diarios, para convertirse en estrellas mediáticas a los que la audiencia aplaude u odia, según se pronuncien en consonancia con lo que ella piensa.
Copiando el ejemplo americano, pero con mucho menos poder del que en ese País tiene la prensa, los periodistas que participan en estas tertulias televisivas se han convertido en profesionales de la palabra y han aupado la opinión a la categoría de oficio, convirtiéndola en un medio de vida nada deleznable, a juzgar por el afán que demuestran en querer estar, allá donde se organiza  un debate.
Los hay de todo corte y condición, aunque podría decirse que las tertulias políticas que llegan hasta los espectadores españoles, constituyen sin duda, un claro ejemplo de bipartidismo y que la labor que desempeñan en algunos casos, es absolutamente merecedora de un sueldo pagado por el Partido que defienden y por el que parecen dispuestos a dejarse la vida, a tenor del acaloramiento que demuestran, en las discusiones que en los platós se establecen.
Sin embargo, el televidente que se decide por la opción de un debate, esperaría de los participantes una independencia que les hiciera capaces de transmitir las noticias que se van sucediendo, de un modo veraz y fidedigno, sin vasallaje a formación política alguna y, por tanto, con el espíritu crítico necesario que debe ser inherente a todo buen periodista.
En su lugar, encuentra encarnizadas batallas entre simpatizantes de PP y PSOE, que alaban las acciones de sus defendidos, incluso llegando al patetismo y defenestran al oponente, sin ningún rubor en llegar al insulto, en una burda imitación de lo que en los últimos tiempos, viene sucediendo en el Parlamento.
El periodismo de investigación se centra ahora en una carrera desenfrenada por descubrir los trapos sucios de quienes se encuentran en una corriente ideológica opuesta y en ensalzar lo indefendible encontrando siempre una explicación “inocente”, a las tropelías cometidas por aquellos a los que se considera afines en cuanto al pensamiento.
Los profesionales de raza que se dejaban la piel tratando de esclarecer los más enrevesados casos de corrupción política, han desaparecido del panorama informativo español, dando paso a la comodidad del tertuliano anclado en su posición de poder, capaz de manipular las noticias, con tal de convencer al espectador de la ingenuidad de los que defiende.
Afortunadamente, los españoles ya perdieron hace tiempo el candor de creer todo aquello que provenía de las pantallas televisivas y cada cual saca las consecuencias que cree oportunas de lo que escucha de boca de esta nueva casta de embaucadores de medio pelo, que avergüenzan a la profesión que eligieron, con su manera de actuar en público y su afán de manipular la intención de voto de los televidentes.
Pero es terrible haber tenido que perder también la confianza en la veracidad de los medios y haber de conformarse con recibir una información sesgada, creada por prosélitos políticos sin la menor pizca de honestidad, a la hora de enfrentarse con quienes recibimos las noticias que nos ofrecen.
Tampoco estos tertulianos representan, aunque estén aupados en el poder, al periodismo español, que tan buenos profesionales tendrá, aunque su voz no se oiga en las radios, ni sus rostros aparezcan en los canales televisivos.
Afortunadamente, la Red ofrece la posibilidad de ofrecer una visión alternativa de lo que ocurre y de hacerlo, en libertad, sin las presiones que ha de sufrir todo aquel que se vende a la manipulación de un Partido.
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