jueves, 17 de febrero de 2011

Il pagliaccio

Resulta difícil describir la situación que se vive en Italia bajo el mandato de Berlusconi y, de hecho, sus vergonzosas andanzas se han visto estos días eclipsadas por los levantamientos en el Magreb, pasando a un discreto segundo plano en las noticias internacionales, aunque en su tierra natal estén padeciendo un verdadero terremoto político.
Este caricaturesco personaje, visitante asiduo de los cirujanos plásticos, metido en negocios sucios y fraudulentos, amigo declarado de dictadores y fascistas, viejo verde que denigra a las personas de su edad con escarceos sexuales de dudoso gusto y manipulador de jueces y leyes a cara descubierta, está provocando con su actitud, multitudinarias manifestaciones de mujeres que se oponen radicalmente a que permanezca un minuto mas en el poder, aunque continuamente son ultrajadas por las opiniones más sexistas que ningún mandatario actual se haya atrevido a expresar, sin ser cuestionado de por vida en los foros internacionales.
Cuenta, sin embargo, con curiosos apoyos, como el de la Iglesia Católica, que ha limitado sus críticas a suaves tirones de orejas frente a actitudes de pederastia de las que debiera abominar radicalmente, si quiere mantener su gallardo puritanismo frente a sus sufridos feligreses.
Cierto es, que su designación presidencial procede de unas urnas que inexplicablemente lo eligieron, pero su deplorable trayectoria, las múltiples causas abiertas que se ha encargado de eludir hábilmente con subterfugios y engañifas, sus abusos de autoridad manifiestos y la descarada desvergüenza con que se mofa de las instituciones y de las personas, sin duda merecen que instancias superiores se encarguen de apearlo de su pedestal de engreimiento, a la vez que de someterlo a un castigo ejemplarizante, que le recuerde que nadie es omnipotente ni eterno, por muchos recursos económicos que acumule.
Ahora busca alianzas con ligas neofascistas, cercanas a su propia ideología, en aras de volver a promulgar leyes que lo acoracen frente a las manos de la justicia y lo hace, erigiéndose como Dux de una interesada cruzada que no respeta los principios fundamentales de la Democracia y que incluso cuestiona los derechos innatos de las personas a la libre expresión de su pensamiento.
Su idea carpetovetónica de la mujer, considerada como ser inferior al que utilizar con fines sexuales, al que comprar irreverentemente, sin tener en cuenta si ha llegado siquiera a la edad adulta, para exhibir con exaltación su propio machismo, debiera ser ya considerada como flagrante delito y ser suficiente para llevarle de cabeza al banquillo de los acusados, del que sin duda, saldría esposado y en dirección a la cárcel más cercana.
Siento discrepar de todos aquellos que en su día le aplicaron el apelativo de Il Cavalieri, porque, realmente, hay otro que define a la perfección lo que en este momento representa: Il pagliaccio.

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