Los Ciudadanos de Albert Rivera dieron ayer por congelado su
pacto de Gobierno con el PP, lanzándose a la yugular de los principales líderes
de este Partido, al que han utilizado hábilmente para ir ganando la popularidad
que les faltaba entre los votantes de la
derecha española y que era absolutamente necesaria para tener alguna opción de
poder, que les ha brindado inesperadamente, su postura ante el problema de Catalunya.
Abrigados desde el principio de la Legislatura, por la
mayoría simple que ostentaba el primer Partido conservador y resguardado a la
vez, de las críticas que le llovían a los de Mariano Rajoy, de parte de los
otros miembros del Parlamento, Rivera ha estado dando una de cal y otra de arena,
apoyando con fingida sumisión todas las propuestas que presentaba el Gobierno,
aguantando el tirón de unos cuantos casos de corrupción, como el de Murcia y
haciendo ver que su principal enemigo político era siempre Podemos, como hemos
podido comprobar por los muchos enfrentamientos que han protagonizado, dentro y
fuera del Congreso y negando, además, cualquier probabilidad de secundar
propuestas que procedieran directamente de los de Pablo Iglesias.
De este modo, se ha ido ganando la confianza de una buena
parte del electorado conservador, que cansado de las sospechas que se ciernen
sobre figuras relevantes del PP y de la
flema que ha caracterizado a Rajoy, en todo momento, se ha sentido identificado
con el mensaje que transmitía, sobre todo en la crisis catalana, un partido que
se presenta como renovador y al que no se conocen corruptelas y se han rendido
a la defensa a ultranza que ha hecho Inés Arrimadas de una españolidad menos caduca
y decadente que la que representan las viejas caras de los líderes populares,
que han perdido esta batalla, de lleno.
Tras el resultado de las elecciones autonómicas del pasado
Diciembre, está claro que ha salido el sol para los de Rivera y ese triunfo,
ganado a base de tirar y aflojar, de hacer pactos a conveniencia con diferentes
formaciones y romperlos sin ningún rubor, en el momento que se considera
preciso, les ha proporcionado una oportunidad con la que, en principio, no contaban,
para ir robando paulatinamente, el corazón a la derecha española.
Así que la era Rivera ha comenzado sacando toda la artillería
de que dispone, en contra de los que repentinamente se han convertido, en sus
mayores enemigos y hasta se han permitido firmar un pacto con el diablo morado,
para intentar modificar la Ley electoral, que tanto perjudica siempre, a los
partidos más pequeños.
Al igual que rompieron aquella primera sociedad con los de Pedro
Sánchez, para caer rendidos a los pies de Rajoy, apoyando su investidura sin
condiciones y sus constantes devaneos en los dos años que dura esta
legislatura, quiebran también ahora esa unión que parecía asegurar la
sostenibilidad del Gobierno durante el tiempo que resta hasta las próximas
elecciones, dejando claro que cuando se trata de batallar por el poder, cuesta
poco dar marcha atrás y cambiar radicalmente
de rumbo, si con ello se escalan puestos hasta la ansiada Presidencia.
Está claro, que a la izquierda en general, esta maniobra
perfectamente estudiada, le ha pillado con el paso cambiado y mientras Podemos
digiere su fracaso en las elecciones catalanas y el PSOE asume, como no podía ser de otra manera, el
error que cometiera apoyando la aplicación del 155, los de Rivera, avanzan
imparables hacia el objetivo marcado, haciendo tambalearse los cimientos en que
se apoyaba el maltrecho PP y buscando un adelanto electoral que ratifique su
triunfo, en unas Generales que llegarían en el que es su mejor momento.
Y si para ello hay que ir a degüello contra el mismísimo
Presidente al que comprendían y apoyaban, literalmente, por cuestiones de Estado,
se va, ahondando cada vez más en la profundidad de las múltiples heridas que
agravan la salud de que gozaba el PP, pues resulta evidente que la inmediatez
en ir ganando metas y procurar la caída de quién ahora está en el poder, se ha
convertido para Ciudadanos, en todo un reto.
Ya puede espabilar la izquierda, si quiere realmente frenar
este ascenso torrencial de los de Rivera y empezar a dejar de lado las absurdas
diferencias que han ido separando cada vez más a Sánchez e Iglesias, o el
dragón, astuto y redomadamente preparado para dar el salto a los cielos,
vencerá. Y no lo digo yo. También lo auguran ya todas las encuestas.

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