Un fin de semana teñido por una serie de tragedias en las que
muchas personas han perdido la vida,
unas a manos de NiKolas Cruz, el estudiante que armado con un fusil de asalto
perpetró una matanza en un Instituto de Florida, otras en el terremoto de más de siete grados
de magnitud que ha hecho temblar la tierra en México y en los dos accidentes
aéreos que se han sucedido en Rusia e Irán, nos ha recordado, como suele
ocurrir en tantas ocasiones, la terrible fugacidad de nuestra existencia, dejando
un rastro de dolor irrecuperable, en las
familias de los que han sido víctimas, de la mano del hombre, de fallos por
causas aún desconocidas o simplemente, de los elementos.
Aún impactados por lo
ocurrido en estos tres días y muy fundamentalmente por este nuevo caso de
hipotética locura, que ha llevado a un joven estudiante a disparar y asesinar,
a quemarropa, a sus propios compañeros, uno no puede, sino preguntarse por qué
razón sigue vigente en el país más poderoso del mundo una Ley que permite el uso
de cualquier tipo de armas, a cualquiera que pueda pagarlas, en alguno de los
muchos negocios habilitados para tal fin y cuántos inocentes más tendrán que
morir, para que algún Presidente se atreva a enfrentarse sin tregua a este
poderosísimo lobby instalado en su territorio con total naturalidad, aunque
para ello se haya de renunciar a las jugosas ganancias que proporciona a sus
defensores a ultranza, pero que vulnera, de manera innegable, el derecho fundamental
a la vida, que debe asistir a todos los ciudadanos en general, donde quiera que se encuentren.
Todos recordamos que Obama lo intentó, pero que fracasó estrepitosamente
en su propósito y que Trump, que ha sido clamorosamente abucheado en la visita
que ha realizado, también durante este fin de semana a Florida, se ha puesto,
en numerosas ocasiones, del lado de los
que defienden la permanencia de esta Ley, tal como le recordaba una de las
estudiantes supervivientes de la matanza, hace sólo unas horas, en un discurso
conmovedor en el que tachaba su actitud, de auténtica vergüenza.
Poco o nada va a importar al actual Presidente norteamericano,
tan cercano a los de la Asociación de los amigos del rifle, que se ha hecho
famosa por justificar la tenencia de armas, como un medio necesario para la
defensa personal, este nuevo caso de extrema violencia, que ha sacudido la médula espinal de todas las personas de
bien, no sólo en aquél territorio, sino en el mundo entero y mucho dudamos de
que las presiones, cada vez mayores, que puedan surgir en relación con asuntos
parecidos a éste, puedan hacer cambiar de opinión, a quién tantas veces ha
presumido, de actitudes claramente retrógradas en éste y en otros muchos
asuntos y que con toda seguridad, no querrá cruzarse en el camino de los que
negocian con la venta de armas, arriesgando el apoyo económico que de ellos debe
haber recibido, en su camino hacia la Presidencia.
Así que las familias de los fallecidos en Florida habrán de
conformarse con unas pocas palabras de aliento y la pérdida de los suyos, como
la perdida de otros muchos que cayeron antes que ellos, en sucesos similares,
habrá sido otra vez, inútil, ante el
intocable poder que genera el Dios del dinero.
Todos estos hechos, que se han sucedido uno a otro con
extrema celeridad, nos han hecho apartar la mirada del panorama político nacional,
que sigue revuelto y sin visos de ser atemperado, al menos por el momento, pues
nuestros políticos andan enredados en una serie de enfrentamientos continuados
que levantan ampollas en la sociedad en general y en una continua batalla
personal en la que todos tratan de defenderse de las acusaciones vertidas por
sus oponentes en su contra, buscando una manera de escapar de los fantasmas que
les persiguen a título particular y ofreciendo ruedas de prensa en las que
ofrecen a los que les quieran oír, el run run manido y reiterativo de discursos
demasiado trillados que ya nadie se cree, por lo mucho que hemos aprendido
durante estos años, aguzando el entendimiento.
Así que tampoco nos ha sorprendido, cuando nos hemos despertado
esta mañana, que Anna Gabriel, la que fuera líder del CUP, haya conseguido, en
medio del fragor de la pasada semana, instalarse en Suiza y menos aún, que se esté
planteando no acudir a la cita que tiene pendiente con la justicia española,
asesorada por un abogado, del estilo del que se ha hecho imprescindible para
Puigdemont, para desesperación de quiénes continúan chupando cárcel, como
Junqueras, Forn o los Jordis, que deben estar de sus antiguos compañeros de
viaje, hasta el mismísimo pelo.
Muy al contrario, nos ha parecido hasta natural, que visto lo
visto, cada cual haga de su capa un sayo y escape como pueda de la situación a
la que se han visto abocados, tras su declaración de independencia, pues la
evidencia del fracaso real de sus intenciones, les ha dejado en una situación
ciertamente arriesgada para poder conservar la libertad y la vigilancia de la
que presume el Ministro Zoido, perdónenme, no debe ser tan férrea, cuando se
consiguen cruzar las fronteras que nos separan de Europa, con facilidad tan extrema.
Así que mientras en otras partes de mundo se llora a los
muertos, en este país que tan bien definiera Berlanga, en su extensa
filmografía, continuamos contemplando el panorama carnavalesco que se nos
ofrece en directo, cada minuto, de cada uno de los días y nos dolemos, porque
nadie nos lo puede impedir, de la poca valía profesional que ofrecen la mayoría
de nuestros mal llamados representantes políticos, ya que no sólo no son
capaces de resolver, ni uno solo de los problemas que nos afligen, sino que
además, debe hacer tiempo que nos tomaron por idiotas, sin darse cuenta de que
a pesar de nuestra humildad, aprendemos de todas y cada una de las jugadas que
pretenden colarnos por la banda y las
anotamos en la cabeza, para que no se nos olviden cuando llegue un nuevo
periodo electoral y tengamos que decidir a quién otorgamos ese bastón de mando
que todos quieren, pero que ninguno de ellos merece.

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