miércoles, 21 de marzo de 2018

La ignorancia supina



La comparecencia de la Presidenta de la Comunidad de Madrid, Cristina Cifuentes, ante la Comisión del Congreso, que comenzó ayer por la mañana, en un ambiente de crispación potenciado por la declarante, que exponía ante los medios no entender por qué razón se encontraba allí, derivó, en cuanto empezaron las preguntas comprometidas, por parte de los representantes de los Partidos de la oposición, por unos derroteros que desgraciadamente se han convertido en una práctica habitual, para todos aquellos que de una manera o de otra se ven de pronto salpicados por alguno de los innumerables casos de corrupción, que habilitaron fondos  destinados a la financiación ilegal de Campañas electorales o simplemente, el enriquecimiento personal de algunos personajes muy conocidos.
Como anteriormente ocurriera con la infanta Cristina, Ignacio González, Granados, en sus primeros tiempos y otros muchos nombres que no viene al caso enumerar, Cifuentes optó desde el principio por alegar una ignorancia supina en cualquier circunstancia que pudiera perjudicarla personalmente, a pesar de  que por los cargos que ha venido ocupando en el PP, todas las cuestiones que se relataban fueron en algún momento de su competencia y fueron las suyas, una serie interminable de respuestas anodinas que pusieron letra a una música perfectamente compuesta para tal fin, sin que a pesar de la insistencia de los representantes parlamentarios, se consiguiera poner en claro absolutamente nada, porque evidentemente, nunca hubo voluntad de hacerlo.
Acorralada, como otros muchos de sus compañeros de Partido, por la turbidez de algunos asuntos que han venido produciéndose en su entorno más cercano e interpelada continuamente, primero por el representante del PSOE y después, por un Iñigo Errejón, como siempre brillante en su entonación y  en su interrogatorio, su intervención alcanzó el punto álgido precisamente cuando llegó el turno de Toni Cantó, que siguiendo la nueva estrategia de Ciudadanos, fustigó sin piedad a la Presidenta, sin lograr nada más que una cierta elevación en el tono de sus manidas respuestas.
Declarándose, como ya lo hiciera Aguirre en su día, absolutamente intolerante con los asuntos de corrupción, trató de bandear como pudo todas y cada una de las insinuaciones que sobre ella vertieron los parlamentarios, llegando a negar su probada relación con ciertos personajes que se fueron nombrando a lo largo de la mañana y que se encuentran inmersos en diversas causas judiciales, aún abiertas.
Procurando en todo momento conservar una actitud casi festiva, como si el hecho de estar allí le provocara un cierto punto de hilaridad, que a nadie le pareció consecuente, Cifuentes aguantó el temporal que se le está viniendo encima irremediablemente, procurando restar peso a los poderosos argumentos esgrimidos por la oposición al completo y declarándose, perdonen la expresión, abiertamente cretina, al aducir no saber absolutamente nada de cuanto sucedía a su alrededor, como si no fuera obligación de quién ocupa un cargo de importancia, estar perfectamente informado de las acciones que llevan a cabo sus subordinados, en todo momento.
Evidentemente, no convenció y las declaraciones posteriores de todos los participantes en la Comisión, así lo demuestran, pues parlamentarios y ciudadanos en general, empezamos a estar más que hartos de que los dirigentes políticos del PP, parezcan en su totalidad, sordos y ciegos  y sinceramente, no se entiende que un Partido en el que todo el mundo hace dejación flagrante de sus funciones, haya podido funcionar durante tanto tiempo, pues la ignorancia reiteradamente expuesta por sus dirigentes, de ser cierta,  debería haber dado lugar a un estrepitoso fracaso, irremediablemente.
Al no haber jurado tener que decir verdad, nunca sabremos hasta qué punto nos mintió ayer Cifuentes, pero en una maniobre macabra del destino, los medios han lanzado hoy  la noticia de que la Señora Presidenta obtuvo un Master sin haberse presentado a dos asignaturas, que aun así fueron calificadas con Notable, proporcionándole el Título pertinente.
Si esto es cierto, puede que sus días malos no hayan hecho más que empezar y que como ocurriera a Al Capone, al final sea un asunto relativamente pequeño, el que le cueste el puesto.

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