miércoles, 24 de abril de 2013

Mentir por rutina



Cuando un político pierde la credibilidad y cada una de las palabras que pronuncia, es inmediatamente cuestionada por su pueblo, poco o nada le queda ya por hacer en su oficio, aunque intente desesperadamente redimirse de sus pasados errores.
A Mariano Rajoy le pasa  exactamente esto. El incumplimiento del programa electoral que le llevó a una victoria por mayoría absoluta y los múltiples episodios en que sus acciones han contradicho, en su totalidad, el discurso que había pronunciado anteriormente, le han colocado en una difícil situación y han conseguido mermar, casi en el cien por cien de los casos, la poca o mucha confianza que en él se tuviera.
Aupado en una posición de infranqueable poder y minimizando al máximo la capacidad de comprensión de los españoles, ya arriesgó todo su prestigio personal prometiendo al país que lo  sacaría de la crisis en cuanto llegara a la Moncloa, a pesar de que por su cargo de jefe de la oposición, sabía perfectamente que cumplir sus promesas, iba a resultar del todo imposible.
Y sin embargo, sacó partido de la indignación ciudadana, aventurando el manido argumento de que la Economía siempre marcha mejor cuando gobiernan las derechas, apoyado en la pasada experiencia vivida por su compañero de filas Aznar, aunque omitiendo que en el periodo que gobernó, se promocionó la burbuja inmobiliaria que tanta culpa ha tenido después de nuestra caída y que la situación que atravesamos ahora, es bien distinta a la que encontró el ex Presidente, cuando se hizo cargo del gobierno de la Nación.
La justificación de la herencia recibida de Zapatero no es óbice para su pretendida inocencia, pues cuando uno es líder de un Partido tan poderosos como el PP, aunque no gobierne, la obligación de conocer lo que ocurre en los sótanos del País, es imperativa e ineludible y, desde luego, si uno no se preocupa por estar al tanto de la auténtica realidad que acontece a su alrededor, no merece siquiera ser considerado para ser candidato en unas Elecciones generales.
Rajoy conocía y muy bien, cuál era la magnitud del problema que acuciaba a España y sin embargo permitió que se elaborara un programa electoral que después defendió de puerta en puerta, organizando la mayor estafa política urdida contra los ciudadanos de un país, deseoso de entregar su confianza a quién aún creía solvente para solucionar los conflictos.
El batacazo emocional para quienes le votaron ha sido mayestático, igual que comprobar que desde el mismo momento en que aterrizó en la Moncloa, las palabras que había pronunciado con anterioridad fueron barridas por el viento, para dejar paso a una agresividad gubernativa, apoyada únicamente en las políticas de recortes exigidas por Europa y nunca dirigidas a la creación de empleo que tan necesario nos era y nos es, si queremos realmente encontrar la ansiada luz, al final de este túnel.
Dijo que no habría rescate a la Banca y lo hubo. Dijo que no subiría el IRPF y el  IVA, y los aumentó, causando estragos en el consumo y en las familias. Dijo que crearía tres millones de empleos y el paro aumentó hasta los seis millones de personas,  un millón más que cuando  hizo cargo de la Presidencia… y sigue creciendo.
Dijo que no tocaría la Sanidad y la Educación, mientras redactaba una larga lista de medicamentos para retirarlos de la financiación de la Seguridad Social y preparaba la privatización de Hospitales desde su despacho y permitía a su Ministro de Educación Wert, programar la mayor subida de tasas conocida en la historia de la Democracia y se ponía en la calle a miles de profesores interinos, en perjuicio de la calidad de la enseñanza  que reciben niños y jóvenes, hasta su llegada, prácticamente gratuita.
La continuidad en el empleo que prometió, nada tiene que ver con la Reforma Laboral aprobada por su gobierno y la complacencia demostrada con Banqueros y defraudadores, a través del Rescate y la Amnistía fiscal, en nada ayudan a las clases humildes que decía defender, en los mítines que ofreció por todo el territorio patrio, hasta conseguir su propósito de absoluto mandato.
Tampoco en los asuntos de corrupción que acechan de cerca a su Partido y personalmente a él, ha sido precisamente sincero.
Negándose a cualquier contacto directo con los medios de comunicación y eludiendo por tanto, la posibilidad de ser preguntado por lo que viene sucediendo desde que se destapó el asunto Bárcenas, la presunción de inocencia que es indiscutible para toda persona, se ha ido debilitando, dando paso a una sospecha de culpabilidad, cada vez más fuerte, que le coloca en una incómoda posición para seguir ejerciendo un cargo, que probablemente, tendría que haber abandonado, si quería conservar cierta dignidad, a los ojos de su pueblo.
Pero en lugar de esto, se ha permitido la intención de mentir también a Bruselas sobre las cifras reales, e incluso el fingido orgullo de hacernos creer que sus medidas han sido exitosas, para ser duramente reprendido por Europa, al ser inciertas todas sus afirmaciones.
Naturalmente, sus declaraciones de ayer, negando ante los medios una nueva subida de impuestos y nuevos recortes en contra de los ya castigados ciudadanos, han creado inmediatamente en nosotros desazón, al no quedarnos otro remedio que empezar a pensar que son un hecho consumado y que sólo harán falta un par de días para que anuncie estas medidas, en perjuicio de todos nosotros.


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