miércoles, 23 de marzo de 2011

Establecer prioridades

La gravedad de los acontecimientos ocurridos en Japón y Libia, han ocupado los últimos días las páginas de este blog, pudiendo dar una sensación de apatía sobre los temas nacionales, como si hubiera dejado de tener importancia aquello que nos tocan de cerca.
No es verdad. A veces es prácticamente imposible decantarse por una sola noticia y en mi caso, he de reconocer que me decido por la que ataca en mayor grado mi sensibilidad, ya que confieso abiertamente que antepongo las vísceras al frío raciocinio del cerebro.
Sé que andan en el Partido Socialista dirimiendo la cuestión sucesoria, entre Carme Chacón y Rubalcaba, y que ya ambos cuentan con declarados adeptos a sus respectivas candidaturas, aunque creo francamente, que la tendencia todavía machista del país acabará eligiendo al caballero, en detrimento de la actual ministra de defensa.
También aguardamos con expectación la resolución judicial sobre la legalización de Sortu, mientras que en Francia siguen deteniendo a miembros de Eta, que no dan para nada sensación de estar por la labor de abandonar las armas.
Hay nuevamente manifestaciones a favor del Juez Garzón, en un intento de que su inhabilitación no se convierta en eterna, respaldadas por familiares de víctimas del franquismo, que con tanta oposición conservadora, no son capaces de cerrar sus heridas y sienten que al final, desaparecerán sin haber encontrado el rastro de sus seres queridos, ni una explicación que satisfaga su sed de justicia en este asunto.
La oposición que ayer mismo apoyaba la intervención de España en la guerra de Libia, hoy ha vuelto a la carga contra la gestión económica del gobierno y contra el ministro del interior, acusándole de filtraciones de información, que ya se verá si son finalmente ciertas.
Siguen muriendo mujeres a manos de sus parejas sin que las medidas adoptadas hasta ahora sean, para nada, suficientes y sin que encontremos una vía de entendimiento entre los sexos para poder vivir en armonía, sin tener que pagar con la vida nuestra negativa a un sometimiento servil.
Pero a pesar de todo, no puedo apartar los ojos ni de Japón, ni de Libia y he, necesariamente, de regresar a ambos escenarios, con inmensa preocupación por lo que acontece en ellos y la esperanza puesta en que se solucionen los problemas, a la mayor brevedad posible.
Mientras, los que mandan siguen enzarzados en discusiones absurdas sobre cuestiones sin importancia para los pueblos, como la que concierne al mando aliado, o la retirada inexplicable de Estados Unidos, que se niega a prolongar más allá de unos días su intervención en el problema.
En otras naciones, continúan las revueltas por la libertad y los tiranos aferrados a sus cetros de poder, no dudan en pasar por las armas a sus propios conciudadanos, demostrando que los despotismos son crueles, sangrientos y sin conciencia por naturaleza, sin que ninguno haya actuado jamás en beneficio de los más débiles.
El pueblo japonés, llora su enorme tragedia mirando de reojo y en silencio la evolución de los daños de sus centrales nucleares. No se quejan siquiera de la falta de suministros básicos ligada a la terrible contaminación sufrida, ni de la desolación que circunda su vida cotidiana. Realmente admirable.

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