Hace hoy justamente un año, en una de esas ideas repentinas que cruzan mi loco pensamiento, tomé la iniciativa de escribir un artículo diario y me decidí a crear este blog, por el que me asomo a esos mundos desconocidos desde un humilde rincón de mi propia casa.
Yo decía entonces que estaba tratando de cumplir un sueño y , aunque parece que fue ayer, detrás de esta ventana abierta al azar y sin ninguna pretensión crematística, hay ya doscientos cincuenta y dos artículos y un número de lectores que no hubiera podido llegar a tener, ni en mis previsiones más optimistas.
Nos han pasado muchas cosas juntos. Hemos asistido a tremendos desastres naturales, como los de Haiti y Japón, soportado la casi intolerable carga que sobre nuestros hombros han ido dejando los políticos, rescatado a unos mineros de las entrañas de la tierra, admirado la valentía de los primeros manifestantes de los países árabes luchando denodadamente contra los tiranos, criticado y alabado a quienes hemos pensado que lo merecían, hablado de los amigos del alma, casado a una hija, y hasta ganado un mundial de fútbol, al que no hemos podido acudir porque nos han rebajado los salarios.
Hemos establecido unos contactos impensables, si el medio en el que publico no tuviera la difusión que tiene y comprobado con orgullo, que cómo ya pensábamos, no hay fronteras capaces de separar a los hombres de buena voluntad, cuando se ofrece algo que les conmueve.
Quiero hoy dar las gracias a muchísima gente. A mis amigos, que me leen incondicionalmente y me animan a continuar en cuántas ocasiones coincidimos y a través de las líneas de comunicación que tenemos, a los que entraron por azar y se quedaron para siempre, a mis lectores del otro lado del charco, de Estados Unidos, Canadá, México, Chile o Argentina, a quienes probablemente nunca conoceré, pero cuyas historias me interesan, a los de la Unión Europea, a los recientemente incorporados, suecos y a tantos otros que hicieron el favor de dedicar un rato a mis opiniones, e incluso repitieron el intento.
No podría olvidar a la familia, que soporta con resignación los ataques de bohemia y locura que mueven las almas de los escritores, la indecisión que a veces nos lleva a dudar del interés de lo que hacemos y todo lo adereza con amor, que al final, es la esencia que debería mover el mundo.
Me tomo la licencia, de acariciar un poco la felicidad y renunciar a la diaria práctica de hablaros de lo que se cuece alrededor, aunque las perspectivas no son demasiado halagüeñas y me corroe la conciencia cuando me quedo al margen de las noticias de interés.
Pero como decía Escarlata O,Hara, en aquella vieja película que todos hemos visto alguna vez, hoy no quiero pensarlo, mañana será otro día.
Yo decía entonces que estaba tratando de cumplir un sueño y , aunque parece que fue ayer, detrás de esta ventana abierta al azar y sin ninguna pretensión crematística, hay ya doscientos cincuenta y dos artículos y un número de lectores que no hubiera podido llegar a tener, ni en mis previsiones más optimistas.
Nos han pasado muchas cosas juntos. Hemos asistido a tremendos desastres naturales, como los de Haiti y Japón, soportado la casi intolerable carga que sobre nuestros hombros han ido dejando los políticos, rescatado a unos mineros de las entrañas de la tierra, admirado la valentía de los primeros manifestantes de los países árabes luchando denodadamente contra los tiranos, criticado y alabado a quienes hemos pensado que lo merecían, hablado de los amigos del alma, casado a una hija, y hasta ganado un mundial de fútbol, al que no hemos podido acudir porque nos han rebajado los salarios.
Hemos establecido unos contactos impensables, si el medio en el que publico no tuviera la difusión que tiene y comprobado con orgullo, que cómo ya pensábamos, no hay fronteras capaces de separar a los hombres de buena voluntad, cuando se ofrece algo que les conmueve.
Quiero hoy dar las gracias a muchísima gente. A mis amigos, que me leen incondicionalmente y me animan a continuar en cuántas ocasiones coincidimos y a través de las líneas de comunicación que tenemos, a los que entraron por azar y se quedaron para siempre, a mis lectores del otro lado del charco, de Estados Unidos, Canadá, México, Chile o Argentina, a quienes probablemente nunca conoceré, pero cuyas historias me interesan, a los de la Unión Europea, a los recientemente incorporados, suecos y a tantos otros que hicieron el favor de dedicar un rato a mis opiniones, e incluso repitieron el intento.
No podría olvidar a la familia, que soporta con resignación los ataques de bohemia y locura que mueven las almas de los escritores, la indecisión que a veces nos lleva a dudar del interés de lo que hacemos y todo lo adereza con amor, que al final, es la esencia que debería mover el mundo.
Me tomo la licencia, de acariciar un poco la felicidad y renunciar a la diaria práctica de hablaros de lo que se cuece alrededor, aunque las perspectivas no son demasiado halagüeñas y me corroe la conciencia cuando me quedo al margen de las noticias de interés.
Pero como decía Escarlata O,Hara, en aquella vieja película que todos hemos visto alguna vez, hoy no quiero pensarlo, mañana será otro día.

Muchas felicidades!!! Aunque sea con retraso porque el trabajo, como sabes, últimamente me absorbe, no quería dejar de darte la enhorabuena y de repetirte lo orgullosa que estoy de ti y lo mucho que presumo de tener una progenitora tan prolífica, a pesar de que a veces no tengo tiempo de leerte con tanta frecuencia como me gustaría. Ánimo para este segundo año de periodismo crítico, seguro que no nos defraudarás. Te quiero.
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