A los múltiples ataques contra la libertad de expresión, que
vivimos la semana pasada, empezando por la retirada de la obra sobre presos
políticos, de Arco y siguiendo por la condena del rapero y el secuestro del
libro Fariñas, habría que añadir otro, que escondido bajo el vistoso envoltorio
del problema catalán, atenta directamente contra la decisión personal de posicionarse
ideológicamente en cualquier pensamiento
y muy concretamente, en este caso, sobre el derecho que todo ciudadano tiene a
preferir una u otra forma de Sistema de Gobierno.
Las críticas que le han llovido a la Alcaldesa de Barcelona y
a otros representantes políticos, por negarse a recibir al Rey, en la inauguración
del Mobile World Congress y a las
razones que han ofrecido para justificar sus ausencias, parecen provenir de
Formaciones políticas y particulares, que dan por sentado que todos los ciudadanos de este país, estaríamos
en cierto modo, obligados, a aceptar a la Monarquía, como mejor forma de
Gobierno y a ser considerados, por tanto, súbditos leales de un Rey, que ocupa
la Jefatura del Estado, por una mera cuestión sucesoria y no por elección, como
sin duda preferiríamos, una buena parte de nosotros.
Todos recordamos que la
Monarquía nos fue impuesta como parte fundamental del paso hacia la transición
y también que muchos de nosotros votamos negativamente en la consulta que se
hizo sobre la Constitución, precisamente por ese punto, ejerciendo nuestro
derecho a posicionarnos al lado del pensamiento republicano.
Que aceptáramos y continuemos aceptando la decisión que tomó
entonces la mayoría, no ha significado, no obstante, que hayamos renunciado
jamás a nuestros principios y es por tanto, absurdo e inaceptable, que hayamos
de compartir necesariamente la admiración que algunos sienten por la figura del
Rey, al que consideramos, un ciudadano más de la nación, aunque con excelentes
privilegios.
Nada tiene que ver esta opinión, aunque en este momento haya
venido bien relacionarlo, con el asunto del independentismo, pero convendría
recordar que determinados Partidos catalanes y también algunos españoles, han
llevado desde siempre en su doctrina, su preferencia por la República, por lo
que no parece de recibo aceptar un vasallaje impuesto, en determinadas circunstancias,
ya que nunca formaron parte de la Corte palaciega, ni tienen intención de
hacerlo jamás, como han declarado en numerosísimas ocasiones.
Que Ada Colau y los integrantes de Esquerra Republicana, como
sus propias siglas indican, no albergan un sentimiento monárquico, no es ningún
secreto, por lo que reclamar su presencia en actos Institucionales o privados,
junto al Rey, parece del todo incoherente, pues en cierta medida, sería una
manera bastante tosca de traicionar los principios a los que dicen deberse y
también de defraudar a los electores, que les votaron, precisamente, por
convicciones como éstas.
La coincidencia en el tiempo de esta visita real, con el problema
catalán, no hace, sino complicar más las cosas, si cabe, pues el abandono de la
obligada neutralidad, en este tema, protagonizado por el Rey, unos meses atrás,
no podía, sino acarrearle un buen número de enemigos en el territorio de Catalunya
y por tanto, una pérdida cuantiosa de popularidad, que ahora se refleja
perfectamente, cuando se pregunta a los catalanes sobre sus preferencias sobre
el Sistema de Gobierno.
Uno, también el Rey, se convierte necesariamente y sin
excepción, en esclavo de sus palabras y una vez pronunciadas, no puede, sino
asumir las consecuencias, buenas o malas, que puedan surgir a raíz del mensaje
que emitieron y por tanto, Felipe VI, habrá de aceptar, no sólo que entre los
ciudadanos del país existe un buen número de republicanos convencidos, sino también,
que una gran cantidad de catalanes, jamás le perdonarán que apostara plenamente
por la opción de los Partidos constitucionalistas, en lugar de propiciar, como
mediador, un diálogo que favoreciera la resolución de una crisis, que continúa
abierta.
Todos, sufrimos reveses en la vida, casi siempre como efectos
colaterales relacionados directamente con la comisión de determinadas acciones y este plante, que ayer
protagonizaron algunos líderes catalanes a la figura del Monarca, debiera
servir, más que para levantar ampollas, para ayudarle a reflexionar seriamente
sobre el respeto a la libertad de opinión y la obligación, como Jefe de Estado
de contribuir a la concordia nacional y no al alejamiento, cada vez mayor,
entre los pobladores de este país, al que representa.

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