martes, 13 de marzo de 2018

El camino de la ambición



Mientras la gente de buena voluntad despide al pequeño Gabriel, en un acto multitudinario lleno de emociones y símbolos y la familia, siempre impecable con los medios, suplica intimidad para decir adiós a su niño, en el cementerio de su localidad, Francisco Granados, uno de los principales imputados en la trama púnica, contesta a las preguntas de los portavoces de los Partidos, en la Comisión de investigación del Parlamento, retomando una postura de precaución, muy diferente a la que adoptara en sus últimas apariciones ante la prensa.
Casi al mismo tiempo, conocemos que los Ciudadanos de Albert Rivera descubren por fin su postura ante el asunto de las reclamaciones de los pensionistas, posicionándose al lado del Gobierno, por lo que será muy difícil que Mariano Rajoy ceda a las presiones que desde la calle están ejerciendo cientos de miles de jubilados, a no ser que las Formaciones de izquierdas y también las nacionalistas vascas y catalanas, aúnen, por una vez, fuerzas para que salgan adelante unas medidas que desde el punto de vista de los ciudadanos, se consideran absolutamente justas y urgentes.
Entretanto, los pensionistas de todo el territorio se preparan para las multitudinarias manifestaciones que se celebrarán el próximo sábado y que podrían ser, por primera vez, secundadas por una ingente cantidad de personas, que hartas de la terrible situación que padecen, exigen al Gobierno una solución que garantice para siempre una cierta dignidad para poder afrontar sus necesidades más perentorias y que no parecen estar dispuestos a claudicar, ahora que han comprendido que el único foro en el que sus voces son realmente oídas, se sitúa en las calles.
Mal hacen las derechas ignorando de manera consciente este clamor popular que lanza un colectivo formado por casi diez millones de personas y por tanto, por diez millones de votantes, pues esta legislatura convulsa, que ha traído consigo infinidad de problemas no resueltos y una ingente cantidad de casos de corrupción, protagonizados especialmente por cargos del PP, se prevé corta y las próximas elecciones, si nada lo remedia, podrían estar a la vuelta de la esquina, poniendo a prueba la memoria de todos aquellos que se han sentido agredidos, por la clase de política que han llevado a cabo el Gobierno y todos aquellos que le prestaron su apoyo, como es el caso de los de Rivera.
No se puede olvidar, que la pasada semana, más de seis millones de mujeres nos unimos  por primera vez, para reclamar una igualdad que, en todos los ámbitos, se nos  ha venido negando sistemáticamente y que esos seis millones, si se unieran a los diez que aportaría el colectivo de nuestros mayores, sumarían dieciséis, cifra que en sí misma, puede y quiere cambiar las líneas seguidas en ambos problemas, por este inestable Gobierno.
Peor resultaría ser aún el caso de los de Rivera, que han debido pensar, a la vista de los resultados que les adjudican las últimas encuestas, que todo el terreno está ganado y que tienen asegurada la llegada a Moncloa, hagan lo que hagan, mientras se celebran  los Comicios, pues parecen ignorar que la capacidad de raciocinio de este sufrido pueblo, que está sufriendo en carne propia, las consecuencias de los errores de las políticas liberales que ellos mismos defienden, es infinitamente mayor de lo que presuntamente se calcula y que en cualquier momento, los vientos pueden cambiar, produciendo un resultado electoral imprevisible y desde luego, alejado de lo que esta nueva derecha, piensa y desea.
Que nadie olvide que ni los pensionistas ni las mujeres tenemos ya nada que perder y que sin embargo, bien podríamos ganar en igualdad, en justicia y en derechos, si nos atrevemos a otorgar   nuestros votos a Partidos progresistas que atiendan nuestras peticiones y  que cambien las líneas de actuación y políticas de recortes que ha venido defendiendo la derecha española, vieja y nueva, en todo el tiempo que ha durado esta maldita crisis.
Así que este paso de Ciudadanos, su apoyo a las medidas propuestas por el Gobierno de Rajoy, en el asunto de las pensiones y también en el que atañe a las reclamaciones de las mujeres, como demostraron al negar su apoyo a la huelga del pasado día ocho, puede dar al traste con la ambición que demuestra a diario su líder , henchido de una soberbia que delata su amor al poder y dejarle, simplemente, con la miel en los labios, devolviéndole a una realidad que nunca debió olvidar, porque en política, como en el amor, jamás puede darse nada por sentado.
A los que creyeran que esta derecha renovada podría ser absolutamente diferente a  la que conocemos de toda la vida, se les caen todos los argumentos y habría que advertir, porque es obligación inexcusable para quién escribe, que la ideología que defiende se encuentra estrechamente relacionada con un liberalismo feroz, que podría incluso, ir más allá de lo que hemos conocido en estos años oscuros que nos obligaron a perder la inocencia.
Es lo que tiene la ambición. Suele convertir en ciego a quien la padece en grado severo, nublando su razón y convirtiéndole en un ser únicamente entregado a la tarea de conseguir el poder, sin que le importe demasiado los medios que tenga que emplear para llegar a la meta propuesta.

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