martes, 20 de marzo de 2018

Divide y vencerás



Ya ven que a Mariano Rajoy no le haya quedado otro remedio que reaccionar ante las multitudinarias manifestaciones de pensionistas que están teniendo lugar en todos los rincones del país, pues  habría sido poco talentoso por su parte, aplicar su reiterada estrategia de esperar a que el tiempo pudiera solucionar también este problema y sobre todo, porque no debe ser agradable ver cómo se te escapan entre los dedos unos cuantos millones de votos, que creías asegurados para siempre y que desaparecen como consecuencia de la ridícula subida anunciada a bombo y platillo, a través de unas cartas, que han sido mayoritariamente quemadas, ante los medios de comunicación, por cientos de miles de jubilados, como muestra de la gran indignación que en ellos ha provocado, el hecho de que se haya dudado tan burdamente de su inteligencia.
 Así que azuzado por la oposición, casi al completo y principalmente, por la imagen que pueden ofrecer al mundo, los millones de pensionistas que han salido a la calle, en justa reclamación de sus derechos, a Rajoy se le han torcido los planes que había previsto en relación con este sector y se ha visto obligado a pergeñar, con carácter de urgencia, un plan alternativo que a su modo de ver, podría apaciguar los malos vientos que corren en el momento actual, contra su persona, aunque sin plantearse siquiera la posibilidad de ceder a las propuestas que se le hacen desde este colectivo de luchadores, que se ha puesto el mundo por montera y que no piensa retroceder, por considerar que la razón les acompaña, por muchos años que tengan.
 No hay que pensar demasiado para comprender rápidamente que la maniobra que tiene en mente el señor Presidente del Gobierno trata de quebrar la unidad que ha venido caracterizando, hasta ahora, al colectivo de nuestros mayores y que la forma más eficaz de hacerlo, es la de prometer a una parte de ellos, ciertos beneficios fiscales que paliarían, en cierta medida, su situación de extrema pobreza, generando así una positiva felicidad en aquellos y aquellas que puedan beneficiarse de las medidas propuestas, a ver si de este modo abandonan la lucha y se olvidan de otras demandas verdaderamente importantes, como la del blindaje constitucional que garantice, para todos, pensiones que les permitan vivir con dignidad, ahora y en el futuro que viene.
Dicha táctica, que intenta jugar con los sentimientos personales de  los sectores más vulnerables del colectivo de los jubilados, como son  los perceptores de las pensiones más bajas y las viudas y que cuestiona gravísimamente su talento para comprender el cebo que se les lanza, puede sin embargo ofrecer, una idea meridianamente clara de cuál es la naturaleza de las intenciones de este Gobierno y de cuánto en realidad, teme a la férrea unidad que caracteriza al movimiento de los pensionistas y que no debiera romperse, si de verdad se quieren alcanzar los objetivos marcados cuando se comenzaron las movilizaciones y que son, en sí mismos, justos y factibles de ser llevados a buen término.
El insultante descaro de los responsables políticos del Partido Popular, al ofrecer, como un regalo envenenado, estas medidas, condicionándolas sin pudor, a la aprobación de los presupuestos, pone en evidencia la  necesidad perentoria que tiene de solucionar cuánto antes este problema, con el que no contaba y que puede convertirse en el verdadero motor que arbitre una pérdida segura del poder, en unas elecciones que se presumen anticipadas, si como parece, Rivera le retira el impagable apoyo que le ha venido prestando, en esta última legislatura.
Todo da a entender que si continúa subiendo  el tono de las protestas y los pensionistas mantienen el nivel de participación que han venido alcanzando en las últimas convocatorias, no quedará para los conservadores otro remedio que ceder y que si finalmente sus reivindicaciones son aceptadas, se abriría un camino muy importante para otros colectivos igualmente numerosos, que probablemente no dudarían un momento en imitar su ejemplo.
Agobiado aún por el problema catalán y estrechamente cercado por los innumerables casos de corrupción que señalan directamente a multitud de altos cargos de su partido, el momento que atraviesa Mariano Rajoy podría calificarse como el peor de cuántos ha vivido desde que se hiciera cargo  del Gobierno y esta indignación de colectivos tradicionalmente tranquilos, como los de los pensionistas y las mujeres, que sin lugar a dudas han sido los más castigados por los efectos de las políticas de recortes aplicadas sin compasión, desde su llegada a Moncloa, podrían terminar con la hegemonía  ultra conservadora que ha marcado los últimos años de la política española y que tan mal recuerdo ha dejado en el corazón de la ciudadanía.
Contemplar una dimisión, es impensable, pues ya sabemos que en esta tierra nuestra nada se hace si no es de manera forzada, por el transcurso de los acontecimientos, pero ahora que Rivera está crecido, tras su triunfo en los comicios catalanes y que las encuestas le pronostican resultados, hasta hace unos meses inimaginables, el mundo creado por Mariano Rajoy, bajo los dictados de Bruselas, empieza a tambalearse ostensiblemente, por mucho que desde su Partido se trate de ofrecer una visión distorsionada de la realidad del país y ellos mismos, empiezan a ser plenamente conscientes de ello.
Porque lo que se dice resolver, en el ámbito que interesa a la ciudadanía, no se ha resuelto absolutamente nada y esa jactancia, con la que los miembros de este Gobierno suelen dirigirse a nosotros, no sólo empieza a cansar indefectiblemente, sino que además, las condiciones de supervivencia que nos vemos obligados a soportar, hacen inaplazablemente necesario que se escuche el clamor popular que reclama un cambio en la manera de gobernar, que está claro, no puede ser protagonizado, en modo alguno, por este Presidente.
Tratar de dividir a los pensionistas con cantos de sirenas que palien momentáneamente y sin garantías, la espantosa situación de unos pocos, quizá sea la última oportunidad desaprovechada que le quede a Rajoy, antes de ser derribado, no ya por sus adversarios políticos, sino por la contundencia de los argumentos.
La vileza de tratar de aprovechar la vulnerabilidad de los más necesitados, a su favor y la demostración de soberbia que hace, cada vez que dirige a los ciudadanos el mismo discurso patético y aparentemente orgulloso de haber convertido al país en un lugar dónde las desigualdades se han visto multiplicadas por mil, mientras que ha durado su mandato, tiene que ser ineludiblemente, castigada, pues los tiempos en que pobreza e ignorancia caminaban unidas, afortunadamente, pasaron y habría que ser verdaderamente ingenuos, para creer en las promesas de quien nos ha traído hasta el punto en el que nos encontramos, colocándonos en una tesitura imposible de soportar, que sólo podrá ser cambiada con unidad y resistencia.


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