martes, 8 de febrero de 2011

Historias de sondeos

He de reconocer que nunca he acabado de entender los resultados de las encuestas. No se si es que la forma de preguntar no es la correcta, o si las respuestas de los encuestados derivan por los cerros de Úbeda ofreciendo unos resultados extrañamente peculiares, que en nada concuerdan con las deducciones finales de las empresas que las realizan.
En plena precampaña electoral, los últimos sondeos otorgan una ventaja de diez puntos al PP, sobre el partido ahora gobernante, que se queda, según los datos, con un treinta y cuatro por ciento de los votos, algo, por otra parte, ya previsto, dada su actitud para con los trabajadores y el resultado económico de su gestión, que ha dejado en la calle a mas de cuatro millones de personas.
Pero curiosamente, y cuando debiera considerarse su mejor momento, Mariano Rajoy no alcanza el aprobado, a criterio de los encuestados, quedando situado en este ranking de líderes, en una posición sospechosamente cercana a la del presidente Zapatero, como si no acabara de contar con la confianza del electorado que declara abiertamente la intención de votar a su partido.
Y además, como añadiendo elementos a la incógnita, aunque los socialistas perderían mandato con una caída en picado, digna de ser estudiada por los expertos, el vicepresidente Rubalcaba, se hace con el número uno de las preferencias de los ciudadanos, en una forma de rizar el rizo, que no acaba de convencer ni al más ignorante de la clase.
Por delante del líder popular se sitúan igualmente, Carme Chacón y Rosa Diez, que debe estar frotándose las manos con esta manifestación espontánea de amor que le dedica el respetable y haciendo cuentas, por si los pronósticos se cumplen y se cuela como tercera en discordia en los resultados electorales.
Si las respuestas de los encuestados están bien reflejadas, parece un absurdo que quien piensa cambiar su intención de voto hacia la derecha, prefiera sin embargo al superministro del gobierno del que abomina y como segunda opción a la ministra de Defensa, e incluso a la señora Diez, en lugar de estar encantado con quien lidera el partido al que otorgará su confianza, que queda hecho unos zorros a los ojos atónitos de los que aún no tienen decidida una opción política concreta.
Puede ser que todo responda a la terrible decepción que se expande por nuestras tierras aniquilando la imagen que de la clase política teníamos, e igualando en la mala opinión a los unos y los otros, sin distinción de la ideología que representan, como si hubiera desaparecido cualquier esperanza en cualquiera que haya elegido como profesión una política, realmente alejada de las necesidades de la calle y sumida en un mundo paralelo con otras aspiraciones que escapan a nuestra inteligencia.
Y puede, que al final todo se reduzca a una elección personalizada de candidatos, en oposición frontal con el sistema de listas cerradas imperante en nuestro país, como en un acto reflejo de rebeldía popular contra los protagonistas absolutos de la película bipartidista.
Seguramente, Zapatero no volverá a presentarse a las elecciones, pero, a la vista de los resultados de las endiabladas encuestas, queda claro que el señor Rajoy, tampoco debiera hacerlo.



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