Cuando un político pierde la credibilidad y cada una de las
palabras que pronuncia, es inmediatamente cuestionada por su pueblo, poco o
nada le queda ya por hacer en su oficio, aunque intente desesperadamente
redimirse de sus pasados errores.
A Mariano Rajoy le pasa exactamente esto. El incumplimiento del
programa electoral que le llevó a una victoria por mayoría absoluta y los
múltiples episodios en que sus acciones han contradicho, en su totalidad, el
discurso que había pronunciado anteriormente, le han colocado en una difícil
situación y han conseguido mermar, casi en el cien por cien de los casos, la
poca o mucha confianza que en él se tuviera.
Aupado en una posición de
infranqueable poder y minimizando al máximo la capacidad de comprensión de los
españoles, ya arriesgó todo su prestigio personal prometiendo al país que
lo sacaría de la crisis en cuanto
llegara a la Moncloa, a pesar de que por su cargo de jefe de la oposición,
sabía perfectamente que cumplir sus promesas, iba a resultar del todo imposible.
Y sin embargo, sacó partido de la
indignación ciudadana, aventurando el manido argumento de que la Economía
siempre marcha mejor cuando gobiernan las derechas, apoyado en la pasada
experiencia vivida por su compañero de filas Aznar, aunque omitiendo que en el
periodo que gobernó, se promocionó la burbuja inmobiliaria que tanta culpa ha
tenido después de nuestra caída y que la situación que atravesamos ahora, es bien
distinta a la que encontró el ex Presidente, cuando se hizo cargo del gobierno
de la Nación.
La justificación de la herencia
recibida de Zapatero no es óbice para su pretendida inocencia, pues cuando uno
es líder de un Partido tan poderosos como el PP, aunque no gobierne, la
obligación de conocer lo que ocurre en los sótanos del País, es imperativa e
ineludible y, desde luego, si uno no se preocupa por estar al tanto de la
auténtica realidad que acontece a su alrededor, no merece siquiera ser
considerado para ser candidato en unas Elecciones generales.
Rajoy conocía y muy bien, cuál era la
magnitud del problema que acuciaba a España y sin embargo permitió que se
elaborara un programa electoral que después defendió de puerta en puerta,
organizando la mayor estafa política urdida contra los ciudadanos de un país,
deseoso de entregar su confianza a quién aún creía solvente para solucionar los
conflictos.
El batacazo emocional para quienes le
votaron ha sido mayestático, igual que comprobar que desde el mismo momento en
que aterrizó en la Moncloa, las palabras que había pronunciado con anterioridad
fueron barridas por el viento, para dejar paso a una agresividad gubernativa,
apoyada únicamente en las políticas de recortes exigidas por Europa y nunca
dirigidas a la creación de empleo que tan necesario nos era y nos es, si
queremos realmente encontrar la ansiada luz, al final de este túnel.
Dijo que no habría rescate a la Banca
y lo hubo. Dijo que no subiría el IRPF y el
IVA, y los aumentó, causando estragos en el consumo y en las familias.
Dijo que crearía tres millones de empleos y el paro aumentó hasta los seis
millones de personas, un millón más que
cuando hizo cargo de la Presidencia… y
sigue creciendo.
Dijo que no tocaría la Sanidad y la
Educación, mientras redactaba una larga lista de medicamentos para retirarlos
de la financiación de la Seguridad Social y preparaba la privatización de
Hospitales desde su despacho y permitía a su Ministro de Educación Wert,
programar la mayor subida de tasas conocida en la historia de la Democracia y
se ponía en la calle a miles de profesores interinos, en perjuicio de la
calidad de la enseñanza que reciben
niños y jóvenes, hasta su llegada, prácticamente gratuita.
La continuidad en el empleo que
prometió, nada tiene que ver con la Reforma Laboral aprobada por su gobierno y
la complacencia demostrada con Banqueros y defraudadores, a través del Rescate
y la Amnistía fiscal, en nada ayudan a las clases humildes que decía defender,
en los mítines que ofreció por todo el territorio patrio, hasta conseguir su
propósito de absoluto mandato.
Tampoco en los asuntos de corrupción
que acechan de cerca a su Partido y personalmente a él, ha sido precisamente
sincero.
Negándose a cualquier contacto
directo con los medios de comunicación y eludiendo por tanto, la posibilidad de
ser preguntado por lo que viene sucediendo desde que se destapó el asunto
Bárcenas, la presunción de inocencia que es indiscutible para toda persona, se
ha ido debilitando, dando paso a una sospecha de culpabilidad, cada vez más
fuerte, que le coloca en una incómoda posición para seguir ejerciendo un cargo,
que probablemente, tendría que haber abandonado, si quería conservar cierta
dignidad, a los ojos de su pueblo.
Pero en lugar de esto, se ha
permitido la intención de mentir también a Bruselas sobre las cifras reales, e
incluso el fingido orgullo de hacernos creer que sus medidas han sido exitosas,
para ser duramente reprendido por Europa, al ser inciertas todas sus
afirmaciones.
Naturalmente, sus declaraciones de
ayer, negando ante los medios una nueva subida de impuestos y nuevos recortes
en contra de los ya castigados ciudadanos, han creado inmediatamente en
nosotros desazón, al no quedarnos otro remedio que empezar a pensar que son un
hecho consumado y que sólo harán falta un par de días para que anuncie estas
medidas, en perjuicio de todos nosotros.

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