jueves, 1 de marzo de 2018

La bestia del Este



Con medio país cubierto por una espesa capa de nieve y otro  medio sorteando los vientos huracanados que nos llegan desde Canarias, la situación climatológica que vivimos y que no es más que una consecuencia directa de ese Cambio que algunos todavía niegan, nos tiene directamente acojonados, a unos porque temen lo que pueda ocurrir cuando se produzca el deshielo y a otros, porque la gravedad de la sequía que padecen, sólo podría paliarse si lloviera torrencialmente, durante mucho tiempo.
La complicada situación de nuestras calles y carreteras, se ha hecho mucho peor con la llegada de lo que los expertos han denominado como “La bestia del Este” y que a pesar de su aparatoso nombre, no es más que una nueva  ola de frío siberiano que en las próximas horas chocará con la tormenta llamada “Emma”, que avanza inexorablemente desde el sur, dejando a su paso un rastro de árboles y cornisas derribados y algunos litros de la preciada lluvia, tan necesaria para la vida.
Otras tempestades, que nada tienen que ver con el clima, están amenazando la calma de nuestro territorio, de forma bien distinta y este jueves endemoniadamente desagradable, no ha podido frenar otra salida de los pensionistas a las calles, ni tampoco la enrevesada situación en que se encuentra la crisis catalana, cada vez más enmarañada y menos factible de ser solucionada por la vía pacífica.
Tiempo y política, parecen haberse conjurado para hacer cada día más difícil, la vida de Mariano Rajoy, que con su flema característica, continúa esperando un milagro que solucione lo uno y lo otro, sin tener que molestarse en mover un solo dedo y que deja, como siempre, para mañana, lo que debió haber hecho antes de ayer, apalancado en la poltrona de un poder, a la que empiezan a fallarle las patas en las que se asentaba, provocando un incómodo  balanceo que puede conseguir que en algún momento, vaya a parar al suelo.
Este curioso nombre que han colocado a la corriente de congelación, los expertos en climatología y que a los ciudadanos de a pie nos da que pensar, si se recuerda que Catalunya está situada, también, en este mismo punto cardinal y que en cierto modo, se ha convertido en una especie de monstruo para nuestro amado Presidente, suena, cuando lo leemos en los diarios, a una especie de aviso a navegantes que augura  un futuro ciertamente siniestro y no sólo para los ciudadanos que sufren las inclemencias de la borrasca, sino también y muy especialmente, para aquel que no es capaz de encontrar un camino de solución para una crisis que se le ha ido de las manos y que no tiene visos de mejorar, si no se elige pronto en Catalunya, un nuevo Govern.
No se puede negar que Rajoy se está quedando solo, en la defensa a ultranza de sus argumentos, pues en los últimos días, ha perdido, casi de manera simultánea, la confianza de sus socios de Ciudadanos y el principal granero de sus votos, que provenía del conservadurismo de una buena parte de los pensionistas y que en algún momento, tendrá que abandonar esa inmovilidad, casi crónica, que ha caracterizado su mandato, para empezar a comprender que como Presidente, tiene la obligación inaplazable de arbitrar soluciones que beneficien a su pueblo.
No le va aquedar otra que hacer algunas concesiones de peso, si quiere terminar la legislatura o arriesgarse a permanecer anclado al rancio discurso que defiende y que no puede conducirle a otro sitio, más que a un adelanto electoral, que será aprovechado por todos los demás, para abrirse camino a codazos, en la carrera hacia la Presidencia y muy fundamentalmente, por Albert Rivera, que espera agazapado el momento de rematar a quien ha puesto en la diana, desde que empezara su ascenso en intención de voto, como demuestran todas las encuestas.
Así que La Bestia del Este, podría ser pecata minuta, si se compara con los huracanes que se avecinan,   los próximos meses y ya les digo yo, que ni la dureza habitual de Soraya Sáenz de Santamaría, a quién suele recurrir Rajoy en estos casos, conseguirá detener el cambio que se le viene encima a este país y que algunos celebraremos, sinceramente.

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