La renuncia de Puigdemont, que ha llegado a regañadientes,
cuando se ha visto por activa y por
pasiva, que no había modo alguno de lograr una investidura desde Bruselas, se
ha convertido en la bomba informativa del fin de semana, aunque por las
palabras que pronunciara en su discurso, se intuye que no será la última vez
que insista en su intención de ser coronado como Virrey de Catalunya, convencido como está de ser una
especie de enviado de Dios, con la única misión de cambiar el rumbo de la
Historia de su pueblo y del nuestro.
Muchas eran las voces que reclamaban que diera un paso al
lado, para facilitar, a la mayor brevedad posible, la restitución de la
normalidad en las Instituciones catalanas y muy fundamentalmente, porque una
Comunidad, País o Nación, como cada uno prefiera, sin gobierno y regida por la
mano de hierro de un PP con afán de vengar la afrenta recibida durante el transcurso
del proces, no puede, sino perder cualquier oportunidad de progreso y no está
el patio para ir dejando por el camino, aún más de lo que todos hemos perdido,
durante los años duros de la crisis.
Lo que ocurre es que a los Partidos independentistas, que
ganaron por mayoría las elecciones de Diciembre, por si a alguien no le ha
quedado claro, les ha costado sangre, sudor y lágrimas, alcanzar un consenso
sobre el nombre del candidato que debía suceder al exiliado, una vez persuadido
de la conveniencia de quitarse de en medio y han tardado unos cuantos meses en
arbitrar lo que ellos vienen considerando como una decisión provisional, por lo que finalmente han
propuesto a Jordi Sánchez, como sucesor del que fuera en principio, el único aspirante
que tenían en mente, los que siguen en su tierra y los que se mudaron a otros
países, como todos sabemos.
Así que a pesar de lo mucho que han renegado de la
judicialización de la política, los separatistas dejan en manos del Juez
LLarena, la posibilidad de que el nuevo candidato pueda ser investido en un
Parlament, absolutamente dividido y que atraviesa por momentos inciertos y nos
dejan a todos, a la espera de que el Magistrado resuelva este un enigma que muy
posiblemente, cambiará a partir de ahora su vida, permitiendo o negando que
Sánchez, que se encuentra en prisión preventiva, salga libre para poder asumir
las obligaciones que de él esperan, sus compañeros de aventuras
independentistas.
Hay, ruido de fondo entre las Formaciones que constituyeron
el bloque que nos ha traído hasta dónde nos encontramos en estos momentos y
aunque no se quiera confesar, parece que no todos están de acuerdo con el mandato
que les llega desde Bruselas, como una apuesta personal del ex President, por
lo que el panorama político catalán se encuentra, más que complicado, en una especie
de laberinto, del que por ahora, nadie parece hallar la salida,
mientras siguen pasando los meses y los ciudadanos, de uno y otro signo,
empiezan a perder una paciencia, que dese luego, no puede ser eterna.
Para el resto de los habitantes peninsulares, este Jordi Sánchez,
resulta ser un perfecto desconocido al que sólo pusimos cara cuando empezaron
las campañas a favor de la votación del primero de Octubre pasado y que
creíamos líder de una especie de movimiento ciudadano que apoyaba sin reservas la
separación del Estado español, pero en
cuyo pensamiento no entraba la
posibilidad de hacer carrera en el mundo
de la política y menos aún, la idea de llegar a convertirse en todo un
Presidente.
Puede que nuestra ignorancia sobre la sociedad catalana se
delate como absolutamente supina, pero en honor a la verdad, el oscurantismo
que ha rodeado fuera del territorio catalán, la preparación del proces, quizá
no nos haya permitido hacernos una idea precisa del papel que jugaba cada cual,
en esta tierra verdaderamente empeñada en ser diferente de las demás, que ha
debido estar funcionando, rigiéndose por normas muy peculiares, que escapan al
entendimiento de los cánones que conocemos, como normales, las mayorías.
Los secretos, que ahora se revelan como si hubieran sido
improvisados sobre la marcha, a partir de la aplicación del artículo 155,
parecen sin embargo, minuciosamente preparados con anterioridad y ofrecen a la
opinión pública, en general, la impresión de haber vivido engañada, de manera
consciente, por quiénes alentaron el sueño de una rebelión imposible, que ha
traído estas consecuencias.
Así que el nuevo candidato debía tener un peso de enorme
importancia en el mundo del separatismo catalán y hasta puede que haya estado
preparándose, en la sombra, durante años, por si llegara su momento.
Otra cosa es que Llarena permita de buen grado su
incorporación al puesto al que aspira y que se encuentre dispuesto a retirar
los cargos que judicialmente se le atribuyen, concediéndole una libertad que
aunque todos deseamos, no parece corresponderse con las decisiones tomadas por
este Juez, hasta el momento.
El culebrón, del que todos empezamos a estar más que hartos,
está pues, en un punto, en el que da para continuar muchos meses, estirando su
argumento y ya veremos cómo se escribe este final, aunque podamos augurar, sin
temor alguno a equivocarnos, que el camino no va a ser fácil, ni tiene visos de
poder llegar a un punto de concordia que nos reconcilie a los unos con los
otros, después de este mal sueño.

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