miércoles, 16 de febrero de 2011

Unos suecos muy locos




Mi nueva amiga Marie, que ha venido desde Suecia con su familia, deseosa de estar España, para practicar el idioma y conocer de primera mano nuestras costumbres, me sugiere el título de mi artículo de hoy, mientras hacemos una visita rápida a Sevilla bajo una lluvia infernal, que desluce casi todo el recorrido y acaba, de un plumazo, con la leyenda del maravilloso sol de Andalucía, como si no hubiera terminado todavía el diluvio universal.
Ya sabéis que yo me declaro ciudadana del mundo y que disfruto enormemente de estas mezclas culturales tan enriquecedoras para todos y de tener la oportunidad de aprender de cada persona que se cruza en mi camino, a la vez que de compartir lo que podamos aportar a sus vidas desde este rincón del planeta que se me antoja maravilloso.
Me ha sorprendido gratamente la alegría desbordante de estos nórdicos tan marchosos, que para nada se corresponden con el carácter frío que se les atribuye en nuestro país y que arden en deseos de confraternizar con nosotros, sin dejarse influir por ninguno de los prejuicios que se tienen de Andalucía, y, por añadidura, de España.
A pesar de la broma de la locura reflejada en el título, he de decir que hemos pasado un magnífico día juntos y que ha sido asombroso descubrir la cantidad de temas que somos capaces de tener en común y cómo coinciden las inquietudes que nos mueven, rompiendo todas las fronteras que nos separan, incluso las del idioma, haciendo que la conversación haya sido en todo momento, una simple charla de amigos que se reúnen, en algún lugar, para hablar de sus cosas.
Agradezco a la vida que, a pesar de la edad, aún me permita tener la oportunidad de conocer a gente interesante con la que aunar lazos a lo largo del tiempo, hasta hacerlos parte de mí entorno, que nunca cesará de agrandar horizontes ni pondrá freno a la ilusión de ser un poco más feliz, con la ayuda de otros.
Y es por esto, que a veces no entiendo la crispación permanente en que nos movemos en este mundo nuestro, ni la obstinación de establecer líneas divisorias entre los hombres, limitando sus posibilidades de engrandecimiento personal.
Es verdad que nos han tocado tiempos difíciles. Por eso, es una suerte que a veces nos toque la magia de determinados momentos, que nos hagan recordar la receta que necesita la humanidad para seguir adelante.
Puede que compartir ciertas dosis de locura, después de todo, no sea más que una brillante idea.




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