Aterriza en nuestro país la madrastra de Cenicienta, enfundada en un traje sastre de corte masculino, esbozando una sonrisa cómplice mientras camina al lado de su fiel Zapatero mascullando en su idioma bárbaro oriundo, que la reforma laboral recientemente aprobada, está bien, pero estaría mejor, si las subida de sueldos de los trabajadores estuviera en relación directa con su productividad, y no con el índice de precios al consumo, como hasta ahora se viene haciendo.
Se le adivina el don de mando bajo la rigidez de su rostro, consciente de estar liderando, junto a su aliado francés, una recuperación europea que sólo a ellos favorece y demuestra ser la alumna aventajada de la doctrina capitalista, insaciable en su afán de posesión, sin dar oportunidad a considerar otros caminos, a los sufridores de la crisis que tuvimos la mala suerte de caer embelesados bajo los oropeles del ladrillo.
Cuenta la feria según le va, presuponiendo que nuestro poder adquisitivo va por la línea del de los alemanes y que nuestra idiosincrasia acabará pareciéndose a la sajona, si consentimos en obedecer como corderos a sus órdenes hitlerianas.
No extraña la dureza de esta mujer, que procede de uno de los pueblos con más capacidad de recuperación de la historia, y cuya militancia siempre estuvo al lado de las derechas, pero el idilio que pretende con ella nuestro presidente socialista, raya en la chabacanería de lo incomprensible y machaca las creencias de los votantes de izquierdas, que le otorgaron su confianza, por segunda vez, hace ahora tres años.
Dicen que viene ofreciendo ochocientos mil puestos de trabajo especializado para nuestros jóvenes, no se sabe si porque los suyos carecen de preparación, o como estrategia para dejarnos sin cabezas pensantes que puedan oponerse en la calle a sus disparatados planes económicos y sociales.
Pero aquí la reciben a bombo y platillo, y le admiten con complacencia los halagos baratos que dedica al servilismo que con sus dictados han tenido nuestros políticos, como si se tratara de una super estrella infalible, que nos trajera la solución a las largas colas del INEM y llenara la cesta de la compra de nuestros cuatro millones de parados con sus ideas milagrosas.
Sin embargo, a gran parte de la población le resulta grotesca la imagen bucólica del “todo va bien, misión cumplida”, que, según fuentes gubernamentales, nos permitirá empezar a crear empleo en el segundo semestre de este año.
De momento, a pesar de los azotazos de la madrastra, de la obediencia extrema a sus sugerencias y de la adulación de hoy hacia las medidas adoptadas, los despidos se siguen produciendo, la juventud sigue sin horizonte de futuro y el pueblo está que trina, con esta injerencia permanente en los asuntos de un estado, que está muy lejos de parecerse en nada al de la señora Merkel, afortunadamente, en muchas cosas.
Es por eso, que mientras los alemanes que han llegado se dedican a los placeres que les ofrece nuestra maravillosa tierra, entre reunión y reunión, los ojos de los trabajadores españoles, miran con esperanza y atención a los sucesos de Egipto y una voz interior grita con toda la fortaleza posible: Adelante.

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