Cuando en Marzo de 2010 me decidí por crear un blog que
colmara mi pretensión de poder dedicarme al periodismo, mi idea primera era la
afrontar el reto diario de sentarme a escribir, para lanzar al mundo abierto de
la Red, una opinión personal de aquellas noticias que me fueran pareciendo más
interesantes o que en determinados casos, fueran despertando mi curiosidad, por
lo insólito, descabalado o importante que resultara su contenido, también para
el resto de la gente.
Desde ese momento, setecientos cuarenta y un artículos han
ido saliendo de la soledad de mi alma y muchas personas, desde un sinfín de
Países, algunos muy lejanos, han conectado con mi página en algún momento de
sus vidas y leído, quizá con interés, aquello que también a ellos les resultaba
inquietante.
No sabía yo entonces, sin embargo, que esta conexión
cotidiana terminaría por convertirse en una crónica minuciosa de una Crisis,
que se iba aproximando a nosotros de manera sibilina y que ha conseguido,
mientras yo iba escribiendo en la tranquilidad de mi hogar, transformar aquel
modo de vida alegre que nos había traído el falso Estado de Bienestar que
habían creado para nosotros la Codicia de la Banca y la pasividad de los
políticos.
Hay veces que los acontecimientos se encargan de ir cambiando
el camino que uno se había trazado cuando empezó a poner en práctica una idea y
van empujando a las musas hasta un segundo plano sin relevancia, convirtiéndose
por su gravedad, en los indiscutibles protagonistas de todas las historias.
Es entonces cuando en el caso del escritor, la literatura deja
paso a la urgencia de contar lo que nos va trayendo la vida y uno ha de
renunciar a sus sueños de lucimiento personal, para convertirse en activista de
la palabra, arrimando el hombro a las causas que considera justas y que al
final, son las que atañen a las mayorías y por ende, a nosotros mismos.
He de reconocer que estos años han conseguido a pesar de su
enorme tristeza, apasionarme y engancharme al teclado de este ordenador, muchas
veces sin saber qué noticia elegir, de todas cuantas se iban produciendo en el
entorno informativo en que nos encontramos inmersos y han sido, precisamente
los sucesos diarios, los que han ido marcando la tónica que ha guiado mi mente
para ir produciendo los artículos, aunque he de confesar, que yo me muevo la
mayor parte del tiempo, guiada por los latidos del corazón y no por la frialdad
de los pensamientos.
Me ha animado también encontrar entre las estadísticas, que
mis artículos eran consultados desde un enorme listado de países, algunos de
ellos donde el uso de Internet se encuentra expresamente prohibido y su consumo
es castigado con penas de cárcel, comprobando así que el afán de libertad de
los pueblos no conoce fronteras y agradeciendo que las personas que se han
acercado hasta mis letras a través de este medio, lo han hecho poniendo en
riesgo su propia seguridad, cosa que no podré olvidar, durante el resto de mi
vida.
Juntos hemos visto infinidad de situaciones y compartido
enormes tragedias, aunque siempre hemos intentado insuflar un halo de esperanza
a la que agarrarse para soportar con dignidad, la acritud del momento. Al fin y
al cabo, allá donde estemos, compartimos la inmensa alegría de seguir siendo
humanos y hemos procurado no dejarnos arrastrar por el clima de miedo que
nuestros gobernantes se han encargado de recrudecer, con sus acciones y sus
palabras.
Por esta valentía, me
permito la licencia de sentirme orgullosa, si es que he contribuido de alguna
manera, a paliar el sufrimiento colectivo y si las palabras salidas de mi pluma
han conseguido terminar con el inmovilismo de algunos que hasta entonces,
consideraban la lucha ciudadana como inútil e infructuosa.
Mal o bien, seguimos en la brecha y hemos conseguido
comprender la necesidad de apoyarnos los unos en los otros, utilizando cada
cual, los mecanismos que considere oportunos para aportar al bien común, lo
mejor de sí mismo.
Gracias a todos por hacer posible la realización de un viejo
sueño y gracias por apostar por un mundo mejor y por no permitir que la Crisis
haya conseguido enterrar la capacidad de ilusión que aún nos queda y que nos
permite creer firmemente que es posible cambiarlo todo, si nos esforzamos en
hacerlo.

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