Mientras el juicio de la Gurtel en Valencia sigue su curso
natural y Francisco Camps trata de zafarse a la desesperada, de su presunta
implicación en una trama, cuyas connotaciones vamos conociendo, a través de las
declaraciones de los imputados en la misma, la última encuesta del CIS vuelve a
dar como ganador, en futuras elecciones, al Partido Popular, por lo que se
podría deducir que a una buena parte del pueblo español no le importan en
absoluto los casos de corrupción en que se ha visto envuelta esta Formación, ni
siquiera teniendo la certeza de que una buena parte del dinero sustraído, sale
directamente de su bolsillo y evita que pueda mejorar la grave situación de
crisis que sufren los Organismos de carácter social y muy fundamentalmente a la
Sanidad, la Educación y la hucha de las pensiones.
Ni siquiera lo sucedido en Catalunya y la espantosa gestión que
durante años ha llevado a cabo el gobierno de Mariano Rajoy, en este tema,
permitiendo con su pasividad que se llegara hasta dónde se ha llegado y
elevando poderosamente la fuerza de los independentistas, a través de los
desafortunados comentarios que atentaban directamente sobre el honor de los
catalanes, ha conseguido frenar, más que allí, dónde se ha convertido en un Partido
con representación testimonial, la afluencia de votos que periódicamente le son
otorgados, por quiénes deben estar de algún modo, abducidos, pues no son
capaces de aceptar una realidad que supera todos los límites de la moralidad y
que en cualquier otro país del mundo hubiera provocado hace años, la dimisión
forzosa del Gobierno en pleno.
Verdad es, que el PSOE recorta distancias, aunque este Pedro
Sánchez en el que tanta gente puso sus esperanzas mientras duró la batalla que
libraba contra los dinosaurios de su propio Partido, no parece decidido a hacer
uso de las prerrogativas que le ofrece su puesto como líder de la oposición,
para hacer lo imposible por remediar que sigamos siendo gobernados por una
Formación que se encuentra siempre bajo la sombra de la sospecha y que nos ha
llevado a la peor situación que nos ha tocado vivir desde que llegara la Democracia,
con sus recortes, sus Decretos y esas
Leyes que han ido horadando poco a poco, nuestra dignidad y nuestros derechos.
Así que resulta del todo normal que una buena parte del
electorado de derechas haya optado por apoyar a los Ciudadanos de Rivera y que
ese subidón que le auguran las consultas que se hacen, les sitúe cada vez más
cerca de los números que se auguran para sus socios, cuestión que por otra
parte, deja a la izquierda en muy mala situación, para poder formar un
Gobierno.
Los constantes encontronazos entre PSOE y Podemos no han ayudado en nada a la solución
de un conflicto que pareció zanjado cuando Pedro Sánchez venció en las
primarias a Susana Díaz y esa maldición que parece perseguir constantemente a
las Formaciones progresistas, vuelve a hacerse presente en el momento actual,
rompiendo los sueños de tanta gente, que se atrevió pensar que un cambio real
era posible.
Las veleidades de Iglesias y sobre todo, la desaparición de
Errejón de la primera línea política han terminado por desinflar la ilusión de
cientos de miles de seguidores de Podemos que han empezado a pensar, y tengo a
algunos cerca, que la magia se rompió en el mismo instante en que el tándem que
formaban estos dos líderes, se fue al carajo por cuestiones que nunca fueron
bien explicadas y que una buena parte de los inscritos, ni comparten, ni
entienden.
Tampoco la postura adoptada en relación al problema catalán
ha sido comprendida, ni fuera ni dentro del territorio aludido, pues la
visceralidad que siempre nos caracterizó, está directamente reñida con el amor
a la neutralidad, aunque a veces, ciertas personas, se nieguen a formar parte
de cualquiera de los dos bandos que se enfrentan en una batalla, simplemente
por convicción o por una mera cuestión de principios.
Teóricamente adelantado por Ciudadanos, Podemos ha quedado
rezagado a un cuarto lugar que merma considerablemente las expectativas que se
tuvieron tras su descomunal ascenso y sólo una autocrítica feroz y una vuelta urgente
a sus inicios, paliaría lo que podría ser un gigantesco batacazo y lo que es
peor aún, el triunfo por mayoría absoluta, de los Partidos de derechas.
Este, será el futuro que nos aguarda, si Sánchez e Iglesias
no liman inmediatamente asperezas y abandonan el ego personal para pensar un
poco más en el País y un poco menos en ellos mismos, porque sólo sumando,
haciendo un esfuerzo por aunar posiciones y atacando a un enemigo común, podría
pararse, en parte, la debacle que se avecina.
A veces, la ambición de poder, puede convertirse en la peor
pesadilla de los políticos.

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