domingo, 20 de marzo de 2011

La comparación inmediata

Ni dos minutos ha tardado la derecha española en comparar el apoyo de Zapatero a la guerra de Libia con la foto de las Azores y en elaborar el argumento de que tan necesaria es esta intervención como lo era la de Irak, dado que la tiranía de Gadafi es calcada a la que Sadam Husein practicaba, en el momento en que Bush decidió tomar cartas en el asunto.
Era de esperar que su prisa electoral los traicionase en este sentido y los hiciese caer en el gravísimo error de recordar un pasado que, vista la desmemoria de los votantes, probablemente era ya un cadáver enterrado y olvidado por la inmensa mayoría.
Pero quieren llegar con honores a la victoria y aún siguen removiendo feos asuntos como la autoría de los atentados de Madrid y ahora éste, sin alcanzar a ver que si la gente pone a funcionar sus recuerdos, el efecto rebote de las continuos anzuelos lanzados, puede volverse en su contra a modo de abstención o de voto a “esos partidillos”, a los que no les dan la menor importancia.
Es seguro que recibirán todas las explicaciones que precisen cuando Zapatero intervenga en el congreso, pero yo, que a pesar de la edad conservo nítida mis capacidades memorísticas, podría hacer una serie de precisiones que desmontaría de un plumazo este afán comparativo que corroe las venas populares impidiéndoles controlar la lengua.
Para empezar, la intervención de Irak se inició cimentándose en una gran mentira: la de las armas de destrucción masiva que se inventaron Bush y Blair, quizá en uno de esos encuentros rancheros en que se ponían los pies sobre la mesa, y a la que enseguida se adhirió Aznar, corroído por los celos de no formar parte de los invitados de Texas y atraído por el glamour del protagonismo de los reportajes fotográficos que colocaban a estos nefastos personajes en todas las rotativas del mundo.
Después siguieron los encuentros, los apretones de manos, las familiaridades y la adquisición de deleznables acentos lingüísticos que todos recordaremos, sólo con echar la vista atrás, los ruegos de las Naciones Unidas para que retrasaran la intervención armada, las multitudinarias manifestaciones del pueblo español en contra de la guerra y la cerrazón en banda del ex presidente a perder los nuevos amigos que había adquirido, pagando por ello más tarde el altísimo precio de los atentados de Madrid, la ocultación consciente de la información que sobre ellos barajaba y la pérdida de unas elecciones que habría ganado sin esfuerzo.
Esto de ahora, aclaro sin entrar en valoraciones personales, es una resolución adoptada legalmente por el organismo internacional, basada en la terrible visión de los acontecimientos que se están produciendo en Libia y que están costando las vidas de unos civiles cuyo único delito ha sido el de manifestarse en exigencia de derechos fundamentales que por ser personas, les corresponden. Nadie ha hablado aquí de armas ocultas, sino de bombardeos visibles, de víctimas reales, de genocidio y otras atrocidades que han podido ser comprobadas in situ por testigos directos de los hechos acaecidos en territorio libio.
Huelgan pues, las odiosas y maledicientes comparaciones populares, que vuelven a presumir equívocamente la ignorancia de un pueblo, el nuestro, que afortunadamente se haya a años luz de la supina ignorancia que tan grata resulta a las derechas, para poder alcanzar sus fines sin que nadie pueda replicarles.
Puede que mucha gente haya perdido la oportunidad que se le brinda de adquirir educación, pero otra la aprovecha, se preocupa de lo que ocurre alrededor y almacena en el recuerdo cuanto acontece en su entorno, sobre todo para poder rebatir las mentiras que tratan de colarle los unos y los otros, en un intento descarado de manipular su libertad de elección en las urnas.
No vendría mal a los populares un poquito de recato y silencio porque si la aireada foto de las Azores vuelve a las páginas de la prensa, a lo mejor las encuestas empiezan a serles un poco menos favorables.


1 comentario:

  1. El problema es que, desgraciadamente, y tal como se ve en el caso del Partido Popular, lo que parece importar menos en todo esto son las personas, lo que les ha pasado y, aún peor y más incierto, lo que les va a pasar. Es indudable que habrán de pagar su salvación con su propia libertad. Que Alá los ayude.

    ResponderEliminar