Las explosiones en la Maratón de Boston y la posterior
desactivación de otro artefacto en una biblioteca de la ciudad, hacen saltar
todas las alarmas mundiales y en especial, en USA, donde el recuerdo de las
Torres Gemelas está todavía muy presente, con sus imágenes de terror y todas
las posteriores consecuencias que se derivaron de tan luctuoso hecho.
Todas las medidas
contra el terrorismo, se ponen en funcionamiento en aquel País, trayendo al
presente los viejos fantasmas de aquella pesadilla del 11S, aunque todos los
indicios empujan a pensar que esta vez, nada tienen que ver los islamistas con
lo que acaba de suceder, aunque es pronto para descartar ninguna hipótesis o hacer cábalas sobre la autoría de los
atentados.
Sin embargo, se da la curiosa coincidencia de que
precisamente en estos días, Obama trata de sacar adelante una Ley que regule la
indiscriminada venta de armas en aquel territorio y que de aprobarse, podría
mermar considerablemente los ingresos obtenidos por un sector de incalculable
poder, que mueve auténticas fortunas fomentando el miedo en los ciudadanos y
que no estará, de seguro, nada contento, si la liberalización de su mercado se
ve ahora supeditada a determinadas normas legales que dificulten el acceso a las
armas de los ciudadanos de a pie, cerrando así el esplendoroso grifo de
beneficios que reporta a fabricantes y dueños de armerías.
La controvertida Ley, que se intenta sea una respuesta a los
numerosos casos de violencia acaecidos en el País y que han acarreado infinidad
de víctimas mortales, al encontrarse el armamento en manos de personas
mentalmente inestables, está costando a su ideólogo, sangre, sudor y lágrimas,
al tener que enfrentarse con la oposición de una gran parte de un pueblo
americano, demasiado amedrentado por las historias que se les refieren como
medio de coacción y que han inculcado en ellos un deseo estar siempre
preparados para enfrentarse con un ataque potencial a sus bienes o a su propia
integridad física.
Estos atentados, bien podrían ser un aviso para quienes se
pronunciaban a favor de la Ley, recordándoles que en cualquier lugar, por
lúdico que sea, puede acechar cualquier peligro para el que toda prevención es
poca y que sigue siendo muy necesario estar dotado de medios, como mero
instrumento de defensa, contra cualquier ataque exterior, venga de donde venga.
Poner a Obama en la tesitura de tener que enfrentarse a estos
hechos, no deja de ser una llamada de alerta para que reconsidere su defensa de
la nueva Ley, incluso aunque llegara a probarse, que los autores de los hechos,
tienen algo que ver con ella.
Pero mientras tanto, el objetivo de aterrorizar a la
población, se ha conseguido y con toda seguridad, más de un ciudadano que haya
vivido de cerca las explosiones, habrá corrido a la armería más próxima a
realizar alguna compra de urgencia, que ofrezca cierta seguridad de poder
afrontar la inesperada presencia de cualquier peligro que le aceche, a la vez
que le hace recapacitar sobre si la aprobación de la nueva Ley, es en verdad,
tan necesaria.
Lo cierto es que al final, las historias de violencia,
cualesquiera que sea su origen, siempre terminan generando nuevos episodios en
los que alguien pierde la vida, quedando demostrado que el hombre sigue siendo,
un auténtico lobo para sus semejantes y que en el mundo actual, priman los
intereses económicos, por encima de los individuos.
Difícil papel tiene
Obama mientras se dilucida la veracidad de los hechos y ya veremos si,
finalmente, su intento de regularizar el uso de las armas, no acaba siendo un
estrepitoso fracaso, que le obligue a abandonar para siempre la idea y a dejar
las cosas, exactamente como están, para regocijo de sus violentos opositores.

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