jueves, 3 de marzo de 2011

Sin que llegue el final

La dependencia petrolífera que padece nuestro mundo, obliga, al fin, a ciertos organismos internacionales a tomar decisiones con respecto al conflicto de Libia, cuando ya resultan irrecuperables las vidas perdidas en ese territorio y mientras continúan los enfrentamientos encarnizados y el éxodo masivo de los que huyen de la violencia, haciendo insostenible la situación para países que, como Túnez, acaban de vivir, con mejor suerte, otra revuelta popular de la que apenas están empezando a recuperarse.
Se ofrece Chávez, como mediador del problema y Gadafi lo acepta, sólo unos días después de que circulara el rumor de que Venezuela estaba dispuesta a ofrecerle asilo, si por fin decidía abandonar el poder, por lo que los opositores, dudan, lógicamente, de que su mediación favorezca sus intereses, dada su declarada amistad con el tirano que los gobierna desde hace mas de cuarenta años.
El derecho internacional quiere juzgar por genocidio a este siniestro personaje, que utilizando en su favor la hambruna que sacude ciertos países africanos, se dedica a contratar mercenarios capaces de cargar contra su propio pueblo, mientras interviene periódicamente en espacios televisivos, amenazando proféticamente con interminables guerras civiles, a quienes se atrevan a desafiar su mandato e intentando colocar el cartel de instigador de la revuelta a un terrorismo islámico que poco tiene que ver con la miseria que sacude a, sus, hasta ahora, sacrificados súbditos, y privando de la libre circulación a cualquiera que intente ofrecer una imagen objetiva del conflicto a un mundo asombrado por lo que es capaz de hacer un solo hombre para no renunciar al privilegio del poder.
Parece que la OTAN se prepara para una posible intervención militar en la zona, suponemos que con el beneplácito de Naciones Unidas, y que se ha comenzado a negociar con los rebeldes las cuestiones de combustible, que son, en el fondo, lo que interesa verdaderamente solucionar, para que podamos continuar con nuestras cómodas vidas burguesas, sin ser incordiados por actos tan desagradables como los que suceden ante nuestros ojos y que tan lejos quedan de Occidente, de no ser por la relación financiera que con ellos mantenemos.
No es creíble que nada se pueda hacer para terminar con este horror que martiriza diariamente a miles de seres humanos. Son tan potentes los medios que poseen los países del primer mundo, que cuesta creer que un lunático pueda permanecer en su fortaleza de oro, impune a las medidas de presión de los que tienen la sartén por el mango y enrocado en su loca obstinación de seguir masacrando inocentes, sin posible solución.
Qué curioso, que la larga mano de la justicia partidista de los que gobiernan el mundo, haya sido capaz, tantas veces, de poner fin a la vida de auténticos hombres de buena voluntad, utilizando subterfugios múltiples de dudosa procedencia, y ahora, dejen pasar el tiempo, sin atender la llamada universal que les pide que acaben con esta espiral de violencia, que se ceba con los inocentes, en número incontable.
Algo huele a podrido en estas relaciones que se mantienen con el tirano libio. Tal vez no interesa un cambio de poder en esta tierra, por si cambian las condiciones políticas y económicas de la zona. de un modo que perjudique a los gigantes que gobiernan las grandes empresas y comience un ascenso, más que merecido, de una nueva élite que desequilibre el orden establecido por el sistema capitalista.
Ya veremos. Por cierto, Israel mantiene un sospechoso silencio. Es extraño que estando tan cerca, no tenga mucho que decir.

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