domingo, 18 de marzo de 2018

Volviendo a los orígenes



A la hora señalada y sin temer al peso de los años ni a las inclemencias del tiempo, cientos de miles de personas mayores de todo el territorio nacional y no todos los jóvenes que hubiera sido deseable, en un momento tan crucial como éste, nos poníamos  en marcha por las calles de nuestras principales ciudades y pueblos, haciendo uso de aquella libertad de expresión que ganamos hace muchos años, siendo aún casi unos niños, para reclamar al Gobierno de Mariano Rajoy, una garantía de nuestro Sistema de Pensiones y su compromiso con que los jubilados de hoy y del futuro, puedan vivir un retiro digno, avalado constitucionalmente y que les permita sortear los escollos que han traído consigo, los devastadores efectos de la crisis.
Bajo una manta de lluvia y viento, que en muchos lugares acompañó a los manifestantes durante todo el recorrido previsto y la misma valentía que convirtió a esta generación nuestra en un ejemplo histórico, a lo largo y ancho de este mundo, ni las canas, ni los años, ni los relatos personales que en muchos casos se han convertido en toda una lección de pura resistencia ante la adversidad, pudieron frenar el poder inmenso de una indignación, que nos ha hecho regresar, cuando ya estábamos convencidos de haber cumplido con creces, con la responsabilidades correspondientes a nuestro tiempo, al mismo punto de origen del que partimos, cuando jugándonos la integridad física y hasta la vida, fuimos capaces de cambiar el rumbo de un país surgido de entre las sombras de una dictadura de cuarenta años, para transformarlo en un lugar mejor , en el que nuestros hijos pudieran crecer, al amparo de la igualdad de oportunidades, en libertad y sin violencia.
Este salto al vacío, dado ahora desde el convencimiento de no tener ya nada que perder y al mismo tiempo, desde la certeza de que la rebeldía es el único motor capaz de mover montañas y mundos, nos devuelve, indefectiblemente, al máximo nivel de la actualidad e inyecta en nuestras venas un espíritu renovado de combate, que desborda por su imparable torrencialidad, todas las previsiones electorales ya fijadas por los sesudos asesores de todos nuestros líderes  políticos, dejando flotar en el aire una incertidumbre inesperada, que podría transformar de una manera poco convencional, el obsoleto bipartidismo que había caracterizado hasta ahora el panorama político español, fundamentalmente porque la fuerza numérica de nuestros votos, ha de ser necesariamente tenida en cuenta, por cualquiera que aspire a la Presidencia de este país, cualquiera que sea la ideología que defienda.
Nuestras voces, que ya tuvieron una importancia innegable, cuando se empezó desde cero y hubo que batallar de manera incansable, para poder ir ganando sin contemplar la rendición , todos y cada   uno de nuestros derechos, adquieren, otra vez, un protagonismo irrefutable, aunque nos separan de aquellos primeros momentos, el aprendizaje adquirido de cada una de las experiencias a las que hemos tenido que enfrentarnos a lo largo de nuestras vidas y la impagable virtud de no haber perdido jamás la confianza en que todo es susceptible de ser cambiado, si se afronta con voluntad, unidad y un marcado sentido de responsabilidad, que en nuestro caso, se hace mayor, por ser aquello que reclamamos, una mera cuestión de justicia.
La emoción de volver a reencontrarnos, en los mismos lugares, aunque transformados por el  inexorable paso del tiempo, ejerciendo un tipo de patriotismo que para nada necesita de símbolos o banderas y observar en los ojos de los compañeros, habiendo pasado tanto tiempo, las mismas dosis de ilusión, se convierte inmediatamente en un ejemplo de coherencia, conservada durante toda la vida y en una lección impagable, que ofrecemos gratuitamente y con esperanza, a todos los que viniendo detrás, aún tienen la oportunidad de experimentar el verdadero sentido de la solidaridad con los demás y el cálido sabor que nos deja en la boca la práctica de la libertad, sin censuras ni cortapisas que coaccionen al pensamiento.
No voy, ni quisiera, entrar en detalles de cifras de participación, en estas manifestaciones celebradas ayer, a nivel nacional, ni pararme a describir detalladamente las reivindicaciones referidas en la multitud de pancartas personalizadas que nos acompañaron, ni tampoco en aquellos que decidieron no participar, por tibieza o por miedo.
 Quizá estuvimos, los que teníamos que estar, los que siempre estuvimos, cada vez que nos necesitaron los propios y también los ajenos. A estas alturas, no creemos ser susceptibles de que nadie pueda manipular nuestro pensamiento.
Nunca, desde la juventud, supimos permanecer callados y la regresión que sufrimos, potenciada e interpretada como un triunfo, por una derecha sin corazón que ataca sin piedad a los más vulnerables y muy particularmente, a estos viejos luchadores irredentos, resulta ser motivo suficiente para regresar a una brecha que nunca abandonamos por propia voluntad, aunque el testigo, no fuera después recogido, a nuestro modo de ver, con la fuerza y ambición que esperábamos de todos aquellos a los que procuramos un mundo mejor y que ahora, muchas veces, hacen de la sumisión, un modo de pasar una existencia hueca que jamás les reportará ningún instante de conmoción, que relatar el día de mañana, a sus propios hijos y nietos.
Puede que muchos pensaran que habían conseguido doblarnos y probablemente, hasta enmudecernos.
La evidencia de lo que está ocurriendo y la voluntad de continuar la lucha,  demuestra claramente que no. Ni nos movieron, ni podrán movernos.







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