Recibidos el sábado en Moncloa, la flor y nata de los banqueros y empresarios más poderosos del país, encabezados por el señor Botín, se han mostrado encantados con el resultado de la entrevista, según se deduce de sus declaraciones posteriores a la prensa. Parece ser que han rogado encarecidamente al Presidente que no contemple bajo ningún concepto la posibilidad de un adelanto de elecciones, ni entretenga al país con cuestiones sucesorias que pongan el peligro el buen funcionamiento de las recién implantadas reformas laborales, que tanto agradan a esta élite vigorosa que tiene en sus manos el destino de esta y otras naciones, ya que en ellos está la decisión de otorgar o no, el crédito necesario que todos precisamos para ir capeando la crisis. Nunca antes se había dado el caso de un amor tan desmesurado por parte de los capitalistas hacia un líder político que, teóricamente, representa a una ideología de corte socialista, cuyos principios fundamentales han estado siempre directamente relacionados con mejorar las condiciones de los trabajadores frente a las exigencias interesadas de la patronal. El dulce encanto que la banca demuestra con Zapatero, sólo tiene una explicación que resulte lógica a los ojos de cualquier observador de inteligencia media y es que, contrariando los fundamentos que mueven su doctrina, lo está haciendo rematadamente mal y se ha colocado en un ángulo diametralmente opuesto al que debiera, deteriorando gravemente los derechos de la clase obrera y protagonizado un incomprensible idilio con los que se empeñan en volver a situaciones propias de un par de siglos atrás, cuando a los asalariados no les quedó otro remedio que organizarse para terminar con la tiranía de la opresión que soportaban, por parte de las clases poderosas. Claramente, si la banca y la patronal aman a Zapatero, Zapatero no es socialista. Si no quieren que Zapatero se marche, es porque están obteniendo beneficios considerables de su gestión y probablemente, dudan que puedan encontrar a otro que prolongue la bonanza con que han sido tratados en esta legislatura, mientras los ciudadanos han visto cada vez mas mermado su poder adquisitivo, llegando incluso a contemplar en algunos casos, como el fruto de su sudor, su sueldo, se ha rebajado para socorrer de urgencia a quienes, a final de año, no han hecho otra cosa que presumir de los jugosos réditos que les proporcionaron sus empresas. Tal y como recibe el presidente a los banqueros en su casa, tal vez le convendría plantearse recibir también a unos cuantos representantes de las personas que formamos parte del país que gobierna. Pero endiosado en la vanidad de codearse con los líderes más importantes de Europa, reniega a diario de sus orígenes doctrinales y relega la voz de los humildes a un plano de silencio, doblegando su situación hasta límites extremos que hacen insoportable la vida de quienes le llevaron, con su voto, al poder. Debiera ser motivo de vergüenza para cualquier líder de izquierdas esta adulación empalagosa recibida de parte del capitalismo y el rechazo contundente de sus propios correligionarios, que reniegan de su comportamiento, rogándole encarecidamente que abandone el poder. Nada hay peor que corromperse por engreimiento, renunciando a los principios que a uno le movieron y perdiendo la dignidad, hasta el punto de no poder reconocerse en el espejo que la sociedad te coloca delante y que refleja una esperpéntica imagen de servilismo febril. Quizá debería preguntarse el señor presidente en qué momento dejó de ser quien era y se convirtió en este absolutista que tenemos enfrente, en contra, y al que tanto engrandecen aquellos de los que siempre abominó. Puede que entonces entendiera el amor desmesurado que ahora le demuestran los únicos que quieren mantenerlo en el sillón de mando y que le asegurarán un puesto en el consejo de administración de cualquier multinacional, en pago seguro a los servicios prestados durante su vergonzoso gobierno.
domingo, 27 de marzo de 2011
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