Irreverente, soberbio, displicente, hosco, autoritario y con
un aire de superioridad absolutamente desaconsejado, para la situación en que
se encuentra inmerso, Francisco Camps, el que fuera Presidente de la Comunidad
Valenciana, está contestando a estas horas a las preguntas de los portavoces de
los Partidos políticos presentes en la Comisión que investiga la financiación
ilegal del PP, en el Parlamento, teniendo que ser llamado al orden, casi de
manera continua, por quién preside la Mesa y
creando un incómodo escenario, en el que no parece estar dispuesto a
responder con claridad a ninguna de las preguntas que se le formulen, como si
hubiera acudido a la Sesión, a reafirmar su propio lucimiento.
Atacando sin medias tintas a la manera en que se está
gobernando la Comunidad valenciana, tras su salida del poder e ignorando las
continuas alusiones a la interminable
lista de sus antiguos colaboradores, implicados, imputados o directamente
condenados por casos de corrupción, Camps niega la mayor, atreviéndose a tildar
a los Empresarios y Políticos de su partido, que han decidido colaborar con la
justicia y que vienen refiriendo una trama perfectamente organizada que apunta
directamente a su propia cabeza, más que de mentirosos, de conspiradores
dispuestos a lo que sea, con tal de conseguir mancillar ese honor que defiende
sin tregua, aun siendo plenamente consciente de que la espada de Damocles
pende, hace tiempo, sobre su cabeza.
La falta de humildad demostrada por este personaje, que quizá
tuvo durante demasiado tiempo, enormes dosis de poder en la Comunidad que
presidía e incluso en un Partido Popular que dependía, en gran manera, del
granero de votos que le reportaba, esta parte del territorio nacional, agrava
aún más, si cabe, el empeño que demuestra la oposición al completo, porque lo
que ocurrió durante su tiempo de mandato, quede, de un vez, aclarado, para
poder depurar las responsabilidades que fueran menester, en el terreno de la justicia y le
convierte en un corredor de fondo, que trata inútilmente de escapar de la
persecución de su propio pasado, que coincide en fecha y lugar con las incontables
irregularidades que ocurrieron en la Comunidad Valenciana, mientras él era su Presidente.
Acostumbrado a una permanente impunidad, ofrecida en bandeja
desde Madrid y con el apoyo implícito de Rajoy, como ha manifestado
públicamente en incontables ocasiones, Camps, que continúa ocupando un cargo de
responsabilidad, a pesar de lo que ha llovido y llueve a su alrededor, no se
resigna a ser desterrado a un anonimato que conlleva una tremenda mancha en su
expediente y trata, de manera casi imposible, de eludir todas las
responsabilidades políticas y personales que tenía, mientras se estaban
cometiendo toda una suerte de espantosos delitos.
Todos eran culpables, menos él, que debía vivir en una
burbuja de cristal, que le aislaba del nefasto entorno que le rodeaba y en el
que los sobres de dinero negro circulaban sin ningún tipo de pudor, entre sus
más íntimos colaboradores y las Campañas electorales, en las que él mismo
intervenía como figura estrella, se realizaban, al más puro estilo americano,
sin reparar en unos gastos, que presuntamente, se pagaban a través de la extorsión
ejercida sobre una serie de Empresarios,
a los que después se concedía la
totalidad las obras públicas, según han
declarado ellos mismos.
Se suma Camps, a la muy extendida moda de alegar ignorancia
que se viene imponiendo entre casi todos los que han sido acusados, en
gravísimos casos de corrupción y trata, evidentemente, de quemar los últimos
cartuchos que le quedan, antes de que algún juez decida, más temprano que tarde
su imputación, en alguna o en todas las
causas abiertas actualmente en Valencia, temiendo perder para siempre y con
deshonor , toda aquella popularidad y prestigio de los que gozaba, entre sus
propios compañeros de Partido y fundamentalmente, entre la gente.
Pero no hay mayor indignidad que escudarse en la culpabilidad
de los demás, sin asumir en ningún
momento, la parte de responsabilidad que a uno le corresponde, como máxima
autoridad en ejercicio, ni nada peor, para un político que se precie, que despreciar la
inteligencia de los ciudadanos de un país, que hace ya tiempo que aprendieron a
sacar conclusiones, sin necesidad de ser tutelados por la palabrería de los
políticos.
Aquellos tiempos en que Camps era aclamado en las plazas de
toros, afortunadamente, pasó y la tozudez de la verdad, acabará por pasarle la
correspondiente factura que a todos nos debe, colocándole exactamente en el
lugar que le corresponde, lejos de los fastos, el boato y sus muy amadas
sastrerías.

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