miércoles, 21 de febrero de 2018

Un himno excluyente



Nunca sabremos si  Marta Sánchez era consciente de la polémica que iba a levantar su interpretación del himno nacional, al que había puesto letra, en un concierto, pero lo cierto y verdad, es que el momento político que atravesamos es proclive a que se generen reacciones, que quizá en otras circunstancias, nos parecerían exageradas y a nadie puede pues extrañar, la polvareda que se ha levantado en la red, en cuanto a alguien se le ocurrió la feliz idea de subir el vídeo de la actuación,  repartiendo a partes iguales a defensores y detractores, según la ideología política que profesen.
Lo cierto es que los principales líderes del PP y hasta el mismo Rajoy, se han declarado desde el primer momento, admiradores del mensaje que expresa la cantante y también los de Ciudadanos, que hace ya tiempo que se auto proclamaron adalides de la españolidad, se han sentido auténticamente emocionados con la idea de que finalmente este himno, que hasta ahora era sólo tarareable, pueda ser cantado a voz en grito y con la mano en el pecho, si hace falta, en cualquier ocasión en que sea necesario, por la razón que fuere.
No han tardado en surgir voces como la de González Pons o Cristina Cifuentes, proponiendo que Marta interprete su recién estrenada canción, en la final de la Copa del Rey, que por si alguien no lo sabe o lo ha olvidado, será por cierto, disputada por el Sevilla y el Barcelona, en el campo del Atlético de Madrid, para más señas.
La propuesta, que encierra un poco de mala intención, pues todos sabemos que cada vez que el Barsa juega una final de este tipo, se lía parda con los abucheos al Rey y a la bandera española, ha debido sentar a cuerno a los cientos de miles de independentistas y ya les digo yo que si finalmente se produce la actuación, habrá necesariamente enfrentamientos entre aficionados de uno y otro Club y no precisamente, por razones meramente deportivas.
Todos sabemos, sin embargo, que estas provocaciones sin sentido gustan y mucho, en las filas de los conservadores y que no pierden ni perderán jamás la ocasión de presumir de una españolidad que para otros muchos de nosotros resulta ciertamente obsoleta y caduca, pues las guerras de banderas y símbolos y en este caso particular, de himnos, nunca han traído a este país más que preocupaciones y rencillas, puesto que nuestra visceralidad nos hace ser bastante irracionales y nos falta templanza para dar a este tipo de cuestiones, la importancia que realmente tienen.
Pero al PP, le ha venido de perlas la aparición de esta letrilla improvisada, un tanto cursi y sin ningún trasfondo, elemental en todo buen himno que se precie, para sacar de nuevo a la palestra, ese orgullo hispano ancestral que les acompaña permanentemente en el corazón y el estilismo y que tanto revienta a otros ciudadanos que poseen un sentido de patria menos hortera y provocador, aunque hayan nacido en esta misma tierra y amen a su país, igual o más, que quienes lucen gomina, cinturones y pulseras con banderita.
Así que si a Rajoy y los suyos les parece bien esta idea, que lanzan como a la ligera Pons y Cifuentes, el himno se cantará, aunque luego haya que lamentar los enfrentamientos que se produzcan o arbitrar un dispositivo policial especial que controle lo que ocurra dentro y fuera del estadio, que por cierto pagaríamos, otra vez, todos los ciudadanos.
Me van a perdonar, pero la señora Marta Sánchez, no ha elegido bien el momento y aunque ignoro, porque no me importa su vida, a qué corriente ideológica pertenece o si, como parece, siente devoción por la rojigualda y dolor porque nuestro himno careciera de letra, lo cierto y verdad es que el mensaje que lanza, más que promover la unidad, propicia la separación de la gente, en unas circunstancias especialmente delicadas, que como todos sabemos, está costando mucho trabajo solventar.
Si de eso se trataba, que lo diga y si no, en su mano estará negarse taxativamente a ser instrumentalizada por la derecha, dejándose manipular y calificar, seguramente para siempre, pues en este país, afortunadamente, existen más opciones políticas que las que representan Rajoy o Rivera y no todos tenemos que pensar, necesariamente, del mismo modo, ni adorar hasta el fanatismo esos símbolos patrios, que vistos desde este ángulo tan particular, la verdad, no sentimos como nuestros.

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