Con medio país cubierto por una espesa capa de nieve y
otro medio sorteando los vientos
huracanados que nos llegan desde Canarias, la situación climatológica que
vivimos y que no es más que una consecuencia directa de ese Cambio que algunos
todavía niegan, nos tiene directamente acojonados, a unos porque temen lo que
pueda ocurrir cuando se produzca el deshielo y a otros, porque la gravedad de
la sequía que padecen, sólo podría paliarse si lloviera torrencialmente,
durante mucho tiempo.
La complicada situación de nuestras calles y carreteras, se
ha hecho mucho peor con la llegada de lo que los expertos han denominado como “La
bestia del Este” y que a pesar de su aparatoso nombre, no es más que una nueva ola de frío siberiano que en las próximas
horas chocará con la tormenta llamada “Emma”, que avanza inexorablemente desde
el sur, dejando a su paso un rastro de árboles y cornisas derribados y algunos
litros de la preciada lluvia, tan necesaria para la vida.
Otras tempestades, que nada tienen que ver con el clima,
están amenazando la calma de nuestro territorio, de forma bien distinta y este
jueves endemoniadamente desagradable, no ha podido frenar otra salida de los
pensionistas a las calles, ni tampoco la enrevesada situación en que se
encuentra la crisis catalana, cada vez más enmarañada y menos factible de ser
solucionada por la vía pacífica.
Tiempo y política, parecen haberse conjurado para hacer cada
día más difícil, la vida de Mariano Rajoy, que con su flema característica,
continúa esperando un milagro que solucione lo uno y lo otro, sin tener que
molestarse en mover un solo dedo y que deja, como siempre, para mañana, lo que
debió haber hecho antes de ayer, apalancado en la poltrona de un poder, a la
que empiezan a fallarle las patas en las que se asentaba, provocando un
incómodo balanceo que puede conseguir
que en algún momento, vaya a parar al suelo.
Este curioso nombre que han colocado a la corriente de
congelación, los expertos en climatología y que a los ciudadanos de a pie nos da
que pensar, si se recuerda que Catalunya está situada, también, en este mismo
punto cardinal y que en cierto modo, se ha convertido en una especie de
monstruo para nuestro amado Presidente, suena, cuando lo leemos en los diarios,
a una especie de aviso a navegantes que augura un futuro ciertamente siniestro y no sólo para
los ciudadanos que sufren las inclemencias de la borrasca, sino también y muy
especialmente, para aquel que no es capaz de encontrar un camino de solución
para una crisis que se le ha ido de las manos y que no tiene visos de mejorar,
si no se elige pronto en Catalunya, un nuevo Govern.
No se puede negar que Rajoy se está quedando solo, en la
defensa a ultranza de sus argumentos, pues en los últimos días, ha perdido,
casi de manera simultánea, la confianza de sus socios de Ciudadanos y el
principal granero de sus votos, que provenía del conservadurismo de una buena
parte de los pensionistas y que en algún momento, tendrá que abandonar esa
inmovilidad, casi crónica, que ha caracterizado su mandato, para empezar a
comprender que como Presidente, tiene la obligación inaplazable de arbitrar soluciones
que beneficien a su pueblo.
No le va aquedar otra que hacer algunas concesiones de peso,
si quiere terminar la legislatura o arriesgarse a permanecer anclado al rancio
discurso que defiende y que no puede conducirle a otro sitio, más que a un adelanto
electoral, que será aprovechado por todos los demás, para abrirse camino a
codazos, en la carrera hacia la Presidencia y muy fundamentalmente, por Albert
Rivera, que espera agazapado el momento de rematar a quien ha puesto en la
diana, desde que empezara su ascenso en intención de voto, como demuestran
todas las encuestas.
Así que La Bestia del Este, podría ser pecata minuta, si se
compara con los huracanes que se avecinan, los
próximos meses y ya les digo yo, que ni la dureza habitual de Soraya Sáenz de Santamaría,
a quién suele recurrir Rajoy en estos casos, conseguirá detener el cambio que
se le viene encima a este país y que algunos celebraremos, sinceramente.

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