miércoles, 28 de febrero de 2018

La trampa de Montoro



En cuanto las calles del país se han llenado de pensionistas indignados, en un movimiento impredecible, que cada vez recuerda con más fuerza a las manifestaciones del 15M, al Partido Popular se le han encendido todas las alarmas y el sólo pensamiento de que podría perder a una gran parte de los que habían sido hasta hora sus electores, debe haberle aconsejado la urgente  necesidad de encontrar una salida a este problema, que se ha enquistado en las venas de una Sociedad, harta de la inacción de un Gobierno que ha no sólo ha vaciado la hucha de las pensiones, sino que ha tenido el atrevimiento de sugerir a los mayores que se procuren planes privados, creando una incertidumbre colosal en este colectivo que abarca a más de nueve millones de ciudadanos y que en su mayoría, pasa auténticos apuros para cubrir las primeras necesidades, que toda persona tiene.
Apoyándose en la idea de que un buen número de nuestros mayores, carece  de la Formación necesaria para entender al pie de la letra los asuntos de la Economía y sin tiempo para urdir otro plan, a causa de la repercusión que están teniendo estas manifestaciones semanales, en todo el territorio nacional, a Montoro se le ha ocurrido lanzar un anzuelo, en el que promete una rebaja fiscal, aún por determinar, a todos aquellos jubilados que pasen de los ochenta años y que ha sido, inmediatamente rechazado por los asesores con los que cuentan los colectivos en lucha, al representar una trampa monumental, pues sólo afectaría a una mínima parte de los perceptores de pensiones y no sólo por razones obvias de edad, sino también porque una buena parte de ellos, se encuentra exenta de hacer la declaración de la renta, al no alcanzar los doce mil euros anuales, que para ello se exige.
La indignación ha subido de tono, al comprobar que como en otras ocasiones, los populares no tienen el menor reparo en tratar de aprovecharse de los  más débiles y han sido innumerables, las voces de expertos economistas que se han apresurado a informar a los afectados de lo que supondría para ellos, la aceptación de tal propuesta, dejando meridianamente claro que esta no es la solución al problema que  les aflige y que habría que evitar por todos los medios, que tales medidas se apliquen.
A esta denuncia, se han unido también los Partidos de izquierdas, que defienden, esta vez al unísono, la viabilidad de una subida que se corresponda con la del IPC, para todos los pensionistas españoles y que abominan del intento del Ministro Montoro, que en cierto modo trata desesperadamente de dividir a los jubilados, para frenar el estallido social que están protagonizando y que ya ocupa las primeras páginas de los grandes periódicos del mundo.
La indignidad de sacar partido a esta coyuntura, que ha sobrevenido por un problema real que sufren, en carne propia, nuestros mayores y que viene dado por la espantosa gestión que llevado a cabo el Gobierno de Mariano Rajoy, tras hacer trizas en 2013, lo acuerdos del Pacto de Toledo, puede dar una idea de la catadura moral  que caracteriza a los Ministros conservadores  y ofrece a los españoles un motivo más, para no volver a votar a este Partido Popular, que brega a duras penas, atrapado entre la corrupción, el separatismo y las consecuencias de sus políticas de recortes y que no sabe o no desea resolver la precariedad laboral que nos ha traído su famosa Reforma estrella, dejándonos un rastro de inestabilidad  permanente, que no terminará hasta que no abandonen un poder que quizá no debieron ganar jamás, a la vista de las circunstancias que vivimos.
Ahora que Ciudadanos parece haberse descolgado de la tutela de Rajoy y se atreve a dar pasos al frente buscando un adelanto electoral que conviene a sus intereses de Partido, sería un buen momento para que las Formaciones de izquierdas hicieran el esfuerzo de unirse para librar una batalla final y presentaran una moción de censura que, tal vez, hasta podría contar con el apoyo de un Albert Rivera, que sueña día y noche con la oportunidad de alcanzar la Moncloa, obviando que en esto de la política, nada está escrito de antemano, ni es para siempre.
Lo único que podría afirmarse, sin margen de error, es que el PP atraviesa el que ha sido hasta ahora, el  peor de sus momentos y que la vieja derecha, se tambalea de un lado a otro, a la espera de que una ráfaga de malos vientos, consiga derribarla, el día menos pensado, con deshonor y sin probabilidad de recomponer la imagen que han dejado en el corazón de los ciudadanos de un país, harto hasta la saciedad, de que se juegue con sus sentimientos.
Puede que sean los mismos que supieron dar el paso hacia la Democracia, los que consigan ahora el milagro de volver a cambiar el Sistema, ofreciendo esta vez, a los jóvenes que les siguieron, toda una lección de cómo se puede gestionar la libertad y sobre todo, de la importancia real que tiene la fuerza de los votos, cuando ya no se puede más y se necesita abrir las ventanas para respirar aire puro, si no se quiere morir asfixiado, por el olor a podredumbre que corroe los cimientos de nuestra propia casa.

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