Mientras nos asaltaban los recuerdos del terrible atentado de los trenes de Madrid, como siempre nos ocurre cuando llega el once de Marzo cada año, los elementos incontrolables de esta madre Naturaleza, que a veces se desatan en una coincidencia aciaga contra el afán dominador de los hombres, producían en Japón uno de los maremotos de mayor intensidad de la historia, provocando un tsunami, de consecuencias aún incalculables.
La fuerza del fenómeno es tal, que sigue una trayectoria imparable, mantiene ahora mismo en alerta a países geográficamente lejanos del epicentro de la tragedia, pero que podrían verse igualmente desolados por los efectos de estas gigantescas olas, que anegan y destruyen cuánto encuentran a su paso, sin que toda la tecnología de última generación, pueda atajar la cólera incontrolable del fenómeno.
A pesar de ser uno de los territorios arquitectónicamente mejor preparados contra los movimientos sísmicos, las imágenes que nos llegan, a través de los medios de comunicación, son dantescas y resulta difícil prever qué podría ocurrir en naciones económicamente desfavorecidas, si, como dicen, el devenir de estas gigantescas olas se va haciendo mayor a medida que se van desplazando hacia la tierra.
Coge por sorpresa a la comunidad mundial la magnitud del acontecimiento y habrá que esperar a ver si se cumplen las crudas expectativas que los entendidos en la materia predicen. Sin embargo, es momento de solidaridad inmediata con los afectados y de previsión de los males mayores que pudieran venir, ofreciendo toda la ayuda posible para evitar una situación de caos, que podría superar en mucho a la ocurrida hace tan solo un año, en Haiti.
Parece que empiezan a evacuarse poblaciones completas, antes de la llegada del Tsunami, pero la última hora cuenta que ha tocado las costas de Haway, sin producir daños.
Mantengo esta línea abierta, por si se produjeran novedades, en un sentido o en otro. Quiero esperar que la Naturaleza se serene.
La fuerza del fenómeno es tal, que sigue una trayectoria imparable, mantiene ahora mismo en alerta a países geográficamente lejanos del epicentro de la tragedia, pero que podrían verse igualmente desolados por los efectos de estas gigantescas olas, que anegan y destruyen cuánto encuentran a su paso, sin que toda la tecnología de última generación, pueda atajar la cólera incontrolable del fenómeno.
A pesar de ser uno de los territorios arquitectónicamente mejor preparados contra los movimientos sísmicos, las imágenes que nos llegan, a través de los medios de comunicación, son dantescas y resulta difícil prever qué podría ocurrir en naciones económicamente desfavorecidas, si, como dicen, el devenir de estas gigantescas olas se va haciendo mayor a medida que se van desplazando hacia la tierra.
Coge por sorpresa a la comunidad mundial la magnitud del acontecimiento y habrá que esperar a ver si se cumplen las crudas expectativas que los entendidos en la materia predicen. Sin embargo, es momento de solidaridad inmediata con los afectados y de previsión de los males mayores que pudieran venir, ofreciendo toda la ayuda posible para evitar una situación de caos, que podría superar en mucho a la ocurrida hace tan solo un año, en Haiti.
Parece que empiezan a evacuarse poblaciones completas, antes de la llegada del Tsunami, pero la última hora cuenta que ha tocado las costas de Haway, sin producir daños.
Mantengo esta línea abierta, por si se produjeran novedades, en un sentido o en otro. Quiero esperar que la Naturaleza se serene.

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