martes, 6 de marzo de 2018

El ataque, como defensa



Irreverente, soberbio, displicente, hosco, autoritario y con un aire de superioridad absolutamente desaconsejado, para la situación en que se encuentra inmerso, Francisco Camps, el que fuera Presidente de la Comunidad Valenciana, está contestando a estas horas a las preguntas de los portavoces de los Partidos políticos presentes en la Comisión que investiga la financiación ilegal del PP, en el Parlamento, teniendo que ser llamado al orden, casi de manera continua, por quién preside la Mesa y  creando un incómodo escenario, en el que no parece estar dispuesto a responder con claridad a ninguna de las preguntas que se le formulen, como si hubiera acudido a la Sesión, a reafirmar su propio lucimiento.
Atacando sin medias tintas a la manera en que se está gobernando la Comunidad valenciana, tras su salida del poder e ignorando las continuas alusiones a  la interminable lista de sus antiguos colaboradores, implicados, imputados o directamente condenados por casos de corrupción, Camps niega la mayor, atreviéndose a tildar a los Empresarios y Políticos de su partido, que han decidido colaborar con la justicia y que vienen refiriendo una trama perfectamente organizada que apunta directamente a su propia cabeza, más que de mentirosos, de conspiradores dispuestos a lo que sea, con tal de conseguir mancillar ese honor que defiende sin tregua, aun siendo plenamente consciente de que la espada de Damocles pende, hace tiempo, sobre su cabeza.
La falta de humildad demostrada por este personaje, que quizá tuvo durante demasiado tiempo, enormes dosis de poder en la Comunidad que presidía e incluso en un Partido Popular que dependía, en gran manera, del granero de votos que le reportaba, esta parte del territorio nacional, agrava aún más, si cabe, el empeño que demuestra la oposición al completo, porque lo que ocurrió durante su tiempo de mandato, quede, de un vez, aclarado, para poder depurar las responsabilidades que fueran  menester, en el terreno de la justicia y le convierte en un corredor de fondo, que trata inútilmente de escapar de la persecución de su propio pasado, que coincide en fecha y lugar con las incontables irregularidades que ocurrieron en la Comunidad Valenciana, mientras él era su Presidente.
Acostumbrado a una permanente impunidad, ofrecida en bandeja desde Madrid y con el apoyo implícito de Rajoy, como ha manifestado públicamente en incontables ocasiones, Camps, que continúa ocupando un cargo de responsabilidad, a pesar de lo que ha llovido y llueve a su alrededor, no se resigna a ser desterrado a un anonimato que conlleva una tremenda mancha en su expediente y trata, de manera casi imposible, de eludir todas las responsabilidades políticas y personales que tenía, mientras se estaban cometiendo toda una suerte de espantosos delitos.
Todos eran culpables, menos él, que debía vivir en una burbuja de cristal, que le aislaba del nefasto entorno que le rodeaba y en el que los sobres de dinero negro circulaban sin ningún tipo de pudor, entre sus más íntimos colaboradores y las Campañas electorales, en las que él mismo intervenía como figura estrella, se realizaban, al más puro estilo americano, sin reparar en unos gastos, que presuntamente, se pagaban a través de la extorsión ejercida sobre una serie de  Empresarios, a los que después  se concedía la totalidad  las obras públicas, según han declarado ellos mismos.
Se suma Camps, a la muy extendida moda de alegar ignorancia que se viene imponiendo entre casi todos los que han sido acusados, en gravísimos casos de corrupción y trata, evidentemente, de quemar los últimos cartuchos que le quedan, antes de que algún juez decida, más temprano que tarde su imputación, en  alguna o en todas las causas abiertas actualmente en Valencia, temiendo perder para siempre y con deshonor , toda aquella popularidad y prestigio de los que gozaba, entre sus propios compañeros de Partido y fundamentalmente, entre la gente.
Pero no hay mayor indignidad que escudarse en la culpabilidad  de los demás, sin asumir en ningún momento, la parte de responsabilidad que a uno le corresponde, como máxima autoridad en ejercicio, ni nada peor, para un  político que se precie, que despreciar la inteligencia de los ciudadanos de un país, que hace ya tiempo que aprendieron a sacar conclusiones, sin necesidad de ser tutelados por la palabrería de los políticos.
Aquellos tiempos en que Camps era aclamado en las plazas de toros, afortunadamente, pasó y la tozudez de la verdad, acabará por pasarle la correspondiente factura que a todos nos debe, colocándole exactamente en el lugar que le corresponde, lejos de los fastos, el boato y sus muy amadas sastrerías.


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