lunes, 14 de febrero de 2011

Excusatio non petita




A la espera de lo que pueda suceder en otros países del Magreb en los próximos días, y tras un breve receso en compañía de amigos muy queridos, me coloco delante de la pantalla nuevamente, reconociendo que hoy es uno de esos momentos, en que no sé qué tema elegir.
Suenan en el ambiente de mi ciudad, los ecos del espejismo que trata de vender a los suyos el presidente Zapatero, augurando victorias electorales que no llegarán y escudando sus espantosas medidas económicas en un conocimiento tardío de la crisis, que achaca por entero a la desinformación del propio FMI, en su momento dirigido por un Rodrigo Rato, que se limita a no contestar a las preguntas que se le hacen, con la astucia de esperar en su madriguera que pase el terremoto informativo para resurgir de sus cenizas.
Tiene este presidente nuestro un cariz de simplicidad, en el sentido peyorativo de la palabra, algo llamativo para la inteligencia de cualquier interlocutor que ponga atención a sus palabras, y que ofrece unas excusas no pedidas que no hacen otra cosa que demostrar su manifiesta culpabilidad y su nefasta gestión de la economía para los intereses de los trabajadores.
No sé siquiera si sus adeptos mas furibundos son capaces de tragar la amarga píldora que les ofrece, pero el pueblo llano hace ya tiempo que se situó a una distancia insalvable de sus intenciones y se niega a ser el coro que secunde su desafinada melodía, negándose a acompañarle en su estrepitoso fracaso.
La soberanía de las urnas, que tan bien conoce de primera mano Zapatero, desde que le otorgaron el poder en un castigo contundente hacia su americanizado predecesor, será sin duda, quien se encargue de apearle de su particularísima realidad, en cuanto llegue el momento de hacerlo.
Tal vez se lleve el desengaño de su vida cuando compruebe que todas sus promesas de victoria quedan hechas jirones en los comicios, pero lo que es seguro, es que la voz de los que le escuchamos sin poder intervenir, hablará demostrando, que los errores se pagan inexorablemente.
Nos quedará el sabor amargo de no haber podido explicarle de frente y en primera persona, todo aquello que nos ha trastocado la vida durante su mandato, pero la seguridad de que le costará tiempo y lágrimas volver a situar a su partido en primera línea de fuego, será suficiente recompensa para nuestro obligado silencio, induciéndole tal vez a pensar, ahora sí, que sus errores fueron imperdonables.
Es verdad que para muchos de nosotros, la opción que se nos viene encima, seguramente será mucho peor, pero al no esperar desde siempre su ayuda, dada su afinidad con los capitalistas, lo asumiremos como normalidad y lo combatiremos con la fuerza de estar luchando contra quien nunca estuvo del lado de la clase obrera.
Y desde luego, la historia futura se encargará de situar en su sitio a quien se atrevió a desestimar cualquiera de los principios de su supuesta ideología, igualándose con los que militan en el bando de los poderosos, siendo cómplice de sus desvaríos de opulencia y condescendiendo hasta el servilismo con sus nefastos dictados globalizadotes.
Puede buscar las excusas que quiera, pero si duda de la inteligencia de los futuros electores de este país nuestro, es que verdaderamente no ha llegado a comprender el avance que hemos sido capaces de ganar, desde que la democracia se instaló entre nosotros. Su ignorancia de la realidad circundante, perdónenme, parece no tener límites ni cordura.

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