jueves, 15 de marzo de 2018

Calentando motores



La vergonzosa comparecencia de Mariano Rajoy, ante el Congreso de los Diputados, para  tratar  el tema de las pensiones y su empecinamiento en intentar demostrar que el Gobierno que preside no ha mermado considerablemente el poder adquisitivo de este colectivo, a pesar de habernos  obligado a cofinanciar el gasto farmacéutico e impuesto una subida salarial muy  inferior al IPC, saltándose olímpicamente los acuerdos del Pacto de Toledo,  ha hecho subir el grado de indignación que ya se palpaba en las calles, que venimos  tomando los jubilados, de un tiempo a esta parte, invitándonos  sin querer, a participar masivamente en las manifestaciones que se celebrarán el próximo Sábado, a nivel estatal, e justa reclamación de nuestros  inalienables derechos.
Su estrategia, basada en un discurso plagado de cifras y datos indigeribles, perfectamente estructurados por sus asesores para intentar convencer al personal de que desde Moncloa se hace un esfuerzo inconmensurable por mejorar las condiciones de vida de los mayores, pero que los números  no cuadran, a causa de los estragos que nos ha dejado una crisis, que a la vez se presume resuelta, seguramente pretendía maquillar la crudísima realidad cotidiana que sin embargo, vivimos  en carne propia, una gran mayoría de este colectivo y viene a ser, un atentado contra la inteligencia de quiénes sabiendo a la perfección los medios económicos con los que cuentan, no conseguimos   ver por ninguna parte, esos destellos de luz que según el PP, se derivan de su gestión, ni nos dejamos  engañar por ofrecimientos puntuales que no supondrían más que migajas que no solucionarían en absoluto, la lucha diaria que mantienen los que luchan contra una situación de pobreza.
Recordando, por enésima vez, la herencia recibida de Zapatero, aunque obviando conscientemente que en la hucha de las pensiones había, cuando le relevaron en el poder, más de sesenta mil millones de euros y acusando, como suele ser su costumbre, a otros Partidos de la oposición de populismo, al oír sus propuestas, Mariano Rajoy se limitó a defender las “bondades” del tipo de política que practica, desdeñando con grandes dosis de soberbia, la posibilidad de poder encontrar una solución que garantice una vida digna a los diez millones de pensionistas, en su totalidad, sólo apoyado, con condiciones por cierto, por sus leales socios de Ciudadanos, cuya postura quedó ayer meridianamente clara, para todos los que escuchamos su relato.
Ofrecer, lo que se dice ofrecer, no ofreció nada, pues ni siquiera fue capaz de dejar claro para aquellos a los que brindaba su ayuda, si pensaba otorgarles mensualmente un cheque  que complementara sus emolumentos, de qué cantidad y durante cuánto tiempo, dejando todo ésto, sea lo que fuere en realidad, condicionado a la aprobación de unos presupuestos generales, que por el momento están en el aire, al negarse la mayoría de las Formaciones a que se aprueben en el Parlamento.
 Olvidaba Rajoy, que esta vez se ha dado de bruces con un colectivo profundamente acostumbrado a organizarse para reclamar en la calle sus derechos, pues estos jubilados de hoy, somos, aquellos jóvenes de los años 60 y 70, que solíamos jugarnos la vida en las calles para tratar de abolir la Dictadura que entonces manejaba nuestros destinos y que hemos tenido, en esto de reclamar derechos, una larga trayectoria que nos ha otorgado una cierta preparación a la hora de afrontar los problemas, sean de la clase que fueren, a cara descubierta y sin miedo.
Ese espíritu combativo que ahora, por desgracia, desconocen las nuevas  generaciones, en su mayoría y que nos ha acompañado toda la vida, ofreciéndonos la oportunidad de poder caminar con la cabeza bien alta, por todo aquello que obtuvimos, únicamente a base de esfuerzo, muy lejos de suavizarse con los años, suele radicalizarse ante las causas que consideramos de justicia y nos convierte en perseverantes, valientes y hasta políticamente incorrectos, al no tener ya nada que perder , por lo que queda asegurado que jamás obtendrán de nosotros una rendición, por muchos espejismos que traten de ponernos delante de los ojos, ya viejos.
La vida y el retroceso que nos hemos visto obligados a soportar durante el tiempo que viene durando el gobierno conservador, nos ha hecho del todo descreídos,  aumentando en grado superlativo aquella rebeldía que se nos quedó grabada a fuego en el corazón, en otro tiempo y aunque hemos estado, durante varios años, dormidos y soportando la enorme carga que se  echaba injustamente sobre nuestras espaldas, la hora del despertar, ha llegado  y lo ha hecho, curiosamente, de manera unánime, al mismo tiempo y sin posibilidad de retorno a ese punto en el que nos encontrábamos, mientras la obligación de ayudar a nuestros descendientes, mermaba nuestra capacidad de reacción, ahora renacida, irrenunciablemente.
Así que en este Jueves, quince de Marzo, nos preparamos minuciosamente para dar el gran salto que supondrá la movilización multitudinaria prevista para el próximo sábado y calentamos motores, para responder a las afirmaciones que el Señor Presidente tuvo a bien hacer ayer mismo en el Parlamento, aclarándole, igual que ya lo hicimos las mujeres el pasado día ocho, que no nos sentimos representados por su Gobierno y muy fundamentalmente, que no nos convencen ni nos convencerán, ninguno de los argumentos que pueda esgrimir, mientras no se nos garantice un Sistema de Pensiones que nos permita a todos, los de ahora  y los de mañana, el derecho a vivir con dignidad, a través de unos ingresos generados, como todos sabemos, a través de muchos años de trabajo y esfuerzo.
Puede ir el Señor Rajoy, despidiéndose, como guste, de esos diez millones de votos que consideraba como seguros, en un alarde de probada soberbia e ir acostumbrándose a la idea de que la edad de la inocencia, pasó. Nos ha engañado tantas veces y en tantas cosas, que ya nadie puede ni quiere creer una sola palabra de lo que dice.
Ya veremos si resiste nuestro reto.

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