lunes, 12 de febrero de 2018

Que viene Rivera



Medios de comunicación afines a la derecha, afirmaban ayer que un 60% de los afiliados y votantes del Partido Popular desearían que Mariano Rajoy no volviera a presentarse como candidato a la Presidencia, porcentaje que alcanza un 85%, si la consulta se extiende al resto de los ciudadanos del país y casi roza el 100, si los que contestan a la pregunta viven dentro de Catalunya.
Este convencimiento, que  manifestado de manera tajante por una buena mayoría de españoles podría tener una explicación bastante lógica, si se tiene en cuenta la permanente sospecha de corrupción que se cierne sobre la persona del Presidente de Gobierno, sorprende sin embargo, cuando proviene directamente de las filas conservadoras y hace temer que la manera en que se ha dirigido el PP, en los últimos tiempos y el modo en que se han gestionado los graves problemas surgidos a su alrededor, en muchas ocasiones, por su causa, ha conseguido desanimar a todos aquellos que hace sólo unos años llenaban las plazas de toros vitoreando a este político, que siempre careció de carisma, pero que consiguió aglutinar en torno a su figura, a una buena parte de los líderes que por aquel entonces, le acompañaban en la aventura de poder destronar a un Zapatero, hundido por el error de haber abandonado ante los electores, sus más elementales principios.
Todo fue bien, mientras se conservó una mayoría absoluta y se pudieron ir aprobando sin ninguna posible oposición, medidas y Decretos que fueron mermando la calidad de vida de los ciudadanos, aunque para no mentir, habría que recordar que Mariano Rajoy nunca contó con el beneplácito de aquella parte de su Partido que había convertido a José María Áznar  en una especie de Dios al que seguían, por supuesto también, en sus decepciones.
Pero, he aquí que empezaron a destaparse ciertos casos de corrupción, en los que las implicaciones directas de primeras figuras conservadoras, se hicieron mucho más que evidentes y que alcanzaron su punto álgido, cuando aparecieron los papeles de Bárcenas y todos pudimos comprobar que el ya famoso M. Rajoy, aparecía en la lista de perceptores de sobres de dinero negro.
El error de tratar de dilatar el asunto hasta que llegó la siguiente legislatura, supuso un antes y un después en el panorama político de nuestro país, pues el nacimiento de dos nuevos Partidos, Ciudadanos y Podemos, con gente joven a la cabeza y su entrada torrencial en un  Parlamento, hasta entonces dominado por el bipartidismo, puso de manifiesto la urgente necesidad de tener que propiciar acuerdos para obtener el poder, en contra de lo que había venido sucediendo, desde hacía muchos años.
La gestión de la crisis catalana y la evidente pasividad demostrada por este flemático Rajoy, mientras el independentismo se iba haciendo fuerte sin remedio, consiguió lo que no habían logrado ni la corrupción ni la durísima política de recortes y la fidelidad de los votantes de la derecha, se fue agotando al mismo ritmo que su paciencia, mientras empezaban a comprender que existía otra opción de voto que respetaba igualmente la naturaleza de sus principios y que contaba además, con un líder limpio de polvo y paja y  mucho más resolutivo en sus acciones de lo que jamás había sido el que todavía es nuestro Presidente.
Ese líder, Rivera, joven y ambicioso dónde los haya, capaz de cambiar en un instante de compañeros  de viaje y dispuesto a dar la batalla, hasta las últimas consecuencias, con tal de llegar al poder, se había ido labrando un camino a base de apoyar las propuestas conservadoras, a lo largo de toda la legislatura, consiguiendo de este modo ganarse la confianza del receloso  Mariano Rajoy, haciéndole creer que le seguiría con una lealtad casi eterna, mientras preparaba minuciosamente un salto de fe, que vino propiciado por la posición adoptada por su Partido, durante la crisis de Catalunya.
Nadie, había conseguido hasta ahora engañar tan rotundamente a Rajoy, hasta llevarle al borde mismo del abismo, ni nadie, en tan poco tiempo, había jamás cambiado tan radicalmente de enemigo político, ni atacado tan repentinamente a los mismos con los que habían llegado a formar una sociedad, en buena parte del territorio en el que vivimos.
Los resultados de las encuestas, demuestran fehacientemente que la jugada le ha salido a Rivera redonda y concluyente y que su ascendente popularidad, ha de basarse sin ningún género de dudas, en encontrar una manera de acabar con Rajoy, que curiosamente nada tendrá que ver en este caso, con la oposición de la izquierda.
Forjando una nueva derecha española y deshaciéndose al mismo tiempo del lastre que supone la farragosa historia del PP, con sus oscuros asuntos de financiación ilegal y corruptelas que han afectado a nombres de gran relevancia, Rivera avanza con paso firme, para lograr un adelanto electoral, en el mejor de sus momentos y su fijación actual, es lograr a la mayor brevedad posible, desgastar absolutamente la que fuera la imagen adorada del PP, para traer a sus filas a todos y cada uno de los votantes de la derecha.
Miedo me daría a mí, si fuera Mariano Rajoy, tener que enfrentarme a este huracán, sin el apoyo de nadie y con las reticencias, cada vez mayores, de su propia gente.
Otro día hablaremos de las ocasiones que ha perdido, lamentablemente, la izquierda, pero esa es otra historia y sus protagonistas aún andan enredados en guerras personales, que les impiden ver lo que están perdiendo.



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