Se nos va hoy, un referente del humor que supo reflejar
como nadie la historia de los últimos cuarenta años de nuestro país, denunciando
desde sus viñetas y de los comentarios de sus personajes repletos de humanidad,
la evolución que ha sufrido esta tierra nuestra desde los últimos coletazos de
la dictadura y creando con su maravillosa imaginación, todo un animalario de héroes
transgresores que forman ya parte de nuestras vidas, porque en el fondo, eran como
un espejo de nuestro propio pensamiento.
Ha sido Antonio Fraguas “Forges”, un luchador inagotable por
la justicia y la libertad, igualmente capaz de vapulear con un mazo de dimensiones
extraordinarias a todo aquel que traspasaba los límites de la honradez o la
decencia, que de arrancarnos una lágrima con la inocencia de los comentarios de sus niños y
sus ancianos, improvisando con ello un tipo de humor que creó escuela y que
quedará para siempre reflejado en la historia y en nuestros corazones, que tantas sonrisas deben a su buen hacer y a su
elegancia al dibujar y escribir sus famosas viñetas.
La sagacidad de su variadísimo argumentario y la delicadeza
de no ofender jamás a nadie en tantísimo tiempo, le han valido el respeto y la
profunda admiración, no sólo de los intelectuales y académicos que ya le
premiaron en numerosas ocasiones, sino sobre todo, el amor incondicional que le
profesa una Sociedad, que ha crecido al compás que este genio irrepetible que
hoy se nos marcha como lo hacen los grandes hombres, sin pompas ni aspavientos,
dejándonos a todos huérfanos de una compañía que buscábamos habitualmente,
sabiendo de antemano, que nos proporcionaría un instante de placidez, a través
del tesoro impagable que representa, en este mundo, la risa.
Personalmente, leer a Fórges ha sido, desde mi juventud,
cuando él y yo comenzábamos a construirnos un camino que hemos recorrido en
paralelo, por razones de edad, una especie
de necesidad perentoria, quizá porque solíamos coincidir casi siempre en
nuestras opiniones y en el enfoque de los problemas y un honor , pues jamás ha
defraudado las expectativas que levantara antes de descubrir el contenido de
sus viñetas, ni traicionado nunca la
defensa de los más humildes y necesitados, en cualquiera de esas causas que son
de todos, pero que la mayoría mira de reojo, para no verse señalado por los
demás, probablemente, por miedo.
Valiente y comprometido con su tiempo, irreductible en sus
convicciones y soñador que apostaba por la materialización de las utopías, quedará
en nuestro recuerdo, como una especie de símbolo de la libertad a la que tanto amamos
y que tanto nos va costando conseguir, en distintas etapas de nuestras vidas.
No podemos decirle adiós, pues estamos seguros de que periódicamente,
volveremos a repasar las frases de sus incomparables personajes, a través de
los libros que poseemos, por lo que más que una triste despedida, estas
palabras habrán de ser, un homenaje a quién supo vivir como quiso, en tiempos
difíciles y que se convirtió en un ejemplo indispensable para varias generaciones
de ciudadanos que continuaremos alimentando los que fueron sus sueños.

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