Deja el juez a Marta Rovira en libertad bajo el pago de una
fianza de 60.000 euros, después de haber
declarado esta mañana adoptando una línea diferente, a la que siguieron los
compañeros que la precedieron, manifestando que, personalmente, intento por
todos los medios parar la consulta sobre la independencia que se llevó a cabo
el primero de Octubre, del pasado año y que fue Puigdemont el que dio la orden
de seguir adelante, negándose a escuchar el mensaje que le lanzaban desde
Esquerra Republicana, cargando de este modo, toda la responsabilidad de lo que
después ocurrió, directamente sobre los hombros del que fuera President de la Generalitat
y que se encuentra ahora, huido en Bruselas.
Esta declaración, que tiene una importancia fundamental para
entender el papel que jugó cada cual, en el transcurso de todo el proceso,
parece además reflejar el hartazgo que corroe las entrañas de los seguidores
del Partido de Oriol Junqueras y apunta contundentemente al PdeCat, como
principal responsable de la proclamación de la República catalana, que se llevó
a cabo entre las paredes del Parlament, queriendo ofrecer una imagen de unidad,
que ahora se revela claramente ficticia.
La suerte que ha corrido el líder del partido de Marta
Rovira, que permanece en prisión, junto a Forn y los Jordis, sin visos de que
puedan, a corto plazo, lograr la libertad, propicia un clima de tensión entre las
Formaciones que en un principio apoyaron abiertamente el separatismo y una
tácita indignación con aquellos que decidieron salir del país, abandonando a sus suerte a los que después
se vieron obligados por la Ley, a asumir de una forma u otra, una
responsabilidad que seguramente no les correspondía.
Marta Rovira ha dado esta mañana un paso ciertamente
importante que intenta clarificar lo que ocurriera en las trastiendas durante
aquellos días de euforia y transgresión,
ofreciendo una versión nueva para los que hemos estado siguiendo con inquietud
la deriva que ha ido tomando la crisis catalana y que gracias a estas palabras,
entendemos un poco mejor, las luchas internas que debieron estar librándose en
el corazón mismo del Parlament, mientras se empujaba a las masas a recorrer una
camino destinado al fracaso, presentando ante sus ojos un espejismo que después
se rompió en mil pedazos delante de sus ojos, arrollado por una ola gigantesca
de represión y legalismos.
Lanza Rovira, a mi entender, un claro mensaje al exiliado,
manifestando sin decirlo, que si erró al mantener a capa y espada, la consulta
del uno de Octubre, mucho mayor será el error que cometa si continúa
manteniendo el deseo de ser declarado, cómo quiera que sea, Presidente e instándole,
en cierta medida, a dejar paso franco a cualquiera que pueda hacerse cargo,
presencialmente, de la formación de un Gobierno, que urge constituir para
restablecer el orden natural de las cosas, en todo el territorio de Catalunya.
Rompe así, literalmente, con un pasado que ya nunca podrá
volver y se inclina, aún sin manifestarlo explícitamente, por mirar únicamente
al futuro que se avecina y que no podrá
ser aplazado, sine die, por el capricho de un visionario ausente, que se niega
a enfrentarse con una realidad que sin embargo, viven, los políticos de todo
signo que continúan estando aquí y muy fundamentalmente, los que se encuentran
encarcelados en las prisiones, por haber cometido actos idénticos a los que
protagonizaran los que se mueven fuera.
Debe doler y mucho, que mientras unos han de asumir su participación
en los hechos y acatar sumisamente los dictados de la justicia española, otros,
anden luchando contra molinos de viento, protagonizando episodios quijotescos,
al resguardo de un exilio dorado, en el que podrían resistir durante muchísimos
años, fanatizando hasta el punto que quieran los ideales que dicen defender,
pero olvidándose del durísimo momento que llevan viviendo durante meses, aquellos
que llamaban compañeros.
Sólo la inhabilitación, que llegará más temprano que tarde a
la vida de Puigdemont, le hará tropezarse de bruces contra el muro de la
verdad, obligándole a retirarse, sin ningún tipo de contemplaciones, de la
escena política catalana, esta vez, para siempre.
Dilatar la marcha, obstaculizar cualquier propuesta que ayude
a la formación de un nuevo Gobierno, con un President distinto a él, no son más
que los coletazos del enojo de quién pensó que tocaba el cielo con los dedos y
de pronto, se precipitó inevitablemente al vacío, estrellándose sin remisión,
contra los pedazos de su propio sueño.

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