Medios de comunicación afines a la derecha, afirmaban ayer
que un 60% de los afiliados y votantes del Partido Popular desearían que
Mariano Rajoy no volviera a presentarse como candidato a la Presidencia,
porcentaje que alcanza un 85%, si la consulta se extiende al resto de los
ciudadanos del país y casi roza el 100, si los que contestan a la pregunta
viven dentro de Catalunya.
Este convencimiento, que manifestado de manera tajante por una buena
mayoría de españoles podría tener una explicación bastante lógica, si se tiene
en cuenta la permanente sospecha de corrupción que se cierne sobre la persona
del Presidente de Gobierno, sorprende sin embargo, cuando proviene directamente
de las filas conservadoras y hace temer que la manera en que se ha dirigido el
PP, en los últimos tiempos y el modo en que se han gestionado los graves
problemas surgidos a su alrededor, en muchas ocasiones, por su causa, ha
conseguido desanimar a todos aquellos que hace sólo unos años llenaban las
plazas de toros vitoreando a este político, que siempre careció de carisma,
pero que consiguió aglutinar en torno a su figura, a una buena parte de los
líderes que por aquel entonces, le acompañaban en la aventura de poder
destronar a un Zapatero, hundido por el error de haber abandonado ante los
electores, sus más elementales principios.
Todo fue bien, mientras se conservó una mayoría absoluta y se
pudieron ir aprobando sin ninguna posible oposición, medidas y Decretos que
fueron mermando la calidad de vida de los ciudadanos, aunque para no mentir,
habría que recordar que Mariano Rajoy nunca contó con el beneplácito de aquella
parte de su Partido que había convertido a José María Áznar en una especie de Dios al que seguían, por supuesto
también, en sus decepciones.
Pero, he aquí que empezaron a destaparse ciertos casos de
corrupción, en los que las implicaciones directas de primeras figuras
conservadoras, se hicieron mucho más que evidentes y que alcanzaron su punto
álgido, cuando aparecieron los papeles de Bárcenas y todos pudimos comprobar
que el ya famoso M. Rajoy, aparecía en la lista de perceptores de sobres de
dinero negro.
El error de tratar de dilatar el asunto hasta que llegó la
siguiente legislatura, supuso un antes y un después en el panorama político de
nuestro país, pues el nacimiento de dos nuevos Partidos, Ciudadanos y Podemos,
con gente joven a la cabeza y su entrada torrencial en un Parlamento, hasta entonces dominado por el
bipartidismo, puso de manifiesto la urgente necesidad de tener que propiciar
acuerdos para obtener el poder, en contra de lo que había venido sucediendo,
desde hacía muchos años.
La gestión de la crisis catalana y la evidente pasividad
demostrada por este flemático Rajoy, mientras el independentismo se iba
haciendo fuerte sin remedio, consiguió lo que no habían logrado ni la
corrupción ni la durísima política de recortes y la fidelidad de los votantes
de la derecha, se fue agotando al mismo ritmo que su paciencia, mientras
empezaban a comprender que existía otra opción de voto que respetaba igualmente
la naturaleza de sus principios y que contaba además, con un líder limpio de polvo
y paja y mucho más resolutivo en sus
acciones de lo que jamás había sido el que todavía es nuestro Presidente.
Ese líder, Rivera, joven y ambicioso dónde los haya, capaz de
cambiar en un instante de compañeros de
viaje y dispuesto a dar la batalla, hasta las últimas consecuencias, con tal de
llegar al poder, se había ido labrando un camino a base de apoyar las
propuestas conservadoras, a lo largo de toda la legislatura, consiguiendo de
este modo ganarse la confianza del receloso Mariano Rajoy, haciéndole creer que le
seguiría con una lealtad casi eterna, mientras preparaba minuciosamente un
salto de fe, que vino propiciado por la posición adoptada por su Partido,
durante la crisis de Catalunya.
Nadie, había conseguido hasta ahora engañar tan rotundamente
a Rajoy, hasta llevarle al borde mismo del abismo, ni nadie, en tan poco tiempo,
había jamás cambiado tan radicalmente de enemigo político, ni atacado tan
repentinamente a los mismos con los que habían llegado a formar una sociedad,
en buena parte del territorio en el que vivimos.
Los resultados de las encuestas, demuestran fehacientemente
que la jugada le ha salido a Rivera redonda y concluyente y que su ascendente
popularidad, ha de basarse sin ningún género de dudas, en encontrar una manera
de acabar con Rajoy, que curiosamente nada tendrá que ver en este caso, con la
oposición de la izquierda.
Forjando una nueva derecha española y deshaciéndose al mismo
tiempo del lastre que supone la farragosa historia del PP, con sus oscuros
asuntos de financiación ilegal y corruptelas que han afectado a nombres de gran
relevancia, Rivera avanza con paso firme, para lograr un adelanto electoral, en
el mejor de sus momentos y su fijación actual, es lograr a la mayor brevedad posible,
desgastar absolutamente la que fuera la imagen adorada del PP, para traer a sus
filas a todos y cada uno de los votantes de la derecha.
Miedo me daría a mí, si fuera Mariano Rajoy, tener que enfrentarme
a este huracán, sin el apoyo de nadie y con las reticencias, cada vez mayores,
de su propia gente.
Otro día hablaremos de las ocasiones que ha perdido,
lamentablemente, la izquierda, pero esa es otra historia y sus protagonistas
aún andan enredados en guerras personales, que les impiden ver lo que están
perdiendo.

No hay comentarios:
Publicar un comentario