domingo, 4 de marzo de 2018

La renuncia impuesta



La renuncia de Puigdemont, que ha llegado a regañadientes, cuando se ha visto por activa  y por pasiva, que no había modo alguno de lograr una investidura desde Bruselas, se ha convertido en la bomba informativa del fin de semana, aunque por las palabras que pronunciara en su discurso, se intuye que no será la última vez que insista en su intención de ser coronado como Virrey de  Catalunya, convencido como está de ser una especie de enviado de Dios, con la única misión de cambiar el rumbo de la Historia de su pueblo y del nuestro.
Muchas eran las voces que reclamaban que diera un paso al lado, para facilitar, a la mayor brevedad posible, la restitución de la normalidad en las Instituciones catalanas y muy fundamentalmente, porque una Comunidad, País o Nación, como cada uno prefiera, sin gobierno y regida por la mano de hierro de un PP con afán de vengar la afrenta recibida durante el transcurso del proces, no puede, sino perder cualquier oportunidad de progreso y no está el patio para ir dejando por el camino, aún más de lo que todos hemos perdido, durante los años duros de la crisis.
Lo que ocurre es que a los Partidos independentistas, que ganaron por mayoría las elecciones de Diciembre, por si a alguien no le ha quedado claro, les ha costado sangre, sudor y lágrimas, alcanzar un consenso sobre el nombre del candidato que debía suceder al exiliado, una vez persuadido de la conveniencia de quitarse de en medio y han tardado unos cuantos meses en arbitrar lo que ellos vienen considerando como una decisión  provisional, por lo que finalmente han propuesto a Jordi Sánchez, como sucesor del que fuera en principio, el único aspirante que tenían en mente, los que siguen en su tierra y los que se mudaron a otros países, como todos sabemos.
Así que a pesar de lo mucho que han renegado de la judicialización de la política, los separatistas dejan en manos del Juez LLarena, la posibilidad de que el nuevo candidato pueda ser investido en un Parlament, absolutamente dividido y que atraviesa por momentos inciertos y nos dejan a todos, a la espera de que el Magistrado resuelva este un enigma que muy posiblemente, cambiará a partir de ahora su vida, permitiendo o negando que Sánchez, que se encuentra en prisión preventiva, salga libre para poder asumir las obligaciones que de él esperan, sus compañeros de aventuras independentistas.
Hay, ruido de fondo entre las Formaciones que constituyeron el bloque que nos ha traído hasta dónde nos encontramos en estos momentos y aunque no se quiera confesar, parece que no todos están de acuerdo con el mandato que les llega desde Bruselas, como una apuesta personal del ex President, por lo que el panorama político catalán se encuentra, más que complicado, en una especie de laberinto, del   que por ahora, nadie parece hallar la salida, mientras siguen pasando los meses y los ciudadanos, de uno y otro signo, empiezan a perder una paciencia, que dese luego, no puede ser eterna.
Para el resto de los habitantes peninsulares, este Jordi Sánchez, resulta ser un perfecto desconocido al que sólo pusimos cara cuando empezaron las campañas a favor de la votación del primero de Octubre pasado y que creíamos líder de una especie de movimiento ciudadano que apoyaba sin reservas la  separación del Estado español, pero en cuyo pensamiento no  entraba la posibilidad de  hacer carrera en el mundo de la política y menos aún, la idea de llegar a convertirse en todo un Presidente.
Puede que nuestra ignorancia sobre la sociedad catalana se delate como absolutamente supina, pero en honor a la verdad, el oscurantismo que ha rodeado fuera del territorio catalán, la preparación del proces, quizá no nos haya permitido hacernos una idea precisa del papel que jugaba cada cual, en esta tierra verdaderamente empeñada en ser diferente de las demás, que ha debido estar funcionando, rigiéndose por normas muy peculiares, que escapan al entendimiento de los cánones que conocemos, como normales, las mayorías.
Los secretos, que ahora se revelan como si hubieran sido improvisados sobre la marcha, a partir de la aplicación del artículo 155, parecen sin embargo, minuciosamente preparados con anterioridad y ofrecen a la opinión pública, en general, la impresión de haber vivido engañada, de manera consciente, por quiénes alentaron el sueño de una rebelión imposible, que ha traído estas consecuencias.
Así que el nuevo candidato debía tener un peso de enorme importancia en el mundo del separatismo catalán y hasta puede que haya estado preparándose, en la sombra, durante años, por si llegara su momento.
Otra cosa es que Llarena permita de buen grado su incorporación al puesto al que aspira y que se encuentre dispuesto a retirar los cargos que judicialmente se le atribuyen, concediéndole una libertad que aunque todos deseamos, no parece corresponderse con las decisiones tomadas por este Juez, hasta el momento.
El culebrón, del que todos empezamos a estar más que hartos, está pues, en un punto, en el que da para continuar muchos meses, estirando su argumento y ya veremos cómo se escribe este final, aunque podamos augurar, sin temor alguno a equivocarnos, que el camino no va a ser fácil, ni tiene visos de poder llegar a un punto de concordia que nos reconcilie a los unos con los otros, después de este mal sueño.


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