Mientras la gente de buena voluntad despide al pequeño Gabriel,
en un acto multitudinario lleno de emociones y símbolos y la familia, siempre
impecable con los medios, suplica intimidad para decir adiós a su niño, en el
cementerio de su localidad, Francisco Granados, uno de los principales
imputados en la trama púnica, contesta a las preguntas de los portavoces de los
Partidos, en la Comisión de investigación del Parlamento, retomando una postura
de precaución, muy diferente a la que adoptara en sus últimas apariciones ante
la prensa.
Casi al mismo tiempo, conocemos que los Ciudadanos de Albert
Rivera descubren por fin su postura ante el asunto de las reclamaciones de los
pensionistas, posicionándose al lado del Gobierno, por lo que será muy difícil
que Mariano Rajoy ceda a las presiones que desde la calle están ejerciendo
cientos de miles de jubilados, a no ser que las Formaciones de izquierdas y
también las nacionalistas vascas y catalanas, aúnen, por una vez, fuerzas para
que salgan adelante unas medidas que desde el punto de vista de los ciudadanos,
se consideran absolutamente justas y urgentes.
Entretanto, los pensionistas de todo el territorio se
preparan para las multitudinarias manifestaciones que se celebrarán el próximo sábado
y que podrían ser, por primera vez, secundadas por una ingente cantidad de
personas, que hartas de la terrible situación que padecen, exigen al Gobierno
una solución que garantice para siempre una cierta dignidad para poder afrontar
sus necesidades más perentorias y que no parecen estar dispuestos a claudicar,
ahora que han comprendido que el único foro en el que sus voces son realmente
oídas, se sitúa en las calles.
Mal hacen las derechas ignorando de manera consciente este
clamor popular que lanza un colectivo formado por casi diez millones de personas
y por tanto, por diez millones de votantes, pues esta legislatura convulsa, que
ha traído consigo infinidad de problemas no resueltos y una ingente cantidad de
casos de corrupción, protagonizados especialmente por cargos del PP, se prevé
corta y las próximas elecciones, si nada lo remedia, podrían estar a la vuelta
de la esquina, poniendo a prueba la memoria de todos aquellos que se han
sentido agredidos, por la clase de política que han llevado a cabo el Gobierno
y todos aquellos que le prestaron su apoyo, como es el caso de los de Rivera.
No se puede olvidar, que la pasada semana, más de seis
millones de mujeres nos unimos por
primera vez, para reclamar una igualdad que, en todos los ámbitos, se nos ha venido negando sistemáticamente y que esos
seis millones, si se unieran a los diez que aportaría el colectivo de nuestros
mayores, sumarían dieciséis, cifra que en sí misma, puede y quiere cambiar las
líneas seguidas en ambos problemas, por este inestable Gobierno.
Peor resultaría ser aún el caso de los de Rivera, que han
debido pensar, a la vista de los resultados que les adjudican las últimas
encuestas, que todo el terreno está ganado y que tienen asegurada la llegada a
Moncloa, hagan lo que hagan, mientras se celebran los Comicios, pues parecen ignorar que la
capacidad de raciocinio de este sufrido pueblo, que está sufriendo en carne
propia, las consecuencias de los errores de las políticas liberales que ellos
mismos defienden, es infinitamente mayor de lo que presuntamente se calcula y
que en cualquier momento, los vientos pueden cambiar, produciendo un resultado
electoral imprevisible y desde luego, alejado de lo que esta nueva derecha,
piensa y desea.
Que nadie olvide que ni los pensionistas ni las mujeres
tenemos ya nada que perder y que sin embargo, bien podríamos ganar en igualdad,
en justicia y en derechos, si nos atrevemos a otorgar nuestros votos a Partidos progresistas que
atiendan nuestras peticiones y que
cambien las líneas de actuación y políticas de recortes que ha venido
defendiendo la derecha española, vieja y nueva, en todo el tiempo que ha durado
esta maldita crisis.
Así que este paso de Ciudadanos, su apoyo a las medidas
propuestas por el Gobierno de Rajoy, en el asunto de las pensiones y también en
el que atañe a las reclamaciones de las mujeres, como demostraron al negar su
apoyo a la huelga del pasado día ocho, puede dar al traste con la ambición que
demuestra a diario su líder , henchido de una soberbia que delata su amor al
poder y dejarle, simplemente, con la miel en los labios, devolviéndole a una
realidad que nunca debió olvidar, porque en política, como en el amor, jamás
puede darse nada por sentado.
A los que creyeran que esta derecha renovada podría ser
absolutamente diferente a la que
conocemos de toda la vida, se les caen todos los argumentos y habría que advertir,
porque es obligación inexcusable para quién escribe, que la ideología que
defiende se encuentra estrechamente relacionada con un liberalismo feroz, que
podría incluso, ir más allá de lo que hemos conocido en estos años oscuros que
nos obligaron a perder la inocencia.
Es lo que tiene la ambición. Suele convertir en ciego a quien
la padece en grado severo, nublando su razón y convirtiéndole en un ser
únicamente entregado a la tarea de conseguir el poder, sin que le importe
demasiado los medios que tenga que emplear para llegar a la meta propuesta.

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