Nos ha traído Febrero, un nuevo aumento del paro de casi setenta mil personas, demostrando que, al menos de momento, la tan traída y llevada reforma laboral, que ha destrozado toda la lógica prevista para un gobierno socialista, no sólo nos niega los apetecidos frutos que auguraban sus promotores, sino que incide en nuestras ya maltrechas perspectivas, dejando en la calle a muchas mas personas de las que, probablemente, hubieran permitido las antiguas leyes por las que nos regíamos, antes de que se desatara esta locura reformista.
Mientras, en Libia, se libran duros combates entre los partidarios y mercenarios contratados por Gadafi y los rebeldes revolucionarios, a los que les está costando demasiada sangre, la conquista y rendición de Trípoli.
Sin dejar de lado la preocupación por la gente de los países árabes, ni la inquietud que produce la obstinación imperdonable de los tiranos por conservar el poder, a costa siempre del sacrificio de otros, el mal momento que estamos atravesando aquí, no puede ser tampoco motivo de olvido, aunque nuestros políticos se empeñen en disfrazar todo lo que sucede alrededor con los colores de una paleta preparada para que estos casos, no acaben por desequilibrar la balanza que les favorece, agitando los ánimos de las masas como para empezar a seguir el ejemplo de ir tomando las calles, para recuperar nuestros sustraídos derechos.
Las promesas de nuestro presidente, cada vez se dilatan mas en el tiempo y los puestos de trabajo que iban a empezar a crearse en el segundo semestre del 2010, posponen ahora su llegada hasta el verano del año en curso, evidenciando que las palabras con que tratan de transmitirnos cierta esperanza, son sólo aire, que se difumina confundido con la nube de contaminación atmosférica que cubre nuestros cielos, sin dejarnos ver siquiera, un mísero rayo de luz que nos caliente.
Aprovechando la coyuntura, el líder de la oposición no hace otra cosa que proclamar a los cuatro vientos todos los errores, más que sabidos, del gobierno, compadecerse de los males que nos afligen, en una inusitada posición de cercanía con las doctrinas de una izquierda que siempre desdeñó, y sumar puntos a su favor en las encuestas, sin ver el momento de llegar al poder, pero sin que de su boca salga una sola propuesta que ilustre cuál es su plan, para que los cinco millones de desempleados, puedan recuperar su sitio en un mundo laboral que acabará hecho trizas, si no salimos, de algún modo, del sistema capitalista que nos ahoga.
Huelga decir, que las opiniones de otros grupos políticos, seguramente, existirán, pero nos son, permanentemente escamoteadas, por unos medios de comunicación, claramente partidistas, en uno u otro sentido, de manera que nunca llegan a los oídos de los ciudadanos, que han terminado por considerar cómo uno de sus problemas más importantes, la amoralidad de la clase política, con lo que eso conlleva de desesperación, en la rutina diaria que estamos obligados a soportar.
Será difícil que pueda producirse una regeneración inmediata de la imagen que tenemos de nuestros representantes, y mucho más difícil aún, que pueda producirse un milagro que reduzca la profunda depresión en que se mueven nuestros desocupados, consiguiendo mermar su número, hasta unas cifras que entren dentro de la normalidad.
No sirve darse prisa en buscar mercados en el extranjero para nuestros productos, ni estrechar manos en Europa con la meta de no ser reprendidos por quienes ya empezaron a salir del abismo. No tenemos tiempo, ni ganas, de volver a esperar por si se cumplen las etéreas promesas de nuestros impresentables oradores de pacotilla. Nos han mentido tanto y con tanta asiduidad, que se ha cubierto el cupo de oportunidades para mostrar la verdadera cara del problema.
Soplan vientos de cambio en esta vieja tierra nuestra. A ver si comos capaces de saber cómo encauzarlos y hacia adonde dirigirlos.
Mientras, en Libia, se libran duros combates entre los partidarios y mercenarios contratados por Gadafi y los rebeldes revolucionarios, a los que les está costando demasiada sangre, la conquista y rendición de Trípoli.
Sin dejar de lado la preocupación por la gente de los países árabes, ni la inquietud que produce la obstinación imperdonable de los tiranos por conservar el poder, a costa siempre del sacrificio de otros, el mal momento que estamos atravesando aquí, no puede ser tampoco motivo de olvido, aunque nuestros políticos se empeñen en disfrazar todo lo que sucede alrededor con los colores de una paleta preparada para que estos casos, no acaben por desequilibrar la balanza que les favorece, agitando los ánimos de las masas como para empezar a seguir el ejemplo de ir tomando las calles, para recuperar nuestros sustraídos derechos.
Las promesas de nuestro presidente, cada vez se dilatan mas en el tiempo y los puestos de trabajo que iban a empezar a crearse en el segundo semestre del 2010, posponen ahora su llegada hasta el verano del año en curso, evidenciando que las palabras con que tratan de transmitirnos cierta esperanza, son sólo aire, que se difumina confundido con la nube de contaminación atmosférica que cubre nuestros cielos, sin dejarnos ver siquiera, un mísero rayo de luz que nos caliente.
Aprovechando la coyuntura, el líder de la oposición no hace otra cosa que proclamar a los cuatro vientos todos los errores, más que sabidos, del gobierno, compadecerse de los males que nos afligen, en una inusitada posición de cercanía con las doctrinas de una izquierda que siempre desdeñó, y sumar puntos a su favor en las encuestas, sin ver el momento de llegar al poder, pero sin que de su boca salga una sola propuesta que ilustre cuál es su plan, para que los cinco millones de desempleados, puedan recuperar su sitio en un mundo laboral que acabará hecho trizas, si no salimos, de algún modo, del sistema capitalista que nos ahoga.
Huelga decir, que las opiniones de otros grupos políticos, seguramente, existirán, pero nos son, permanentemente escamoteadas, por unos medios de comunicación, claramente partidistas, en uno u otro sentido, de manera que nunca llegan a los oídos de los ciudadanos, que han terminado por considerar cómo uno de sus problemas más importantes, la amoralidad de la clase política, con lo que eso conlleva de desesperación, en la rutina diaria que estamos obligados a soportar.
Será difícil que pueda producirse una regeneración inmediata de la imagen que tenemos de nuestros representantes, y mucho más difícil aún, que pueda producirse un milagro que reduzca la profunda depresión en que se mueven nuestros desocupados, consiguiendo mermar su número, hasta unas cifras que entren dentro de la normalidad.
No sirve darse prisa en buscar mercados en el extranjero para nuestros productos, ni estrechar manos en Europa con la meta de no ser reprendidos por quienes ya empezaron a salir del abismo. No tenemos tiempo, ni ganas, de volver a esperar por si se cumplen las etéreas promesas de nuestros impresentables oradores de pacotilla. Nos han mentido tanto y con tanta asiduidad, que se ha cubierto el cupo de oportunidades para mostrar la verdadera cara del problema.
Soplan vientos de cambio en esta vieja tierra nuestra. A ver si comos capaces de saber cómo encauzarlos y hacia adonde dirigirlos.

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