lunes, 26 de febrero de 2018

Un plantón coherente



A los múltiples ataques contra la libertad de expresión, que vivimos la semana pasada, empezando por la retirada de la obra sobre presos políticos, de Arco y siguiendo por la condena del rapero y el secuestro del libro Fariñas, habría que añadir otro, que escondido bajo el vistoso envoltorio del problema catalán, atenta directamente contra la decisión personal de posicionarse  ideológicamente en cualquier pensamiento y muy concretamente, en este caso, sobre el derecho que todo ciudadano tiene a preferir una u otra forma de Sistema de Gobierno.
Las críticas que le han llovido a la Alcaldesa de Barcelona y a otros representantes políticos, por negarse a recibir al Rey, en la inauguración del Mobile World Congress y  a las razones que han ofrecido para justificar sus ausencias, parecen provenir de Formaciones políticas y particulares, que dan por sentado  que todos los ciudadanos de este país, estaríamos en cierto modo, obligados, a aceptar a la Monarquía, como mejor forma de Gobierno y a ser considerados, por tanto, súbditos leales de un Rey, que ocupa la Jefatura del Estado, por una mera cuestión sucesoria y no por elección, como sin duda preferiríamos, una buena parte de nosotros.
 Todos recordamos que la Monarquía nos fue impuesta como parte fundamental del paso hacia la transición y también que muchos de nosotros votamos negativamente en la consulta que se hizo sobre la Constitución, precisamente por ese punto, ejerciendo nuestro derecho a posicionarnos al lado del pensamiento republicano.
Que aceptáramos y continuemos aceptando la decisión que tomó entonces la mayoría, no ha significado, no obstante, que hayamos renunciado jamás a nuestros principios y es por tanto, absurdo e inaceptable, que hayamos de compartir necesariamente la admiración que algunos sienten por la figura del Rey, al que consideramos, un ciudadano más de la nación, aunque con excelentes privilegios.
Nada tiene que ver esta opinión, aunque en este momento haya venido bien relacionarlo, con el asunto del independentismo, pero convendría recordar que determinados Partidos catalanes y también algunos españoles, han llevado desde siempre en su doctrina, su preferencia por la República, por lo que no parece de recibo aceptar un vasallaje impuesto, en determinadas circunstancias, ya que nunca formaron parte de la Corte palaciega, ni tienen intención de hacerlo jamás, como han declarado en numerosísimas ocasiones.
Que Ada Colau y los integrantes de Esquerra Republicana, como sus propias siglas indican, no albergan un sentimiento monárquico, no es ningún secreto, por lo que reclamar su presencia en actos Institucionales o privados, junto al Rey, parece del todo incoherente, pues en cierta medida, sería una manera bastante tosca de traicionar los principios a los que dicen deberse y también de defraudar a los electores, que les votaron, precisamente, por convicciones como éstas.
La coincidencia en el tiempo de esta visita real, con el problema catalán, no hace, sino complicar más las cosas, si cabe, pues el abandono de la obligada neutralidad, en este tema, protagonizado por el Rey, unos meses atrás, no podía, sino acarrearle un buen número de enemigos en el territorio de Catalunya y por tanto, una pérdida cuantiosa de popularidad, que ahora se refleja perfectamente, cuando se pregunta a los catalanes sobre sus preferencias sobre el Sistema de Gobierno.
Uno, también el Rey, se convierte necesariamente y sin excepción, en esclavo de sus palabras y una vez pronunciadas, no puede, sino asumir las consecuencias, buenas o malas, que puedan surgir a raíz del mensaje que emitieron y por tanto, Felipe VI, habrá de aceptar, no sólo que entre los ciudadanos del país existe un buen número de republicanos convencidos, sino también, que una gran cantidad de catalanes, jamás le perdonarán que apostara plenamente por la opción de los Partidos constitucionalistas, en lugar de propiciar, como mediador, un diálogo que favoreciera la resolución de una crisis, que continúa abierta.
Todos, sufrimos reveses en la vida, casi siempre como efectos colaterales relacionados directamente con la comisión de  determinadas acciones y este plante, que ayer protagonizaron algunos líderes catalanes a la figura del Monarca, debiera servir, más que para levantar ampollas, para ayudarle a reflexionar seriamente sobre el respeto a la libertad de opinión y la obligación, como Jefe de Estado de contribuir a la concordia nacional y no al alejamiento, cada vez mayor, entre los pobladores de este país, al que representa.

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