La vergonzosa comparecencia de Mariano Rajoy, ante el
Congreso de los Diputados, para tratar el tema de las pensiones y su empecinamiento
en intentar demostrar que el Gobierno que preside no ha mermado
considerablemente el poder adquisitivo de este colectivo, a pesar de habernos obligado a cofinanciar el gasto farmacéutico e
impuesto una subida salarial muy
inferior al IPC, saltándose olímpicamente los acuerdos del Pacto de
Toledo, ha hecho subir el grado de
indignación que ya se palpaba en las calles, que venimos tomando los jubilados, de un tiempo a esta
parte, invitándonos sin querer, a
participar masivamente en las manifestaciones que se celebrarán el próximo Sábado,
a nivel estatal, e justa reclamación de nuestros inalienables derechos.
Su estrategia, basada en un discurso plagado de cifras y
datos indigeribles, perfectamente estructurados por sus asesores para intentar
convencer al personal de que desde Moncloa se hace un esfuerzo inconmensurable por
mejorar las condiciones de vida de los mayores, pero que los números no cuadran, a causa de los estragos que nos ha
dejado una crisis, que a la vez se presume resuelta, seguramente pretendía
maquillar la crudísima realidad cotidiana que sin embargo, vivimos en carne propia, una gran mayoría de este
colectivo y viene a ser, un atentado contra la inteligencia de quiénes sabiendo
a la perfección los medios económicos con los que cuentan, no conseguimos ver por ninguna parte, esos destellos de luz
que según el PP, se derivan de su gestión, ni nos dejamos engañar por ofrecimientos puntuales que no
supondrían más que migajas que no solucionarían en absoluto, la lucha diaria
que mantienen los que luchan contra una situación de pobreza.
Recordando, por enésima vez, la herencia recibida de
Zapatero, aunque obviando conscientemente que en la hucha de las pensiones había,
cuando le relevaron en el poder, más de sesenta mil millones de euros y
acusando, como suele ser su costumbre, a otros Partidos de la oposición de
populismo, al oír sus propuestas, Mariano Rajoy se limitó a defender las “bondades”
del tipo de política que practica, desdeñando con grandes dosis de soberbia, la
posibilidad de poder encontrar una solución que garantice una vida digna a los
diez millones de pensionistas, en su totalidad, sólo apoyado, con condiciones
por cierto, por sus leales socios de Ciudadanos, cuya postura quedó ayer
meridianamente clara, para todos los que escuchamos su relato.
Ofrecer, lo que se dice ofrecer, no ofreció nada, pues ni
siquiera fue capaz de dejar claro para aquellos a los que brindaba su ayuda, si
pensaba otorgarles mensualmente un cheque
que complementara sus emolumentos, de qué cantidad y durante cuánto
tiempo, dejando todo ésto, sea lo que fuere en realidad, condicionado a la
aprobación de unos presupuestos generales, que por el momento están en el aire,
al negarse la mayoría de las Formaciones a que se aprueben en el Parlamento.
Olvidaba Rajoy, que
esta vez se ha dado de bruces con un colectivo profundamente acostumbrado a
organizarse para reclamar en la calle sus derechos, pues estos jubilados de hoy,
somos, aquellos jóvenes de los años 60 y 70, que solíamos jugarnos la vida en
las calles para tratar de abolir la Dictadura que entonces manejaba nuestros
destinos y que hemos tenido, en esto de reclamar derechos, una larga
trayectoria que nos ha otorgado una cierta preparación a la hora de afrontar
los problemas, sean de la clase que fueren, a cara descubierta y sin miedo.
Ese espíritu combativo que ahora, por desgracia, desconocen
las nuevas generaciones, en su mayoría y
que nos ha acompañado toda la vida, ofreciéndonos la oportunidad de poder
caminar con la cabeza bien alta, por todo aquello que obtuvimos, únicamente a
base de esfuerzo, muy lejos de suavizarse con los años, suele radicalizarse
ante las causas que consideramos de justicia y nos convierte en perseverantes,
valientes y hasta políticamente incorrectos, al no tener ya nada que perder ,
por lo que queda asegurado que jamás obtendrán de nosotros una rendición, por
muchos espejismos que traten de ponernos delante de los ojos, ya viejos.
La vida y el retroceso que nos hemos visto obligados a
soportar durante el tiempo que viene durando el gobierno conservador, nos ha
hecho del todo descreídos, aumentando en
grado superlativo aquella rebeldía que se nos quedó grabada a fuego en el
corazón, en otro tiempo y aunque hemos estado, durante varios años, dormidos y
soportando la enorme carga que se echaba
injustamente sobre nuestras espaldas, la hora del despertar, ha llegado y lo ha hecho, curiosamente, de manera
unánime, al mismo tiempo y sin posibilidad de retorno a ese punto en el que nos
encontrábamos, mientras la obligación de ayudar a nuestros descendientes, mermaba
nuestra capacidad de reacción, ahora renacida, irrenunciablemente.
Así que en este Jueves, quince de Marzo, nos preparamos
minuciosamente para dar el gran salto que supondrá la movilización
multitudinaria prevista para el próximo sábado y calentamos motores, para
responder a las afirmaciones que el Señor Presidente tuvo a bien hacer ayer
mismo en el Parlamento, aclarándole, igual que ya lo hicimos las mujeres el
pasado día ocho, que no nos sentimos representados por su Gobierno y muy fundamentalmente,
que no nos convencen ni nos convencerán, ninguno de los argumentos que pueda
esgrimir, mientras no se nos garantice un Sistema de Pensiones que nos permita
a todos, los de ahora y los de mañana, el
derecho a vivir con dignidad, a través de unos ingresos generados, como todos
sabemos, a través de muchos años de trabajo y esfuerzo.
Puede ir el Señor Rajoy, despidiéndose, como guste, de esos
diez millones de votos que consideraba como seguros, en un alarde de probada
soberbia e ir acostumbrándose a la idea de que la edad de la inocencia, pasó.
Nos ha engañado tantas veces y en tantas cosas, que ya nadie puede ni quiere
creer una sola palabra de lo que dice.
Ya veremos si resiste nuestro reto.

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