lunes, 19 de marzo de 2018

Capaces de entenderse



La pregunta formulada en la cabecera del último programa de Jordi Évole, que tuvo como escenario el barrio de Villaverde de Madrid, cuyos votantes han ido evolucionando a lo largo de los años hacia unos planteamientos de derechas, echando seguramente en falta un entendimiento real entre los Partidos llamados de progreso, quedó a lo largo de la entrevista realizada a Eduardo Madina e Iñigo Errejón, parcialmente respondida, dejando en evidencia los innumerables razonamientos esgrimidos durante los últimos tiempos por los líderes de PSOE y Podemos, incapaces de hallar una vía necesaria en la que confluir en unidad, para hacer frente a la posibilidad de que gobiernos conservadores, puedan prolongar, sine die, su estancia en el poder, en detrimento de las clases más vulnerables que  malviven en este país, incluida la de los trabajadores de nuevo cuño, sometidos a situaciones laborales absolutamente precarias.
Fue una buena idea, en principio, no contar con la presencia de Iglesias y Sánchez, como representantes principales de las Formaciones que encabezan y explorar lo que podría estarse cociendo en una segunda línea de juego, pues habría que recordar de vez en cuando, sobre todo para que no se olvide, que los Partidos políticos no son patrimonio personal de quiénes los presiden, ni tienen por qué seguir a rajatabla, las líneas de sus pensamientos.
Acostumbrados a la crudeza con que suelen tratarse los líderes de PSOE y Podemos y a los continuos reproches que reiteradamente han vertido el uno sobre el otro, intentando adjudicar la culpa de la desunión al adversario, sin admitir en ningún momento los errores que cada uno cometieron, la entrevista de anoche, fluyó en un ambiente de cordialidad, que permitió expresar con plena libertad y sin cortapisas, a cada cual, la naturaleza de su pensamiento, demostrando que el diálogo y las buenas maneras, que no tienen por qué significar moderación, pueden ayudar significativamente a un imprescindible acercamiento, sobre todo si las ideas quedan, desde el principio claras, en una y otra parte y se está dispuesto a  ceder, en determinados aspectos, con la intención común de alcanzar un único fin que beneficie a todos y muy fundamentalmente, al conjunto de los ciudadanos que conformamos este país al que pertenecemos.
Las críticas vertidas ya esta mañana desde  redes sociales, sobre todo sobre Iñigo Errejón, por parte de los sectores más radicales de su propio Partido, no restan, sin embargo, un ápice a la brillantez y clarividencia con que expuso sus argumentos y muy fundamentalmente, a la crudeza con que analizó las auténticas posibilidades que tiene la izquierda de alcanzar el poder, sobre todo ahora que Rivera ha conseguido adelantar en intención de voto al PP, según los resultados de las últimas encuestas.
Ambos líderes, que apostaron y perdieron por opciones diferentes a las propuestas por quienes presiden las Formaciones a las que pertenecen, pero que continúan conservando, a los ojos de mucha gente, una importancia que se les ha venido negando sistemáticamente, desde dentro, fueron sin embargo capaces de hacer, ante los ojos de los telespectadores, esa autocrítica imprescindible que puede contribuir a enmendar los propios errores y que sin embargo, resulta tan difícil de encontrar en todos los líderes que conforman el panorama político español, no se sabe si por miedo o por vergüenza.
Desde un punto de vista que se ciña a la realidad que vivimos y que contemple de manera seria las verdaderas posibilidades que aguardan a la izquierda española, en general, las intervenciones de ambos protagonistas del programa, aportaron un rayo de esperanza que una buena parte de la sociedad en que vivimos ha estado aguardando sin resultado alguno, durante demasiado tiempo y dieron a entender, de una manera tácita y sin aspavientos, que el entendimiento entre PSOE y Podemos, no sólo es factible de ser logrado, sino que en cierto modo, es el único camino que puede quebrar , si se renuncia a los personalismos, el periodo de oscurantismo social que estamos viviendo bajo el mandato de la  vieja derecha y el que puede aguardarnos, si como se va empezando a ver en el horizonte, el relevo lo toma Rivera.
La inexcusable contundencia de los argumentos que se esgrimieron y que podría dar lugar a que cierto tipo de componentes de ambas Formaciones pensaran de manera errónea que Errejón debería militar en el PSOE y que Madina podría hacerlo en Podemos, demuestra no obstante, que todo lo que se ha hecho hasta ahora, ha fracasado y que la naturaleza de ese fracaso lo único que ha conseguido es restar cuatro o cinco puntos en intención de voto, a ambos Partidos, anulando cualquier posibilidad real de alcanzar el poder, favoreciendo el ascenso de la llamada nueva derecha.
La idea de intentar apartar a Errejón de la primera línea política, ha perjudicado gravemente la imagen y las perspectivas de Podemos y ya les digo yo, que a Pablo Iglesias le convendría y mucho, reconsiderar  un acercamiento eficaz, pues para una gran parte de los indignados que auparon desde la nada a Podemos, esta separación incomprensible, resulta ser del todo inaceptable, por la enorme pérdida de talento que supone el alejamiento del que fuera número dos de la Formación morada, en sus inolvidables comienzos.
También a Sánchez le vendría bien atraer a Madina, a la primera línea de juego, pues en política, nada hay más hermoso que saber perdonar y sobre todo, atreverse a presentar ante los electores al mejor equipo posible, aunque esto signifique en muchos casos, ceder cierto protagonismo  y tener que salvar discrepancias, cuando por razones meramente humanas, se produce un choque de talentos.
Fue el programa de Évole, como en otras  tantas ocasiones, una manera tácita de poder conocer un poco mejor a estos dos personajes controvertidos y rebeldes, que sin embargo, propiciaron, con su conversación, un clima de calidez que se ha venido echando en falta entre las izquierdas de este país, desde hace demasiado tiempo.
Ya hemos hablado muchas veces  de Errejón, de las luces y las sombras que le han llevado a estar dónde está, de los errores que cometiera y también de los enormes triunfos que le auparon merecidamente, a la cabeza de Podemos. Sigue, como no podía ser de otra manera, sabiendo ordenar mejor que nadie las secuencias lógicas de los hechos y entendiendo, con meridiana claridad, que las revoluciones pueden quedar reducidas a meras utopías, si no se ponen los pies en el suelo y se admite que a través de la evolución también es posible llegar al mismo punto que se hubiera marcado desde el principio, aunque por un camino diferente.
A Madina, le conocíamos menos, pero la valentía de reconocer su pertenencia a la socialdemocracia, sin complejos y su buena voluntad al asentir a ciertos planteamientos de su oponente, dándolos como buenos, nos descubrió a un personaje válido que podría ser muy recomendable como futuro negociador, si los de Sánchez fueran capaces de olvidar algún día, que una vez apoyó a Susana Díaz, en pleno derecho de su libertad de elección, aunque desde mi punto de vista, equivocadamente.
A todos los que vimos el programa, nos pareció, esencialmente, que el entendimiento era posible y que la izquierda, esa que todos se preguntaban dónde está, se encontraba en aquel momento, sentada delante de una mesa,  representada por dos grandes hombres sencillos, capaces de asumir la obligación de propiciar un acercamiento que no parecía ser tan difícil.
Solo hace falta voluntad. Aunque a lo peor, es precisamente eso lo que les falta a los que toman las decisiones, finalmente.


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