A la hora señalada y sin temer al peso de los años ni a las inclemencias
del tiempo, cientos de miles de personas mayores de todo el territorio nacional
y no todos los jóvenes que hubiera sido deseable, en un momento tan crucial como
éste, nos poníamos en marcha por las
calles de nuestras principales ciudades y pueblos, haciendo uso de aquella
libertad de expresión que ganamos hace muchos años, siendo aún casi unos niños,
para reclamar al Gobierno de Mariano Rajoy, una garantía de nuestro Sistema de
Pensiones y su compromiso con que los jubilados de hoy y del futuro, puedan
vivir un retiro digno, avalado constitucionalmente y que les permita sortear
los escollos que han traído consigo, los devastadores efectos de la crisis.
Bajo una manta de lluvia y viento, que en muchos lugares
acompañó a los manifestantes durante todo el recorrido previsto y la misma
valentía que convirtió a esta generación nuestra en un ejemplo histórico, a lo
largo y ancho de este mundo, ni las canas, ni los años, ni los relatos
personales que en muchos casos se han convertido en toda una lección de pura
resistencia ante la adversidad, pudieron frenar el poder inmenso de una
indignación, que nos ha hecho regresar, cuando ya estábamos convencidos de haber
cumplido con creces, con la responsabilidades correspondientes a nuestro
tiempo, al mismo punto de origen del que partimos, cuando jugándonos la
integridad física y hasta la vida, fuimos capaces de cambiar el rumbo de un
país surgido de entre las sombras de una dictadura de cuarenta años, para
transformarlo en un lugar mejor , en el que nuestros hijos pudieran crecer, al
amparo de la igualdad de oportunidades, en libertad y sin violencia.
Este salto al vacío, dado ahora desde el convencimiento de no
tener ya nada que perder y al mismo tiempo, desde la certeza de que la rebeldía
es el único motor capaz de mover montañas y mundos, nos devuelve,
indefectiblemente, al máximo nivel de la actualidad e inyecta en nuestras venas
un espíritu renovado de combate, que desborda por su imparable torrencialidad,
todas las previsiones electorales ya fijadas por los sesudos asesores de todos
nuestros líderes políticos, dejando
flotar en el aire una incertidumbre inesperada, que podría transformar de una
manera poco convencional, el obsoleto bipartidismo que había caracterizado
hasta ahora el panorama político español, fundamentalmente porque la fuerza
numérica de nuestros votos, ha de ser necesariamente tenida en cuenta, por
cualquiera que aspire a la Presidencia de este país, cualquiera que sea la
ideología que defienda.
Nuestras voces, que ya tuvieron una importancia innegable,
cuando se empezó desde cero y hubo que batallar de manera incansable, para
poder ir ganando sin contemplar la rendición , todos y cada uno de
nuestros derechos, adquieren, otra vez, un protagonismo irrefutable, aunque nos
separan de aquellos primeros momentos, el aprendizaje adquirido de cada una de
las experiencias a las que hemos tenido que enfrentarnos a lo largo de nuestras
vidas y la impagable virtud de no haber perdido jamás la confianza en que todo
es susceptible de ser cambiado, si se afronta con voluntad, unidad y un marcado
sentido de responsabilidad, que en nuestro caso, se hace mayor, por ser aquello
que reclamamos, una mera cuestión de justicia.
La emoción de volver a reencontrarnos, en los mismos lugares,
aunque transformados por el inexorable
paso del tiempo, ejerciendo un tipo de patriotismo que para nada necesita de
símbolos o banderas y observar en los ojos de los compañeros, habiendo pasado tanto
tiempo, las mismas dosis de ilusión, se convierte inmediatamente en un ejemplo
de coherencia, conservada durante toda la vida y en una lección impagable, que
ofrecemos gratuitamente y con esperanza, a todos los que viniendo detrás, aún
tienen la oportunidad de experimentar el verdadero sentido de la solidaridad
con los demás y el cálido sabor que nos deja en la boca la práctica de la
libertad, sin censuras ni cortapisas que coaccionen al pensamiento.
No voy, ni quisiera, entrar en detalles de cifras de participación,
en estas manifestaciones celebradas ayer, a nivel nacional, ni pararme a
describir detalladamente las reivindicaciones referidas en la multitud de
pancartas personalizadas que nos acompañaron, ni tampoco en aquellos que
decidieron no participar, por tibieza o por miedo.
Quizá estuvimos, los que
teníamos que estar, los que siempre estuvimos, cada vez que nos necesitaron los
propios y también los ajenos. A estas alturas, no creemos ser susceptibles de
que nadie pueda manipular nuestro pensamiento.
Nunca, desde la juventud, supimos permanecer callados y la
regresión que sufrimos, potenciada e interpretada como un triunfo, por una
derecha sin corazón que ataca sin piedad a los más vulnerables y muy
particularmente, a estos viejos luchadores irredentos, resulta ser motivo
suficiente para regresar a una brecha que nunca abandonamos por propia voluntad,
aunque el testigo, no fuera después recogido, a nuestro modo de ver, con la
fuerza y ambición que esperábamos de todos aquellos a los que procuramos un
mundo mejor y que ahora, muchas veces, hacen de la sumisión, un modo de pasar
una existencia hueca que jamás les reportará ningún instante de conmoción, que
relatar el día de mañana, a sus propios hijos y nietos.
Puede que muchos pensaran que habían conseguido doblarnos y
probablemente, hasta enmudecernos.
La evidencia de lo que está ocurriendo y la voluntad de
continuar la lucha, demuestra claramente
que no. Ni nos movieron, ni podrán movernos.

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