La pregunta formulada en la cabecera del último programa de
Jordi Évole, que tuvo como escenario el barrio de Villaverde de Madrid, cuyos
votantes han ido evolucionando a lo largo de los años hacia unos planteamientos
de derechas, echando seguramente en falta un entendimiento real entre los
Partidos llamados de progreso, quedó a lo largo de la entrevista realizada a
Eduardo Madina e Iñigo Errejón, parcialmente respondida, dejando en evidencia
los innumerables razonamientos esgrimidos durante los últimos tiempos por los
líderes de PSOE y Podemos, incapaces de hallar una vía necesaria en la que
confluir en unidad, para hacer frente a la posibilidad de que gobiernos
conservadores, puedan prolongar, sine die, su estancia en el poder, en
detrimento de las clases más vulnerables que
malviven en este país, incluida la de los trabajadores de nuevo cuño,
sometidos a situaciones laborales absolutamente precarias.
Fue una buena idea, en principio, no contar con la presencia
de Iglesias y Sánchez, como representantes principales de las Formaciones que
encabezan y explorar lo que podría estarse cociendo en una segunda línea de
juego, pues habría que recordar de vez en cuando, sobre todo para que no se
olvide, que los Partidos políticos no son patrimonio personal de quiénes los
presiden, ni tienen por qué seguir a rajatabla, las líneas de sus pensamientos.
Acostumbrados a la crudeza con que suelen tratarse los
líderes de PSOE y Podemos y a los continuos reproches que reiteradamente han
vertido el uno sobre el otro, intentando adjudicar la culpa de la desunión al
adversario, sin admitir en ningún momento los errores que cada uno cometieron,
la entrevista de anoche, fluyó en un ambiente de cordialidad, que permitió
expresar con plena libertad y sin cortapisas, a cada cual, la naturaleza de su
pensamiento, demostrando que el diálogo y las buenas maneras, que no tienen por
qué significar moderación, pueden ayudar significativamente a un imprescindible
acercamiento, sobre todo si las ideas quedan, desde el principio claras, en una
y otra parte y se está dispuesto a ceder,
en determinados aspectos, con la intención común de alcanzar un único fin que
beneficie a todos y muy fundamentalmente, al conjunto de los ciudadanos que
conformamos este país al que pertenecemos.
Las críticas vertidas ya esta mañana desde redes sociales, sobre todo sobre Iñigo
Errejón, por parte de los sectores más radicales de su propio Partido, no
restan, sin embargo, un ápice a la brillantez y clarividencia con que expuso
sus argumentos y muy fundamentalmente, a la crudeza con que analizó las
auténticas posibilidades que tiene la izquierda de alcanzar el poder, sobre
todo ahora que Rivera ha conseguido adelantar en intención de voto al PP, según
los resultados de las últimas encuestas.
Ambos líderes, que apostaron y perdieron por opciones
diferentes a las propuestas por quienes presiden las Formaciones a las que
pertenecen, pero que continúan conservando, a los ojos de mucha gente, una
importancia que se les ha venido negando sistemáticamente, desde dentro, fueron
sin embargo capaces de hacer, ante los ojos de los telespectadores, esa autocrítica
imprescindible que puede contribuir a enmendar los propios errores y que sin
embargo, resulta tan difícil de encontrar en todos los líderes que conforman el
panorama político español, no se sabe si por miedo o por vergüenza.
Desde un punto de vista que se ciña a la realidad que vivimos
y que contemple de manera seria las verdaderas posibilidades que aguardan a la
izquierda española, en general, las intervenciones de ambos protagonistas del
programa, aportaron un rayo de esperanza que una buena parte de la sociedad en
que vivimos ha estado aguardando sin resultado alguno, durante demasiado tiempo
y dieron a entender, de una manera tácita y sin aspavientos, que el
entendimiento entre PSOE y Podemos, no sólo es factible de ser logrado, sino
que en cierto modo, es el único camino que puede quebrar , si se renuncia a los
personalismos, el periodo de oscurantismo social que estamos viviendo bajo el
mandato de la vieja derecha y el que
puede aguardarnos, si como se va empezando a ver en el horizonte, el relevo lo
toma Rivera.
La inexcusable contundencia de los argumentos que se
esgrimieron y que podría dar lugar a que cierto tipo de componentes de ambas
Formaciones pensaran de manera errónea que Errejón debería militar en el PSOE y
que Madina podría hacerlo en Podemos, demuestra no obstante, que todo lo que se
ha hecho hasta ahora, ha fracasado y que la naturaleza de ese fracaso lo único
que ha conseguido es restar cuatro o cinco puntos en intención de voto, a ambos
Partidos, anulando cualquier posibilidad real de alcanzar el poder,
favoreciendo el ascenso de la llamada nueva derecha.
La idea de intentar apartar a Errejón de la primera línea
política, ha perjudicado gravemente la imagen y las perspectivas de Podemos y
ya les digo yo, que a Pablo Iglesias le convendría y mucho, reconsiderar un acercamiento eficaz, pues para una gran
parte de los indignados que auparon desde la nada a Podemos, esta separación
incomprensible, resulta ser del todo inaceptable, por la enorme pérdida de
talento que supone el alejamiento del que fuera número dos de la Formación morada,
en sus inolvidables comienzos.
También a Sánchez le vendría bien atraer a Madina, a la
primera línea de juego, pues en política, nada hay más hermoso que saber
perdonar y sobre todo, atreverse a presentar ante los electores al mejor equipo
posible, aunque esto signifique en muchos casos, ceder cierto protagonismo y tener que salvar discrepancias, cuando por
razones meramente humanas, se produce un choque de talentos.
Fue el programa de Évole, como en otras tantas ocasiones, una manera tácita de poder
conocer un poco mejor a estos dos personajes controvertidos y rebeldes, que sin
embargo, propiciaron, con su conversación, un clima de calidez que se ha venido
echando en falta entre las izquierdas de este país, desde hace demasiado
tiempo.
Ya hemos hablado muchas veces de Errejón, de las luces y las sombras que le
han llevado a estar dónde está, de los errores que cometiera y también de los
enormes triunfos que le auparon merecidamente, a la cabeza de Podemos. Sigue,
como no podía ser de otra manera, sabiendo ordenar mejor que nadie las
secuencias lógicas de los hechos y entendiendo, con meridiana claridad, que las
revoluciones pueden quedar reducidas a meras utopías, si no se ponen los pies
en el suelo y se admite que a través de la evolución también es posible llegar
al mismo punto que se hubiera marcado desde el principio, aunque por un camino
diferente.
A Madina, le conocíamos menos, pero la valentía de reconocer
su pertenencia a la socialdemocracia, sin complejos y su buena voluntad al
asentir a ciertos planteamientos de su oponente, dándolos como buenos, nos
descubrió a un personaje válido que podría ser muy recomendable como futuro
negociador, si los de Sánchez fueran capaces de olvidar algún día, que una vez
apoyó a Susana Díaz, en pleno derecho de su libertad de elección, aunque desde
mi punto de vista, equivocadamente.
A todos los que vimos el programa, nos pareció, esencialmente,
que el entendimiento era posible y que la izquierda, esa que todos se
preguntaban dónde está, se encontraba en aquel momento, sentada delante de una
mesa, representada por dos grandes
hombres sencillos, capaces de asumir la obligación de propiciar un acercamiento
que no parecía ser tan difícil.
Solo hace falta voluntad. Aunque a lo peor, es precisamente eso
lo que les falta a los que toman las decisiones, finalmente.

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