lunes, 19 de febrero de 2018

Una acusación contundente



Deja el juez a Marta Rovira en libertad bajo el pago de una fianza  de 60.000 euros, después de haber declarado esta mañana adoptando una línea diferente, a la que siguieron los compañeros que la precedieron, manifestando que, personalmente, intento por todos los medios parar la consulta sobre la independencia que se llevó a cabo el primero de Octubre, del pasado año y que fue Puigdemont el que dio la orden de seguir adelante, negándose a escuchar el mensaje que le lanzaban desde Esquerra Republicana, cargando de este modo, toda la responsabilidad de lo que después ocurrió, directamente sobre los hombros del que fuera President de la Generalitat y que se encuentra ahora, huido en Bruselas.
Esta declaración, que tiene una importancia fundamental para entender el papel que jugó cada cual, en el transcurso de todo el proceso, parece además reflejar el hartazgo que corroe las entrañas de los seguidores del Partido de Oriol Junqueras y apunta contundentemente al PdeCat, como principal responsable de la proclamación de la República catalana, que se llevó a cabo entre las paredes del Parlament, queriendo ofrecer una imagen de unidad, que ahora se revela claramente ficticia.
La suerte que ha corrido el líder del partido de Marta Rovira, que permanece en prisión, junto a Forn y los Jordis, sin visos de que puedan, a corto plazo, lograr la libertad,  propicia un clima de tensión entre las Formaciones que en un principio apoyaron abiertamente el separatismo y una tácita indignación con aquellos que decidieron salir  del país, abandonando a sus suerte a los que después se vieron obligados por la Ley, a asumir de una forma u otra, una responsabilidad que seguramente no les correspondía.
Marta Rovira ha dado esta mañana un paso ciertamente importante que intenta clarificar lo que ocurriera en las trastiendas durante aquellos días de euforia  y transgresión, ofreciendo una versión nueva para los que hemos estado siguiendo con inquietud la deriva que ha ido tomando la crisis catalana y que gracias a estas palabras, entendemos un poco mejor, las luchas internas que debieron estar librándose en el corazón mismo del Parlament, mientras se empujaba a las masas a recorrer una camino destinado al fracaso, presentando ante sus ojos un espejismo que después se rompió en mil pedazos delante de sus ojos, arrollado por una ola gigantesca de represión y legalismos.
Lanza Rovira, a mi entender, un claro mensaje al exiliado, manifestando sin decirlo, que si erró al mantener a capa y espada, la consulta del uno de Octubre, mucho mayor será el error que cometa si continúa manteniendo el deseo de ser declarado, cómo quiera que sea, Presidente e instándole, en cierta medida, a dejar paso franco a cualquiera que pueda hacerse cargo, presencialmente, de la formación de un Gobierno, que urge constituir para restablecer el orden natural de las cosas, en todo el territorio de Catalunya.
Rompe así, literalmente, con un pasado que ya nunca podrá volver y se inclina, aún sin manifestarlo explícitamente, por mirar únicamente al futuro que se avecina y  que no podrá ser aplazado, sine die, por el capricho de un visionario ausente, que se niega a enfrentarse con una realidad que sin embargo, viven, los políticos de todo signo que continúan estando aquí y muy fundamentalmente, los que se encuentran encarcelados en las prisiones, por haber cometido actos idénticos a los que protagonizaran los que se mueven  fuera.
Debe doler y mucho, que mientras unos han de asumir su participación en los hechos y acatar sumisamente los dictados de la justicia española, otros, anden luchando contra molinos de viento, protagonizando episodios quijotescos, al resguardo de un exilio dorado, en el que podrían resistir durante muchísimos años, fanatizando hasta el punto que quieran los ideales que dicen defender, pero olvidándose del durísimo momento que llevan viviendo durante meses, aquellos que llamaban compañeros.
Sólo la inhabilitación, que llegará más temprano que tarde a la vida de Puigdemont, le hará tropezarse de bruces contra el muro de la verdad, obligándole a retirarse, sin ningún tipo de contemplaciones, de la escena política catalana, esta vez, para siempre.
Dilatar la marcha, obstaculizar cualquier propuesta que ayude a la formación de un nuevo Gobierno, con un President distinto a él, no son más que los coletazos del enojo de quién pensó que tocaba el cielo con los dedos y de pronto, se precipitó inevitablemente al vacío, estrellándose sin remisión, contra los pedazos de su propio sueño.



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