martes, 27 de febrero de 2018

Un ascenso imparable



Coincidiendo con la celebración del día de Andalucía y a la espera de que se produzca el relevo del ministro de Guindos, aunque Rajoy ya ha anunciado que no habrá más cambios en su Gobierno, se publican los datos de una encuesta realizada precisamente en esta Comunidad, que confirma, como viene ocurriendo últimamente, el ascenso imparable de Ciudadanos, que sube nada menos que diez puntos en la intención de voto de los andaluces, colocándose en segundo lugar y por encima de PP y Podemos.
El caso de  la Comunidad andaluza, en la que siempre ha gobernado el PSOE, desde hace casi treinta años, ha sido una espina clavada en la columna vertebral de los conservadores, que nunca han conseguido convencer a los habitantes de esta parte del territorio español, teniendo que conformarse con algún que otro triunfo en los Ayuntamientos de las grandes ciudades y que jamás han logrado sacarse, a pesar de las muchas veces que lo han intentado, con viejos y nuevos candidatos que a la mayoría de la gente, no han generado ningún tipo de confianza.
Ni siquiera el gravísimo asunto de los ERE, o la imputación en el mismo de dos ex Presidentes, como Cháves y Griñán, han podido cambiar de manera radical el amor a los socialistas que late en el corazón de Andalucía y sólo el enfrentamiento de Susana Díaz con Pedro Sánchez logró apearles de la mayoría absoluta que hasta entonces habían disfrutado, colocando a la lideresa en una difícil situación, que le costó tres intentos y un acuerdo con los de Albert Rivera, hasta conseguir la Presidencia.
La encuesta, que vuelve a dar como ganador al PSOE, con más de un treinta y cuatro por ciento, empieza a valorar, sin embargo, el papel interpretado por esta derecha de nuevo cuño que desea marcar diferencias con los conservadores de la vieja escuela y que además, presume de haberse convertido en el azote de los casos de corrupción, aunque en realidad, continúen apoyando, en Andalucía y en el país, a los mismos a los que señalan como culpables de esta plaga que nos invade de modo irresoluble, por el momento.
Andalucía ha sido, en el pasado, una de las regiones más vapuleadas por las desigualdades entre  clases sociales, en la que los grandes latifundios, dirigidos con mano de hierro por unas cuantas familias poderosas de este país, dominaban la vida de los más humildes, a los que consideraban habitualmente como siervos y a los que negaban sistemáticamente la más mínima posibilidad de poder escapar de su dominio, a través de la lucha por sus derechos y también, un territorio continuamente vilipendiado por la mayoría de los habitantes de otras regiones , que durante muchos años consideraron a los andaluces como una especie de raza inferior, llegando incluso a dudar de que poseyeran cualquier tipo de inteligencia.
Este recuerdo, que se fue transmitiendo de padres a hijos, por tradición oral y que precisaba de una auténtica revolución territorial que hiciera posible un cambio de la opinión generalizada que de esta tierra se tenía, sólo pudo empezar transformarse,  cuando terminaron los cuarenta años de dictadura, aunque para entonces, una buen parte de la población se había visto obligada a emigrar a ciudades industriales, como Barcelona o Bilbao, en las que ayudaron de manera impagable a generar unos beneficios, que ya hubieran querido para su propia tierra.
Seguramente los andaluces nunca perdonaron a la derecha, por el irreparable daño que sus representantes les habían infringido y en cuanto les llegó la oportunidad de poder pronunciarse, a través de un voto en igualdad, decidieron dejar atrás la terrible dureza de los malos tiempos, optando por elegir a quienes directamente les prometían una vida que habían estado soñando durante siglos, sin exigirles el vasallaje que habían tenido que pagar, a base de sumisión, a los señores.
Esta tierra enloqueció cuando el joven Felipe González apareció por primera vez ante las cámaras de la televisión estatal y dejó boquiabierto al país, con su marcado acento andaluz y sus innegables dotes de seducción, a través de un mensaje que hablaba sin rodeos, de la tierra prometida y mucho más, cuando después de la celebración de aquellas primeras elecciones del 77, pudo comprobarse que su arrolladora aparición  en la escena política, rompía en mil pedazos todos los estereotipos establecidos, pues para entonces ya apuntaba maneras de Presidente.
Aquel momento, que fue histórico para Andalucía, dejó en el pueblo un poso de eterno agradecimiento y ayudó a conseguir una transformación abismal, que a base de un esfuerzo gigantesco, jamás valorado del todo, colocó a Andalucía a un nivel de desarrollo muy similar al que gozaban entonces, las Comunidades que habían sido consideradas, hasta entonces,  punteras y transformó, para asombro de todos, a esta tierra , en un ejemplo de progreso, en el que los socialistas encontraron un granero de votos leales, que ha perdurado hasta el momento.
Pero esa fidelidad, pronto se convirtió en un arma de doble filo, pues en cierto modo acabó por encadenar de por vida a los andaluces a un único Partido y a una serie de líderes que, con el paso del tiempo, fueron abandonando sin reservas, aquel entusiasmo del principio y hoy por hoy, a pesar de los avatares ocurridos en el país, de las promesas incumplidas y la degeneración que ha experimentado el pensamiento socialista en los últimos tiempos, Andalucía jamás se ha vuelto a atrever a dar un paso más y permanece anclada en una gratitud, que  ya no tiene ningún sentido.
Que Andalucía se siente mayoritariamente de izquierdas y que la idea que allí se tiene del PP, se encuentra estrechamente relacionada con la imagen de los latifundistas, no constituye ningún secreto, pero la dureza de los tiempos que vivimos y la incorporación a las listas electorales de un sector de juventud, que  considera absolutamente superado aquel pasado incierto,  preludian que se avecinan tiempos de cambio, también para esta Comunidad y que la izquierda, la vieja por adoptar posicionamientos lejanos a su primigenia ideología y la nueva, por no haber sabido tomar el relevo, actuando de manera más convincente, con un mensaje más esperanzador, puede que hagan posible que por primera vez en su Historia, los andaluces voten a una derecha, perfectamente disfrazada de Partido de Centro.
Las continuas rencillas entre PSOE y Podemos, que se han venido materializando en el territorio andaluz, a base de los durísimos enfrentamientos protagonizados por Susana Díaz y Teresa Rodríguez,  han contribuido y mucho, a ofrecer una imagen de desunión que debilita de manera irreparable, las posibilidades de alcanzar acuerdos, cuestión  que ha sido inmediatamente aprovechada por los seguidores de Rivera, para tomar posiciones en una meta de salida, a la espera de un pistoletazo que les catapulte al poder, o que al menos, les convierta en imprescindibles para quienes ganen las elecciones.
La lección, servida a la carta, a través de los resultados de las encuestas, apremia a todos a intentar cambiar su actitud y pone en manos de los indecisos el posible futuro que aguarde a esta   milenaria Comunidad, pero ignorar la historia o tratar de olvidarla, suele traer consigo el riesgo de que se repita, por lo que a la izquierda andaluza le convendría iniciar de inmediato una negociación, si no quieren perder también este tren o entregárselo en bandeja de plata, a los de Rivera.

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