martes, 22 de febrero de 2011

Dioses de barro

La imagen aterradora de Gadafi, amenazando a su propio pueblo con el fantasma de la guerra civil, mostrando su esperpéntica figura endiosada, con un discurso ajeno a toda racionalidad lingüística, enfundado en sus símbolos étnicos mientras se escuda en las más terribles matanzas ocurridas en nuestra reciente historia, como excusa a su militarizada intervención sobre las multitudes desarmadas, que reclaman justicia en su territorio, impide que las palabras acudan a mi mente, tratando de hilar un argumento sólido que pueda describir el asco y la indignación que me produce tamaño despropósito.
La culpa es de los que se encargan de enaltecer la vanidad de estos líderes, sin advertir que de tanto hacerlo, producen en ellos un sentimiento erróneo que los lleva a considerarse a sí mismos, divinos salvadores en posesión de una verdad, de la que a menudo suelen carecer, y que los encumbra impidiendo que sean capaces de descubrir cómo se acerca su declive, transformando el amor fingido, en un odio ancestral que reclama, sin que quieran oírlo, su marcha.
Llama Gadafi “perros” a los informadores que se atreven a permanecer bajo el fuego que ordena, porque descubren con sus noticias el presente inmediato que se desarrolla bajo su mando, asombrando al mundo con los reportajes gráficos que logran burlar la férrea censura impuesta, traspasando las fronteras de su tiranía.
Como un animal acorralado, lanza sus afiladas garras al aire, sin importar las nefastas consecuencias que sus acciones puedan provocar, en un intento desesperado de aferrarse a un poder que le ha reportado jugosos beneficios, durante más de cuarenta años, llamando a sus partidarios a la extinción inmediata de cuántos osen alzar la voz en su contra, en una cruzada santa cuyo dios es el reflejo de su propia imagen dolorosamente egocéntrica.
El caos informativo que se cierne sobre este asunto, evita al resto de la humanidad la contemplación de escenas, que, sin duda, herirían profundamente la sensibilidad de cuántos deseábamos una pronta resolución del conflicto. Algunos compatriotas que aún no han podido salir del país, aseguran que ciertas ciudades han sido tomadas por el pueblo, que está empezado a armarse, tras asaltar cuarteles y comisarías, en previsión de que la represión que se les viene encima, será larga, cruda y violenta.
El gobierno del terror, instalado en las calles libias, sin insinuación siquiera, de una posibilidad de diálogo, no nos permite estar en otra parte, ni atender como prioritarias otras noticias, que no sean las de preocuparnos por la suerte que han de correr los que decidan arriesgarse a continuar en la lucha por sus usurpados derechos,
Carece de toda importancia, cualquiera de las pantomimas pre electorales de nuestros manidos políticos e importa poco, incluso, nuestro destino, frente a la mecha encendida que amenaza con el exterminio de un pueblo, sin que nadie levante la voz por detener tamaño desatino.
No voy a pedir disculpas a mis lectores por incidir en el tema un día tras otro. Me es imposible apartar la mirada de esta pobre gente que no merece la suerte que les tocó vivir, porque el azar no los colocó, por ejemplo, en mi sitio, o en el vuestro.

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