La comparecencia de la Presidenta de la Comunidad de Madrid,
Cristina Cifuentes, ante la Comisión del Congreso, que comenzó ayer por la
mañana, en un ambiente de crispación potenciado por la declarante, que exponía
ante los medios no entender por qué razón se encontraba allí, derivó, en cuanto
empezaron las preguntas comprometidas, por parte de los representantes de los
Partidos de la oposición, por unos derroteros que desgraciadamente se han
convertido en una práctica habitual, para todos aquellos que de una manera o de
otra se ven de pronto salpicados por alguno de los innumerables casos de
corrupción, que habilitaron fondos destinados a la financiación ilegal de
Campañas electorales o simplemente, el enriquecimiento personal de algunos
personajes muy conocidos.
Como anteriormente ocurriera con la infanta Cristina, Ignacio
González, Granados, en sus primeros tiempos y otros muchos nombres que no viene
al caso enumerar, Cifuentes optó desde el principio por alegar una ignorancia
supina en cualquier circunstancia que pudiera perjudicarla personalmente, a pesar
de que por los cargos que ha venido
ocupando en el PP, todas las cuestiones que se relataban fueron en algún
momento de su competencia y fueron las suyas, una serie interminable de
respuestas anodinas que pusieron letra a una música perfectamente compuesta
para tal fin, sin que a pesar de la insistencia de los representantes
parlamentarios, se consiguiera poner en claro absolutamente nada, porque
evidentemente, nunca hubo voluntad de hacerlo.
Acorralada, como otros muchos de sus compañeros de Partido,
por la turbidez de algunos asuntos que han venido produciéndose en su entorno
más cercano e interpelada continuamente, primero por el representante del PSOE
y después, por un Iñigo Errejón, como siempre brillante en su entonación y en su interrogatorio, su intervención alcanzó
el punto álgido precisamente cuando llegó el turno de Toni Cantó, que siguiendo
la nueva estrategia de Ciudadanos, fustigó sin piedad a la Presidenta, sin
lograr nada más que una cierta elevación en el tono de sus manidas respuestas.
Declarándose, como ya lo hiciera Aguirre en su día, absolutamente
intolerante con los asuntos de corrupción, trató de bandear como pudo todas y
cada una de las insinuaciones que sobre ella vertieron los parlamentarios,
llegando a negar su probada relación con ciertos personajes que se fueron nombrando
a lo largo de la mañana y que se encuentran inmersos en diversas causas
judiciales, aún abiertas.
Procurando en todo momento conservar una actitud casi
festiva, como si el hecho de estar allí le provocara un cierto punto de
hilaridad, que a nadie le pareció consecuente, Cifuentes aguantó el temporal
que se le está viniendo encima irremediablemente, procurando restar peso a los
poderosos argumentos esgrimidos por la oposición al completo y declarándose,
perdonen la expresión, abiertamente cretina, al aducir no saber absolutamente
nada de cuanto sucedía a su alrededor, como si no fuera obligación de quién
ocupa un cargo de importancia, estar perfectamente informado de las acciones
que llevan a cabo sus subordinados, en todo momento.
Evidentemente, no convenció y las declaraciones posteriores
de todos los participantes en la Comisión, así lo demuestran, pues
parlamentarios y ciudadanos en general, empezamos a estar más que hartos de que
los dirigentes políticos del PP, parezcan en su totalidad, sordos y ciegos y sinceramente, no se entiende que un Partido
en el que todo el mundo hace dejación flagrante de sus funciones, haya podido
funcionar durante tanto tiempo, pues la ignorancia reiteradamente expuesta por
sus dirigentes, de ser cierta, debería
haber dado lugar a un estrepitoso fracaso, irremediablemente.
Al no haber jurado tener que decir verdad, nunca sabremos
hasta qué punto nos mintió ayer Cifuentes, pero en una maniobre macabra del
destino, los medios han lanzado hoy la
noticia de que la Señora Presidenta obtuvo un Master sin haberse presentado a
dos asignaturas, que aun así fueron calificadas con Notable, proporcionándole
el Título pertinente.
Si esto es cierto, puede que sus días malos no hayan hecho
más que empezar y que como ocurriera a Al Capone, al final sea un asunto relativamente
pequeño, el que le cueste el puesto.

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