jueves, 15 de febrero de 2018

A degüello



Los Ciudadanos de Albert Rivera dieron ayer por congelado su pacto de Gobierno con el PP, lanzándose a la yugular de los principales líderes de este Partido, al que han utilizado hábilmente para ir ganando la popularidad que les faltaba entre los votantes  de la derecha española y que era absolutamente necesaria para tener alguna opción de poder, que les ha brindado inesperadamente, su postura ante el problema de Catalunya.
Abrigados desde el principio de la Legislatura, por la mayoría simple que ostentaba el primer Partido conservador y resguardado a la vez, de las críticas que le llovían a los de Mariano Rajoy, de parte de los otros miembros del Parlamento, Rivera ha estado dando una de cal y otra de arena, apoyando con fingida sumisión todas las propuestas que presentaba el Gobierno, aguantando el tirón de unos cuantos casos de corrupción, como el de Murcia y haciendo ver que su principal enemigo político era siempre Podemos, como hemos podido comprobar por los muchos enfrentamientos que han protagonizado, dentro y fuera del Congreso y negando, además, cualquier probabilidad de secundar propuestas que procedieran directamente de los de Pablo Iglesias.
De este modo, se ha ido ganando la confianza de una buena parte del electorado conservador, que cansado de las sospechas que se ciernen sobre figuras  relevantes del PP y de la flema que ha caracterizado a Rajoy, en todo momento, se ha sentido identificado con el mensaje que transmitía, sobre todo en la crisis catalana, un partido que se presenta como renovador y al que no se conocen corruptelas y se han rendido a la defensa a ultranza que ha hecho Inés Arrimadas de una españolidad menos caduca y decadente que la que representan las viejas caras de los líderes populares, que han perdido esta batalla, de lleno.
Tras el resultado de las elecciones autonómicas del pasado Diciembre, está claro que ha salido el sol para los de Rivera y ese triunfo, ganado a base de tirar y aflojar, de hacer pactos a conveniencia con diferentes formaciones y romperlos sin ningún rubor, en el momento que se considera preciso, les ha proporcionado una oportunidad con la que, en principio, no contaban, para ir robando paulatinamente, el corazón a la derecha española.
Así que la era Rivera ha comenzado sacando toda la artillería de que dispone, en contra de los que repentinamente se han convertido, en sus mayores enemigos y hasta se han permitido firmar un pacto con el diablo morado, para intentar modificar la Ley electoral, que tanto perjudica siempre, a los partidos más pequeños.
Al igual que rompieron aquella primera sociedad con los de Pedro Sánchez, para caer rendidos a los pies de Rajoy, apoyando su investidura sin condiciones y sus constantes devaneos en los dos años que dura esta legislatura, quiebran también ahora esa unión que parecía asegurar la sostenibilidad del Gobierno durante el tiempo que resta hasta las próximas elecciones, dejando claro que cuando se trata de batallar por el poder, cuesta poco dar marcha atrás y cambiar radicalmente  de rumbo, si con ello se escalan puestos hasta la ansiada Presidencia.
Está claro, que a la izquierda en general, esta maniobra perfectamente estudiada, le ha pillado con el paso cambiado y mientras Podemos digiere su fracaso en las elecciones catalanas y el PSOE  asume, como no podía ser de otra manera, el error que cometiera apoyando la aplicación del 155, los de Rivera, avanzan imparables hacia el objetivo marcado, haciendo tambalearse los cimientos en que se apoyaba el maltrecho PP y buscando un adelanto electoral que ratifique su triunfo, en unas Generales que llegarían en el que es su mejor momento.
Y si para ello hay que ir a degüello contra el mismísimo Presidente al que comprendían y apoyaban, literalmente, por cuestiones de Estado, se va, ahondando cada vez más en la profundidad de las múltiples heridas que agravan la salud de que gozaba el PP, pues resulta evidente que la inmediatez en ir ganando metas y procurar la caída de quién ahora está en el poder, se ha convertido para Ciudadanos, en todo un reto.
Ya puede espabilar la izquierda, si quiere realmente frenar este ascenso torrencial de los de Rivera y empezar a dejar de lado las absurdas diferencias que han ido separando cada vez más a Sánchez e Iglesias, o el dragón, astuto y redomadamente preparado para dar el salto a los cielos, vencerá. Y no lo digo yo. También lo auguran ya todas las encuestas.







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