Las declaraciones del Gobernador del Banco de España, Luís
María Linde, sobre las concentraciones que están llevando a cabo los
pensionistas de todo el país, en justa reclamación de una subida de salarios
que les permita vivir con cierta dignidad, han levantado ampollas en todos los
estamentos de nuestra sociedad y demuestran una falta de sensibilidad, para con
los más débiles, propia de quién teniendo asegurado el resto de su existencia,
no siente ningún tipo de empatía con aquellos que jamás tuvieron la suerte de
ocupar un cargo similar al suyo, que por cierto, pagamos todos los ciudadanos.
Dice este individuo, con una buena dosis de soberbia, que la
mayoría de los jubilados españoles habrían de conformarse con la pensión que
cobran en la actualidad, porque al ser, casi todos ellos, propietarios de
alguna vivienda, se ven exentos de tener que pagar un alquiler y hasta sugiere
veladamente que podrían ponerlas a la venta, como una forma de complementar las
bochornosas cantidades que reciben todos los meses, dando a entender que quién
no lo hace, es definitivamente, es porque no quiere.
Que la máxima autoridad bancaria de la nación, reproche a los
españoles el haber adquirido una casa, cuando la banca ha sido directamente la
culpable del estallido de la burbuja inmobiliaria que nos ha llevado a la peor
crisis de nuestra historia reciente, no parece precisamente conveniente y menos
aún, cuando una buena parte de la hucha de las pensiones, ha sido utilizada
para el rescate de una buena serie de Entidades pertenecientes a su sector y
que fracasaron por la espantosa gestión de la Gobernación de la Banca española,
que no supo o no quiso prever las terribles consecuencias que traería, lo que
en el sector inmobiliario estaba ocurriendo.
Si el señor Linde, perseguía con sus afirmaciones que
nuestros ancianos abandonaran la lucha que están manteniendo en las calles,
para transitar sumisamente por el redil marcado por el Gobierno, ha dado en hueso,
pues al grado de indignación que ya demostraba este colectivo, habría que
añadir ahora, además, la corriente de cólera que ha levantado la desastrosa intervención
de este individuo sin corazón, que no puede o no quiere entender, desde su
posición de privilegio, que los ciudadanos, independientemente de su edad o
condición, están en su derecho a expresar libremente su opinión y a reclamar
legalmente aquello que les corresponde, de la manera que consideren oportuno,
por supuesto, sin utilizar la violencia.
Incidir en la herida abierta que ha conseguido sacar a la
calle a cientos de miles de pensionistas, descontentos con la subida del 0,25%
que les ofrece el Gobierno y proponer una solución absurda para contrarrestar la
dejación que demuestra Rajoy con este sector, desde que decidiera abandonar el
Pacto de Toledo, no ha hecho otra cosa
que empeorar el ambiente enrarecido que se respira entre los pensionistas, que
inmediatamente han convertido a Linde, en uno más de sus enemigos.
Apuntan muchos de ellos, no sin razón, que si se rebajaran
los altísimos sueldos que reciben los altos cargos de las Instituciones del Estado
y entre ellos, este Gobernador lenguaraz e insolidario, la escasez de fondos
que pone Rajoy como argumento para no subir las pensiones, sería menos y que
esa hucha, ahora vacía, que Zapatero le dejó con sesenta mil millones, como
parte de su famosa herencia, no habría llegado nunca a agotarse, asegurando un
sistema que hasta entonces había funcionado a la perfección y que se torció, a
causa de la mala gestión que ha llevado a cabo el PP, desde que llegara al
poder y hasta la fecha.
De manera que si el señor Linde intentaba echar un cable a
los conservadores, con esta intervención que se hizo viral, al minuto de
producirse, ha de saber que ha logrado precisamente, el efecto contrario y que tras
su aparición ante los medios, el número de pensionistas que están saliendo a
protestar a las calles, ha crecido considerablemente.
Esta marea, que parece imparable, al final, conseguirá su
objetivo, pese a quien pese, pues los casi diez millones de votos que representan
son en definitiva, indispensables, si se quiere ganar el poder y el que no lo
entienda, demuestra simplemente ser un inútil, para la práctica del arte de la
política.

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