Las terribles reformas efectuadas por Rajoy durante poco más
de un año de gobierno, en lugar de paliar la desastrosa situación en que ha
dejado sumido a nuestro país el paso de la crisis, no han hecho otra cosa más
que agravar los problemas de una ciudadanía, que se ha tenido que acostumbrar a
golpe de decreto, a convivir por obligación, con el rostro pálido de la
pobreza.
Por mucho que se han querido disfrazar los números, en un
intento desesperado por convencer a Europa de que se empezaba a ver la luz al
final del túnel, la deteriorada realidad que nos ha regalado el gobierno Rajoy,
ha terminado por aflorar en forma de cifras negativas, demostrando que la
política aplicada desde que se hizo con el poder, ha resultado ser el mayor fracaso
de la historia de la Democracia, por mucho que se hayan seguido al pie de la
letra, todas las directrices dadas por los dueños de los poderes económicos,
desde su paraíso particular, ubicado en el corazón del viejo Continente.
Lo más grave es el aumento sin freno de un desempleo que ya
afecta a casi seis millones de personas y que no tiene visos de mejorar, si no
se cambia de inmediato la idea que se tiene del mundo laboral y se emplean los
recursos en la creación de puestos de trabajo dignos, que puedan empezar a
reactivar el consumo perdido con la llegada a los hogares de la desesperación
que trae la miseria.
Pero hay errores que sin parecer importantes, han contribuido
de manera innegable al deterioro sufrido durante este año y que de no haberse cometido,
bien pudieran haber paliado en parte, la situación que ahora padecemos.
La bajada de sueldo de los funcionarios y la posterior incautación de la paga de Navidad de este
numeroso colectivo, ha representado para el sector del comercio y también para
el turístico, por ejemplo, un descenso importante en los beneficios que hasta
ahora obtenían y que han desaparecido sin dejar rastro, al tener que adaptarse
los trabajadores públicos a su nuevo estatus, que ya no les permite consumir
del mismo modo que lo hacían, antes de
que la tijera de los recortes incidiera en sus vidas, por obra y gracia de las
medidas aplicadas por el Gobierno-
Si a esto añadimos que no se ha hecho nada por potenciar la
dación en pago, en el caso de los desahuciados, los bolsillos de otro buen
número de españoles tampoco quedan para poder permitirse muchos lujos, después
de atender los pagos que la Banca usurera les exigirá, durante muchos años del
resto de sus vidas.
No se puede olvidar , en esta lista interminable de
incongruencias, a un colectivo de pensionistas afectados por dolencias propias
de la edad, que han visto cómo se retiraba una larga lista de medicamentos,
antes costeados por la Seguridad Social y que les son imprescindibles para
mantener la salud, pero que ahora han de abonar religiosamente de sus fondos
particulares, que en muchos casos eran ya suficientemente escasos, al tratarse
de pensiones de poco más de cuatrocientos euros y que difícilmente daban
siquiera, para poder vivir.
Lo mismo ocurre con los familiares que anteriormente se
beneficiaban de la Ley de Dependencia y con todas las partidas sociales que han
desaparecido bajo el argumento de que el montante que suponían, era ahora
necesario para sacar al país adelante, aunque todos pensamos que en realidad, servirán
para devolver el cuantioso rescate que se ha pedido para reflotar a la Banca.
Si a esto sumamos los recortes practicados en Sanidad ,
Educación o Investigación, el panorama general en que queda España y por
lógica, todos los que habitamos en ella, no resulta precisamente, halagüeño.
¿Y todo para qué? Si al final, no se ha conseguido ninguno de
los objetivos marcados y sí una enorme cantidad de sufrimiento y desesperación
que auguran, de persistir esta política, un estallido social de imprevisibles
consecuencias.
Por mucho que la Madre Europa se empeñe en marcar este
camino, está claro que de continuar por él, vamos directamente al abismo.
La pregunta es si en algún momento, Rajoy sacará a relucir
ese “espíritu patriótico” del que tanto presume, para ser capaz de enfrentarse,
en estricto cumplimiento de su obligación, con aquellos que desde la lejanía
tratan de manejar las riendas de su gobierno, convirtiéndole en una ridícula
marioneta, al servicio de los intereses de un neocapitalismo, que en nada cuenta
con el bienestar de los españoles.
Si hay que radicalizar la política, sea. Si hay que amenazar
a los europeos con retirarse de la Unión, sea. Y si hay que buscar nuevas
alianzas fuera de la Comunidad, que potencien nuestra supervivencia y
autonomía, tendrá que ser también, si eso es lo mejor para el pueblo.
Y si no se puede o no se quieren intentar nuevas vías, o se
está demasiado ocupado en tratar de encontrar algún modo de zafarse de los
casos de corrupción que apuntan directamente a la cúpula del PP, basta con
dimitir y permitir a la indignada ciudadanía, elegir nuevamente en las urnas, a
otros que dirijan mejor su destino.
Presumir de triunfos irreales, acaba siempre pasando factura
a quien los inventa y el resultado suele ser, sin excepciones, nefasto,
demoledor y sin retorno.

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