viernes, 9 de marzo de 2018

Reflejos de un cielo morado



Ni el frío, ni la lluvia, ni las inclemencias del tiempo, pudieron impedir ayer que casi seis millones de mujeres saliéramos a las calles, en todo el territorio peninsular, ofreciendo una lección de concordia, dignidad, pacifismo e inteligencia en la práctica del ejercicio de una libertad, que a muchas de nosotras se nos ha venido negando sistemáticamente.
Desde primeras horas de la mañana, empezaron a notarse de manera considerable los efectos de la primera huelga feminista que se ha conocido en nuestra Historia y un clamor unánimemente concebido para dar una señal de alerta a la Sociedad patriarcal, se elevó hasta los cielos de todas y cada una de las ciudades de nuestro país, tiñéndolo de un color morado intenso.
Ancianas, jóvenes y niñas, estudiantes, obreras, funcionarias, amas de casa, autónomas y asalariadas de todos los sectores conocidos, unimos nuestras manos, nuestras voces y nuestras emociones contenidas, quizá desde hacía demasiado tiempo, para reclamar a los políticos y a la ciudadanía en general y muy fundamentalmente a los muchos que aún continúan anclados en la profunda oscuridad del ideario machista, justicia e igualdad, respeto, seriedad en la toma de posiciones y la urgencia de arbitrar soluciones para solucionar el problema de la violencia de género y la brecha salarial que nos separa de aquellos hombres que ocupan los mismos puestos que nosotras.
El día, que transcurrió sin incidentes y al que se sumaron y así hay que decirlo, un buen número de compañeros, que sin embargo, no mermaron nuestro protagonismo, se convirtió mágicamente en un momento histórico inolvidable, en el que fue todo un honor participar y que nos permitió comprobar, in situ, la fuerza que somos capaces de generar, cuando estamos unidas, frente al abuso y la violencia.
Para muchos, entre ellos los partidarios del PP y de Ciudadanos, que se negaron a respaldar el paro desde el primer momento, la sorpresa de las cifras de participación tuvo que constituir una sorpresa descomunal, que debiera empujarles a la obligación de reflexionar profundamente sobre su actual posicionamiento ante los problemas de las mujeres, si no quieren ser finalmente arrastrados por una marea que está empezando a levantar las conciencias de millones de ciudadanas y que no se va a detener, ahora que hemos podido comprobar el éxito que hemos sido capaces de generar, en estas veinticuatro horas, críticas para nuestro movimiento.
Tendremos, porque es de justicia, que agradecer a nuestros compañeros su inestimable colaboración y que ejerciendo nuestras tareas mientras acudíamos a las concentraciones, manifestaciones y encuentros, nos ofrecieran una ayuda impagable, entendiendo que la importancia del momento que vivimos también les afectaba a ellos y solidarizándose con unas peticiones que por ser absolutamente justas, podrían  cambiar, para mejor, el mundo de las relaciones laborales, personales, familiares y de pareja.
El paso que dimos ayer y que debiera considerarse como el primero en la transformación que intentamos conseguir  las mujeres, en un corto espacio de tiempo, abre una nueva forma de entender la lucha del feminismo para todas y nos impone un compromiso real de resistencia, hasta que se hayan logrado, todos y cada uno de nuestros objetivos propuestos.
Impresionaba, no sólo la corrección en las maneras de afrontar la masiva participación en los actos programados en todas partes, sino también, la fantástica sensación de habernos liberado de las muchas ataduras que durante siglos nos oprimían, sin permitirnos alcanzar la categoría de personas y sobre todo, la satisfacción de poder ser, aunque sólo fuera durante un día, nosotras mismas, simplemente.
Fue el día de ayer, la prueba de que las utopías se pueden transformar en realidad y que si se pone el empeño necesario, se permanece en unidad y se quiere, no puede haber traba que frene nuestro ascenso imparable hacia la igualdad que por nuestra perseverancia, merecemos.
Tres o cuatro generaciones de mujeres, se  codearon unas con otras en las calles, sin otra motivación que poder finalmente, cumplir sus sueños y el mundo, pueden creerme, se paró y aunque haya después nuevos instantes que contribuyan  al éxito de este proceso, éste de ayer, irrepetible, quedará siempre grabado en nosotras como el mejor de cuántos habíamos vivido en todos los años de duras batallas que hemos librado, sin apoyos de nadie, durante tanto tiempo.
Queda hoy, en las aceras y en el recuerdo, una estela morada de ensueño  que nos hace sonreír,  al pisar los mismos lugares que ayer pisamos, mucho más vacíos, pero impregnados de un olor a triunfo, intenso.
Y aunque habrá que seguir, por las que estuvimos y por las que desgraciadamente no pudieron estar, la tranquilidad de conciencia que deja haber escrito esta página de nuestra historia, nos permite afrontar lo que venga, con un espíritu bien diferente.
A todas nos quedó meridianamente claro que si queremos, podemos.


No hay comentarios:

Publicar un comentario