Ya ven que a Mariano Rajoy no le haya quedado otro remedio
que reaccionar ante las multitudinarias manifestaciones de pensionistas que
están teniendo lugar en todos los rincones del país, pues habría sido poco talentoso por su parte,
aplicar su reiterada estrategia de esperar a que el tiempo pudiera solucionar
también este problema y sobre todo, porque no debe ser agradable ver cómo se te
escapan entre los dedos unos cuantos millones de votos, que creías asegurados
para siempre y que desaparecen como consecuencia de la ridícula subida
anunciada a bombo y platillo, a través de unas cartas, que han sido
mayoritariamente quemadas, ante los medios de comunicación, por cientos de
miles de jubilados, como muestra de la gran indignación que en ellos ha
provocado, el hecho de que se haya dudado tan burdamente de su inteligencia.
Así que azuzado por la
oposición, casi al completo y principalmente, por la imagen que pueden ofrecer
al mundo, los millones de pensionistas que han salido a la calle, en justa
reclamación de sus derechos, a Rajoy se le han torcido los planes que había
previsto en relación con este sector y se ha visto obligado a pergeñar, con
carácter de urgencia, un plan alternativo que a su modo de ver, podría
apaciguar los malos vientos que corren en el momento actual, contra su persona,
aunque sin plantearse siquiera la posibilidad de ceder a las propuestas que se
le hacen desde este colectivo de luchadores, que se ha puesto el mundo por
montera y que no piensa retroceder, por considerar que la razón les acompaña,
por muchos años que tengan.
No hay que pensar
demasiado para comprender rápidamente que la maniobra que tiene en mente el
señor Presidente del Gobierno trata de quebrar la unidad que ha venido
caracterizando, hasta ahora, al colectivo de nuestros mayores y que la forma
más eficaz de hacerlo, es la de prometer a una parte de ellos, ciertos
beneficios fiscales que paliarían, en cierta medida, su situación de extrema
pobreza, generando así una positiva felicidad en aquellos y aquellas que puedan
beneficiarse de las medidas propuestas, a ver si de este modo abandonan la lucha
y se olvidan de otras demandas verdaderamente importantes, como la del blindaje
constitucional que garantice, para todos, pensiones que les permitan vivir con
dignidad, ahora y en el futuro que viene.
Dicha táctica, que intenta jugar con los sentimientos
personales de los sectores más
vulnerables del colectivo de los jubilados, como son los perceptores de las pensiones más bajas y
las viudas y que cuestiona gravísimamente su talento para comprender el cebo
que se les lanza, puede sin embargo ofrecer, una idea meridianamente clara de
cuál es la naturaleza de las intenciones de este Gobierno y de cuánto en
realidad, teme a la férrea unidad que caracteriza al movimiento de los
pensionistas y que no debiera romperse, si de verdad se quieren alcanzar los
objetivos marcados cuando se comenzaron las movilizaciones y que son, en sí
mismos, justos y factibles de ser llevados a buen término.
El insultante descaro de los responsables políticos del
Partido Popular, al ofrecer, como un regalo envenenado, estas medidas,
condicionándolas sin pudor, a la aprobación de los presupuestos, pone en
evidencia la necesidad perentoria que
tiene de solucionar cuánto antes este problema, con el que no contaba y que
puede convertirse en el verdadero motor que arbitre una pérdida segura del
poder, en unas elecciones que se presumen anticipadas, si como parece, Rivera
le retira el impagable apoyo que le ha venido prestando, en esta última
legislatura.
Todo da a entender que si continúa subiendo el tono de las protestas y los pensionistas
mantienen el nivel de participación que han venido alcanzando en las últimas
convocatorias, no quedará para los conservadores otro remedio que ceder y que
si finalmente sus reivindicaciones son aceptadas, se abriría un camino muy
importante para otros colectivos igualmente numerosos, que probablemente no
dudarían un momento en imitar su ejemplo.
Agobiado aún por el problema catalán
y estrechamente cercado por los innumerables casos de corrupción que señalan
directamente a multitud de altos cargos de su partido, el momento que atraviesa
Mariano Rajoy podría calificarse como el peor de cuántos ha vivido desde que se
hiciera cargo del Gobierno y esta
indignación de colectivos tradicionalmente tranquilos, como los de los
pensionistas y las mujeres, que sin lugar a dudas han sido los más castigados
por los efectos de las políticas de recortes aplicadas sin compasión, desde su
llegada a Moncloa, podrían terminar con la hegemonía ultra conservadora que ha marcado los últimos
años de la política española y que tan mal recuerdo ha dejado en el corazón de
la ciudadanía.
Contemplar una dimisión, es
impensable, pues ya sabemos que en esta tierra nuestra nada se hace si no es de
manera forzada, por el transcurso de los acontecimientos, pero ahora que Rivera
está crecido, tras su triunfo en los comicios catalanes y que las encuestas le
pronostican resultados, hasta hace unos meses inimaginables, el mundo creado
por Mariano Rajoy, bajo los dictados de Bruselas, empieza a tambalearse ostensiblemente,
por mucho que desde su Partido se trate de ofrecer una visión distorsionada de
la realidad del país y ellos mismos, empiezan a ser plenamente conscientes de
ello.
Porque lo que se dice resolver, en el
ámbito que interesa a la ciudadanía, no se ha resuelto absolutamente nada y esa
jactancia, con la que los miembros de este Gobierno suelen dirigirse a
nosotros, no sólo empieza a cansar indefectiblemente, sino que además, las
condiciones de supervivencia que nos vemos obligados a soportar, hacen
inaplazablemente necesario que se escuche el clamor popular que reclama un
cambio en la manera de gobernar, que está claro, no puede ser protagonizado, en
modo alguno, por este Presidente.
Tratar de dividir a los pensionistas
con cantos de sirenas que palien momentáneamente y sin garantías, la espantosa
situación de unos pocos, quizá sea la última oportunidad desaprovechada que le
quede a Rajoy, antes de ser derribado, no ya por sus adversarios políticos,
sino por la contundencia de los argumentos.
La vileza de tratar de aprovechar la
vulnerabilidad de los más necesitados, a su favor y la demostración de soberbia
que hace, cada vez que dirige a los ciudadanos el mismo discurso patético y
aparentemente orgulloso de haber convertido al país en un lugar dónde las desigualdades
se han visto multiplicadas por mil, mientras que ha durado su mandato, tiene
que ser ineludiblemente, castigada, pues los tiempos en que pobreza e
ignorancia caminaban unidas, afortunadamente, pasaron y habría que ser
verdaderamente ingenuos, para creer en las promesas de quien nos ha traído
hasta el punto en el que nos encontramos, colocándonos en una tesitura
imposible de soportar, que sólo podrá ser cambiada con unidad y resistencia.

No hay comentarios:
Publicar un comentario